Con unas ganancias totales de 1.454 millones de euros durante 2007, España se convierte en el cuarto consumidor europeo de videojuegos, pero está lejos de aportar a que florezca la industria desde nuestro país. Esto se achaca a la falta de medidas legales que impulsen las producciones nacionales. En países como Inglaterra y Francia se han dado cuenta de que es una apuesta segura y han creado paquetes de medidas legales para que sea más fácil y económico desarrollar videojuegos nacionales. Aunque el mercado del software de ocio digital haya rebasado con creces al de la música y al cine (que han generado 284 y 644 millones de euros, respectivamente) carecen aún de apoyo por parte del Estado en esta materia. «Seguimos sin contar con el apoyo de las autoridades para desarrollar una industria en España», sentencia Alberto González Lorca, presidente de ADESE (Asociación Española de Empresas de Software de Entretenimiento).
El hecho de que el mercado alcanzase los 1.457 millones de euros, según el informe anual de ADESE, no es lo suficientemente sugestivo como para que se emprendan acciones de apoyo hacia este sector, ya maduro y rentable a nivel mundial, dentro de nuestras fronteras. «Estamos perdiendo el tren de las nuevas consolas», asegura González Lorca. «Los desarrollos nacionales representan solamente el 1% de las ventas de videojuegos. El objetivo aceptable sería que llegasen a representar el 10%», añade.
No podemos olvidar el éxito mundial de algunas sagas de videojuegos españolas, que rebosan creatividad: Blade, the edge of darkness, Imperium, Sacred (cuya secuela está en fase avanzada de desarrollo) y, por supuesto, Commandos, la saga más larga y que más transformaciones y éxito ha experimentado.


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