Informe

Análisis a fondo de las gráficas Radeon HD 6870 y 6850

Las mejoras introducidas en estas nuevas tarjetas gráficas no son banales. No son más rápidas que sus predecesoras, pero sí que pueden merecer la pena al ser más eficientes y mucho más económicas

Juan Carlos López Revilla

Tarjetas gráficas de última generación

1 septiembre 2011

AMD ha vuelto a lograrlo. Tan solo seis meses después del lanzamiento de las primeras tarjetas gráficas de NVIDIA diseñadas para sacar partido a la API DirectX 11, la firma de Sunnyvale ha presentado y, lo que es más importante, distribuido a las tiendas, su segunda generación de soluciones DX11.

Pero se trata de mucho más que el lanzamiento «de turno». De hecho, nuestra primera toma de contacto con los nuevos productos de esta compañía se produjo en Los Ángeles, en el marco de una espectacular presentación que no dejó lugar a dudas acerca de las enormes expectativas que sus responsables han depositado en esta iteración. Por fortuna, logramos regresar de Estados Unidos con las dos primeras Radeon HD 6800 «en la mochila» y listas para ser diseccionadas en nuestro Laboratorio.

AMD Radeon 6870

Más baratas y eficientes

El nombre en código de la GPU de las primeras tarjetas que han llegado a las tiendas es Barts, y no es otra cosa que la sucesora natural de los procesadores gráficos Cypress integrados en las Radeon HD 5870 y 5850. Al igual que sus predecesoras, las Radeon HD 6870 y 6850 que hemos diseccionado en este informe son dos propuestas de alta gama, aunque en breve serán superadas por las Radeon HD 6900 equipadas con una y dos GPUs.

Durante los últimos años hemos presenciado una carrera de fondo en la que tanto AMD como NVIDIA han utilizado todos sus recursos para poner a punto productos capaces de arrojar un rendimiento superior al de sus predecesores y, al mismo tiempo, al de la competencia, aunque esta filosofía provocase que el consumo y el índice de disipación de calor de estas tarjetas fuesen muy notables.

Especificaciones AMD y NVIDIA

Estas características son atributos inherentes a las soluciones de alta gama desde hace años, y solo las propuestas de los segmentos medio y de entrada han arrojado consumos más comedidos. Sin embargo, el punto de partida de los diseñadores de la familia Radeon HD 6000 ha sido muy diferente.

Basta echar un vistazo a las especificaciones de los nuevos procesadores gráficos para percatarse de que su principal motivación ha sido redefinir la microarquitectura Cypress para poner a disposición de los usuarios chips que ofrezcan un rendimiento equiparable y, en algunos ámbitos, superior, pero avalado por unos consumos a pleno rendimiento y en inactividad netamente inferiores, así como por un precio más reducido. En definitiva, han querido ofrecer más por menos. Veamos si lo han conseguido.

Una microarquitectura muy depurada

La tecnología de desarrollo utilizada por TSMC, la empresa que fabrica los chips, es básicamente la misma que la empleada en la familia Radeon HD 5900/5800: 40 nm. Sin embargo, la experiencia acumulada a lo largo de 2010 les ha permitido optimizar este proceso, por lo que es poco probable que con esta familia se produzcan problemas de abastecimiento.

No obstante, al margen de la litografía utilizada, existen diferencias de entidad entre Cypress y Barts. Las GPUs Radeon HD 6870 y 6850 incorporan nada menos que 450 millones de transistores menos que sus predecesoras.

Para hacerlo posible los ingenieros de AMD han introducido cambios importantes en la microarquitectura. Pero lo que ahora nos interesa es comprender que esta menor cantidad de transistores ha provocado que el tamaño de los chips sea inferior y, además, que consuman menos energía y disipen menos calor.

La mayor parte de los transistores «perdidos» se explica debido a la presencia en los nuevos chips de menos unidades de procesamiento y texturizado/filtrado. Sin embargo, las unidades ROP se mantienen intactas.

Detalle AMD Radeon HD 6870

Para compensar esta diferencia y evitar que afecte negativamente al rendimiento, los diseñadores han replanteado buena parte de las unidades funcionales de las GPUs y, además, han incrementado ligeramente su frecuencia de reloj.

El objetivo de estas decisiones de diseño ha sido, como hemos explicado antes, reducir el TDP de los chips y preservar su productividad, de manera que el trabajo que son capaces de realizar en cada ciclo de reloj no se vea resentido. Podemos contemplarlo como una forma de desarrollar soluciones con menos capacidad bruta, pero más «inteligentes».

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