Guía de compras PC: Portátil, All-in-one o sobremesa

Cuando los ordenadores aparecieron en escena, las máquinas podían tener el mismo tamaño que un frigorífico. Sin embargo, con el paso del tiempo, los componentes del PC se han reducido y la construcción de los ordenadores se ha optimizado, teniendo toda una colección de diferentes tipos de ordenadores. Ahora bien, si has de comprar uno, ¿cuál de ellos es el más recomendable?

El portátil

El ordenador portátil siempre ha sido un clásico. A principio de los años 90, los portátiles con pantalla en blanco y negro ya estaba presentes en el mercado. Eran una gran opción para todos aquellos profesionales que no podían viajar con su ordenador. Al ir pasando los años, los ordenadores portátiles se han convertido en el tipo de ordenador más vendido. Lo que los hace especialmente destacables es su portabilidad. No para viajar, que también, sino por el hecho de que podemos moverlos en la casa. Podemos tenerlo en el despacho, en el salón o en la cocina. Si son varios los usuarios de casa que van a utilizar el mismo ordenador, es la mejor opción, pues pueden moverlo de habitación a habitación, sin que sean las personas las que tengan que estar cambiando de lugar para poder usar el ordenador.

Por otro lado, para los trabajadores que necesitan un ordenador que utilizar en casa, pero que también lo necesitan llevar al lugar de trabajo, no es que sea el ordenador ideal, es que es el único ordenador que se pueden permitir.

Hoy en día, el ordenador portátil es el ordenador más polivalente que hay. Y es una de las mejores opciones si no buscamos nada muy específico. El mayor problema del portátil es el tamaño de pantalla, que suele ser reducido, y el hecho de que tiene limitaciones por ser tan pequeño, como que la refrigeración es más compleja, y por tanto, los componentes no pueden ser tan potentes.

El sobremesa

Pero todavía hay un ordenador más clásico, el sobremesa. En realidad, su nombre no tiene mucho sentido. Se llama sobremesa al ordenador cuyos componentes de hardware se encuentran, en su mayoría, en una caja aparte que va separada de los dispositivos de entrada y salida como el teclado, el mouse, la pantalla o los altavoces. Se le llama sobremesa, porque la mayoría de estos ordenadores eran cajas horizontales que se ponían en la mesa, justo debajo del monitor. Hoy en día, la mayoría de los sobremesa son cajas que se ponen en el suelo, pero el nombre sigue siendo el mismo.

Estos ordenadores son los más potentes que hay. Sufren menos problemas de refrigeración, pues los componentes no están aglomerados en un núcleo. Además, son ordenadores expansibles, pues podemos agregar nuevas unidades de memoria, de dispositivos inalámbricos, de lectura de discos, etc. Son la mejor opción para los que buscan un ordenador muy potente. Por ejemplo, muchos están pensados para los que quieren jugar con el ordenador, o bien para los que quieren utilizarlo para edición gráfica o edición de vídeo a alto nivel. Su mayor problema es la portabilidad, así como el hecho de que no cuentan con su propia pantalla, sino que requieren de una pantalla adicional. Son más pesados, es más difícil transportarlos, y requieren de hardware adicional, como altavoces o pantalla.

El All-in-one

El que los componentes de los ordenadores pudieran reducirse al máximo, ha llevado a que naciera el All-in-one, un ordenador que lo tiene todo en un solo bloque. Básicamente, enchufamos el ordenador a la red eléctrica, y con un teclado y un mouse, ya tenemos un ordenador completo. Y es que, tanto la CPU como la memoria y la pantalla están en un mismo núcleo. Lo mejor de estos ordenadores es que son compactos, a la vez que suelen contar con pantallas más grandes que las de un portátil. Son menos ruidosos que los ordenadores de sobremesa, e incluso que algunos portátiles. Pero sobre todo, son más elegantes. Los fabricantes optan por utilizar diseños más cuidados para estos ordenadores.

Se pueden transportar con relativa facilidad si nos vamos de viaje, aunque no podremos utilizarlos sin que estén enchufados a la red eléctrica. Suelen ser más potentes que los portátiles, y son una herramienta muy útil para los que tienen que trabajar muchas horas en casa con el ordenador.

Su mayor problema es que no acaban de ser tan potentes como los sobremesa, pero tampoco son tan portables como los portátiles. Son una opción muy específica para aquellos que sepan que es el ordenador perfecto.


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