SCO 326, IBM 700.000

Aprovechamos estos meses vacacionales para recopilar las contribuciones a PCA de uno de los indiscutibles amos de la blogosfera hispana: con ustedes, la dosis diaria de Javier Candeira, uno de los principales artífices de Barrapunto

SCO 326, IBM 700.000

26 agosto 2008

LÓGICA DISCRETA (#195, ABR2007)

Una de las críticas más baratas contra la licencia GPL (que protege la mayor parte del software libre) es que «nunca se ha puesto a prueba en los tribunales». Esta afirmación, que ya no es cierta en Alemania y Holanda, está a punto de ser falsa también en Estados Unidos, donde el juicio de SCO contra IBM se acerca a su final

Recordarán el caso: desde 2003, los abogados de SCO se pasean por un mundo de fantasía en el que Linux es propiedad suya y todo el mundo les debe un pago por la licencia, un mundo en el que la GPL no vale nada (a pesar de que la propia SCO distribuía Linux bajo la misma cuando la empresa aún se llamaba Caldera) y en el que en las manos de sus avariciosos ejecutivos obraba un maletín lleno de las pruebas del delito (millones y millones de líneas de código de Linux, que, según ellos, infringía sus copyrights) recopiladas por un equipo de expertos del Massachusetts Institute of Technology.

Cuatro años más tarde, el caso de SCO ha quedado en agua de borrajas. En la reciente vista para establecer los hechos, la compañía sólo ha podido identificar 326 líneas de código de Linux de las que pueden jurar ante un juez que son de su propiedad. Por supuesto que IBM niega la infracción, afirmando tener al menos seis licencias distintas para distribuir ese código (incluyendo la GPL emitida por SCO).

Quien va a tener más problemas para explicar sus infracciones es la propia SCO. Para empezar, IBM ha entregado al juez no menos de 700.000 líneas de código propiedad suya y que, ahora, forma parte de las distribuciones GNU/Linux, un código del que SCO intentó restringir la distribución exigiendo un pago por una licencia propietaria. En juego está en la GPL, que sólo permite distribuir el código bajo su protección si éste se distribuye bajo la misma licencia.

La sencillez de la GPL ha sido durante mucho tiempo su primer arma. Eben Moglen, coautor de la licencia y abogado de la Free Software Foundation, explica su poder: «nada que no sea la GPL permite distribuir código GPL, así que si no la aceptas no puedes distribuir el código». Así de fácil. Ni obligaciones, ni extrañas cláusulas que sólo funcionan los días impares del mes. Si quieres distribuir código GPL, has de hacerlo bajo sus términos y, si no, no puedes.

Esta misma sencillez es la que ha hecho que apenas haya precedentes legales sobre su validez: la mayor parte de los infractores, enfrentados a la lógica de la Free Software Foundation, prefieren poner su casa en orden antes que ir a un juicio donde tendrían todas las de perder.

No es éste el caso de SCO, que, en sus declaraciones ante el juez, afirman que ese código no es GPL, porque cuando ellos lo distribuían, lo hacían bajo otra licencia. O sea, que declaran ante el juez que no infringían la propiedad intelectual de IBM, porque lo distribuían con una licencia distinta de la que IBM (propietario del código) había decidido.

El final del culebrón se acerca y parece claro que el desenlace valdrá la pena. Nadie arrasará y sembrará de sal las oficinas centrales de SCO, ni arrancará la lengua a su director general Darl McBride. La venganza bíblica se quedará en la imaginación de los foros de Internet. Sin embargo, la GPL tendrá por fin un precedente en un tribunal de los Estados Unidos, lo que debería satisfacernos muchísimo. Después de todo, la mejor venganza es vivir bien.