Elegante y robusta, no hay tacha posible en cuanto a acabado. Se resiente el apartado del peso, que con unos 250 g se hace notar. La óptica es versátil, con 25 – 500 mm de distancia focal equivalente. Un buen rango, que, además, se complementa con el zoom digital, hasta más de 200x.
El estabilizador es bueno, lo cual permite que los modos zoom largos sean realmente utilizables. Los modos fotográficos automáticos en esta cámara responden bien. iAuto e iAuto+ permiten olvidarte de todo y dejar que la cámara haga la foto por ti. El modo HDR también es útil para exposiciones complicadas con latitudes amplias, y el panorámico sigue siendo uno de los mejores del mercado.

La interfaz de usuario nos permite acceder a los modos creativos de la cámara sin dificultad
La calidad de las fotos obtenidas es buena en general, siempre que no uses ISO muy altas. El procesador de imagen de la cámara es eficaz, pero agresivo con los detalles. Y si bien una imagen con ISO alta se verá bien en la pantalla, habrá perdido bastante detalle fino si pretendes ampliarla. De todos modos, es un efecto colateral asociado al tamaño del sensor.
Aun así, Sony supera la barrera de los 18 Mpx para un tamaño de 1/2,3’’. Todo un logro. No lo hace mal, pero si buscas la máxima calidad en las tomas deberás ir a por una cámara más centrada en la calidad que en la versatilidad, que contemple el modo RAW, por ejemplo.