Adaptadores: más que una fuente de alimentación (y II)

La mayoría de los usuarios nunca se fija en los adaptadores de corriente que utilizan con sus portátiles. Sin embargo, lo crean o no, se trata de un componente que tiene su importancia y que normalmente tendemos a pasar por alto

Adaptadores: más que una fuente de alimentación (y II)

2 octubre 2009

En esta segunda parte vamos a pasar de la teoría a la práctica, analizando lo que sí hay que mirar a la hora de comprar uno de estos accesorios. De lo visto hasta ahora, se desprende una idea: lo que sí está claro es que a más conectores incluidos en el adaptador, más aumentará su precio (aunque no sea mucho proporcionalmente).

Otros accesorios como un estuche de viaje, manual de uso o sistema para recoger los cables también son factores que influyen en el coste total. Si se compra un modelo más barato, no esperes encontrar toda esta clase de accesorios incluidos, aunque por otra parte perfectamente prescindibles.

Sin embargo, lo que sí es determinante para la salud de nuestro equipo es controlar los valores de carga. Vamos a aprender a interpretar la etiqueta que acompaña a todo componente eléctrico, y saber lo que es más conveniente para nuestro aparato.

Parámetros de entrada

Un adaptador diseñado con un solo rango de voltaje de entrada (200-240 V) es más barato que uno de rango completo (100-260 V), esto es obvio. Si sólo se va a utilizar el adaptador para un país, este factor no te afecta mucho, pero si viajas a otros continentes en los que haya un baremo de entrada distinto, puede que el adaptador no funcione.

Luego está el transformar esa corriente alterna (AC) en la continua (DC) que va a utilizar el aparato. Esta varia, por ejemplo un netbook como el Asus Eee PC requiere un voltaje de 12 V (y una potencia de 36 W) mientras que un notebook habitualmente se va a los 19 V (y 40 W de potencia).

¿Qué pasa a la larga, si a un teléfono o agenda pda que requiere un output de 5 V se le enchufa un cargador de 4 V (por debajo) o de 6,5 V (por encima)? ¿Se quema, o se queda sin carga? O si requiriendo 2 A, se le metiese 0,5 A (por debajo), u otro de 4 A (por encima)… Y lo mismo para los hercios, si tiene un rango de 50-60 Hz, ¿qué pasaría si le enchufa uno inferior de 40 Hz, y qué con uno de 90 Hz?

Son preguntas tontorronas que sólo se le ocurren a los más curiosos, pero que sin embargo no suelen tener una respuesta creíble a mano… o con la suficiente antelación como para llegar a un punto de no retorno. Así que nos pusimos en contacto con nuestro experto de cabecera, Jorge Garrido Cubil Sales Manager para España deFSP: «Esto no depende del adaptador sino del aparato que se va a cargar. Depende de cómo haya sido diseñado cada aparato: algunos (los buenos) tienen un rango de entrada con una tolerancia grande».

De hecho, los muy buenos, admiten un más/menos 80% de margen. Pero diseñar y fabricar un circuito de carga con una tolerancia grande cuesta más dinero, por lo que los dispositivos baratos son los que probablemente tendrán más problemas.

Lo mejor sería ir por partes. Así, en cuanto al voltaje, «si no se alimenta con el adecuado (da igual que sea por exceso o por defecto), lo más probable es que el aparato no cargue. Si no tiene circuito de protección, quizás incluso deje de funcionar», avisa Garrido.

Respecto al amperaje, en el supuesto de que un equipo requiera 2 A y se le alimenta con 0,5 A por debajo, «es probable que funcione, pero la recarga durará mucho más tiempo. No suele ocurrir que se alimente por encima (por ejemplo con 4 A), porque casi todos los cargadores regulan el amperaje según la demanda», señala Garrido. «Por ejemplo, nuestros cargadores FSP suministran sólo el amperaje necesario para el dispositivo, porque tienen circuitos de autorregulación».

Otra cosa es la frecuencia de reloj: «todos los teléfonos, pda y ordenadores portátiles que yo conozco utilizan corriente continua (por ejemplo para un portátil suelen ser 19 V constantes), por lo que no tiene problemas de frecuencia con la batería», cuenta el director de Ventas para España de FSP. «Lo que sí tiene frecuencia es la corriente alterna del enchufe en la pared, 50 Hz en el caso de Europa».

Hay cargadores y fuentes de alimentación diseñados para funcionar exclusivamente en Europa, que aceptan sin problemas entre 210 y 250 V, y de 47 a 53 Hz. «Sin embargo se pueden diseñar también entradas universales. Por ejemplo nuestros cargadores (y muchas de nuestras fuentes de alimentación) trabajan de 90 a 265 V, con frecuencias de 47 a 63 Hz. A este tipo de cargadores se les denomina “de entrada universal”, y se pueden utilizar en cualquier país del mundo».

En cuanto a la potencia real (también llamada máxima potencia, VxA=W) en la práctica es más importante que la potencia de pico. La potencia de pico sólo puede mantenerse unos 10 ms, por lo que este dato puede engañar al usuario. «Tener un adaptador con menor potencia que la requerida por un portátil no es un gran problema, pero la carga de la batería será más lenta de lo normal».

Lo que queda claro es que una fuente de calidad tiene un rango de tolerancia mucho más grande, por lo que las fluctuaciones del suministro eléctrico le afectarán mucho menos y a la larga incluso será más eficiente en materia de consumo.

Certificaciones de seguridad y eficiencia

Obviamente, cuantos más controles y tests haya pasado un producto, mejor. El sello CE es el requisito estándar en Europa, aunque cualquier fabricante puede utilizar la etiqueta CE después de haber probado el producto por su cuenta (si siquiera lo ha hecho) y afirmar que cumple las normas CE sin que terceros lo hayan analizado y aprobado. De este modo, una referencia CE no garantiza en absoluto que el producto haya superado realmente una prueba de seguridad.

Además, muchos países tienen sus propios estándares de seguridad como, por ejemplo, TÜV (en Alemania) o Nemko (en Noruega). Cuantas más certificaciones de seguridad se tenga, más seguros podrán estar los usuarios de que ese material ha sido rigurosamente testado y homologado. «Si ni siquiera está visible la marca CE, lo mejor es que deje ese adaptador en el estante, ya que será barato, poco de fiar y peligroso», asegura Garrido.

Los adaptadores también tienen diferentes niveles de eficiencia y esto afecta a la cantidad de energía que consume un portátil. Si un adaptador cumple los requisitos de Energy Star en Europa (o la California Energy Comission en EEUU, por ejemplo), podrán encontrar una referencia visible en la parte posterior del adaptador como, por ejemplo, «Efficiency Level V» (eficiencia del 87%; consumo en modo standby inferior a 0,3 W) o «Efficiency Level IV» (eficiencia del 85%; consumo en modo standby inferior a 0,5 W). «Aunque no lo crean, una mayor eficiencia y menor ratio en modo standby implica ahorrar en la factura eléctrica». El nivel V es equivalente a otros estándares como MEPS V, Eup 2.0 y CoC 4.0.

De igual manera, es bueno saber en la medida de lo posible qué empresa ha fabricado el adaptador, pues una compañía reconocida siempre es una apuesta más fiable que no una desconocida. Después de todo, están produciendo un dispositivo eléctrico que debe ser estable y seguro (y sobre todo, no comprometa la inversión realizada en el equipo principal).

«Todos estos factores determinan la calidad y precio de un adaptador, por eso es útil para el usuario conocer el significado de todos ellos antes de decidirse a comprar un determinado producto. Ello le ayudará sin duda a comprar el dispositivo que mejor se adapte a sus necesidades».

Los cargadores universales

Llegados a este punto, surge la pregunta del millón: ¿No podría reordenarse todo de una forma más sensata y, por ejemplo, disponer de un cargador universal que valiese para todo, y simplemente tener que intercambiar el enchufe de entrada y el conector de salida, ahorrando trastos en la maleta de viaje?

En realidad, los cargadores así ya existen, como nos cuentan desde FSP. «Nosotros, por ejemplo, tenemos a la venta el NB-Plus, que puede cargar cualquier portátil (de 15 a 21 V) y tiene una salida USB para móviles, PDA, MP3, etc.», cuenta Garrido.

«En cuanto a los conectores, nosotros fabricamos también conectores de USB a móvil, pero siempre está la cuestión del coste. Un cargador de calidad no es barato, y si además incluimos muchos accesorios el precio puede resultar demasiado alto para el usuario, que normalmente sólo va a requerir uno o dos».

Sin embargo, la luz se ve al final del túnel, pues la UE ya ha puesto solución al problema de los cargadores de móviles: a partir del 2012 ¡todos los teléfonos se cargarán a través de un conector micro-USB, independientemente de la marca!

Pero ya puesto a imaginar en un futuro mejor, ¿se podría pensar algún día en una especie de recarga tipo wireless? Es un poco fantasioso, pero queda bien en una novela de sci-fi y mejor en un mundo sin cables. Jorge Garrido nos baja enseguida de la nube: «Ya se puede cargar a través de inducción a distancias cortas, pero es lento, costoso y poco práctico. ¡Me temo que durante muchos años seguiremos utilizando cables para recargar!».

Bueno, pues igualmente de lo menos malo, lo mejor: ¿Pensará algún ayuntamiento, sala de conferencias o ente de la aviación civil en dotar espacios de enchufes para la recarga ad-hoc? Que se manifiesten los que se den por aludidos. «Lo que sí es cierto es que cada vez más edificios públicos, desde aeropuertos hasta bibliotecas, se están concienciando de la necesidad de disponer de puntos de recarga. En el futuro será bastante fácil encontrar un enchufe donde recargar el ordenador portátil o el teléfono móvil», concluye el director de ventas de FSP en España.

Igual para entonces, se han inventado las baterías que se autorrecarguen del aire y nunca se mueran.

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