La banda ancha a examen

Los usuarios se quejan de que Internet sigue siendo caro. Además, la velocidad de acceso del ADSL en España, donde Telefónica domina con claridad, está a años luz de la que disfrutan los ciudadanos de los países punteros

Juan Ignacio Cabrera

La banda ancha a examen

11 febrero 2010

Aunque a los políticos y ciertos empresarios se les llena la boca hablando del buen momento de Internet en España, la realidad echa por tierra cualquier complacencia. Es verdad que hemos avanzado, pero también lo es que otros países han espabilado más, han puesto en funcionamiento una infraestructura más rápida y han apostado más decididamente por la tecnología de futuro: la fibra óptica hasta el hogar (fiber to the home).

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Las cifras de consultoras y organismos oficiales ponen de relieve que España está a años luz de los más avanzados y que no valen complacencias. El mes de junio se cerró con 9,3 millones de líneas de banda ancha en activo, lo que supone una proporción de 20,2 por cada 100 habitantes. Dinamarca, que encabeza este ranking, casi dobla estos números, con 37 líneas. Según Gartner, en 2008 solo el 56% de los hogares tenía una conexión de banda ancha, lo que llevaba a España a la posición decimoséptima del mundo, muy alejada otra vez del pelotón de cabeza, formado por Corea del Sur, Holanda y Dinamarca, con porcentajes que rondan el 80%. Además, la proyección que hacía Gartner para 2013 nos hacía perder dos puestos.

El Instituto Nacional de Estadística, por su parte, certifica que uno de cada dos hogares cuenta con una conexión de banda ancha, pero también dice que las tres cuartas partes de las viviendas acceden a Internet gracias a la vieja tecnología ADSL, un apaño de Telefónica en los noventa para exprimir las posibilidades del viejo tendido de cobre, mientras que solo el 25% restante ha contratado el servicio de cable y casi no hay rastro de la fibra óptica hasta el hogar. Todo ello hace que las velocidades de acceso no sean para tirar cohetes. Solo un millón de abonados disfruta de una línea de más de 10 Mbps, cuando en Japón, casi cualquiera, por 32 euros, puede contratar una de 100 Mbps.

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Un largo camino por recorrer

«Los últimos datos de la herramienta más fiable para medir la velocidad de Internet en distintos países del mundo, Speedtest.net, reflejan que España es en este campo lo que Perú en PIB. Ambos países, en una y otra parcela, ocupan el puesto 43º, un lugar no demasiado sorprendente en el caso de la economía peruana, pero bastante pasmoso, si el asunto no viniera de lejos, cuando hablamos de la calidad de los accesos a la Red en España, el décimo segundo país en cuanto a PIB y el décimo sexto en la clasificación planetaria de índice de desarrollo humano», se queja Víctor Domingo, presidente de la Asociación de Internautas. La situación aquí contrasta con la de Corea del Sur que, para prolongar su apuesta por la banda ancha, se ha marcado como objetivo que en 2012 todos sus ciudadanos puedan navegar a 1 Gbps. Además, el Gobierno de aquel país desarrolla un proyecto para que se pueda acceder a Internet de alta velocidad en el coche.

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Los grandes operadores ven el lado positivo y ponen sobre la mesa datos que desafían a los que piensan que vivimos en un país de segunda clase. Fuentes de Telefónica, el operador que domina de largo el mercado (mantiene 56 de cada 100 líneas de acceso), recuerdan que en los últimos cinco años la velocidad de referencia del ADSL, la estándar, se ha multiplicado por 24. La velocidad media que se contrata hoy es de 6 Mbps, producto de la duplicación gratuita que hizo la compañía hace meses. Además, las velocidades máximas para hogares que ofrece el operador a través de fibra óptica o VDSL2 (una tecnología que supone otra vuelta de tuerca para transmitir voz, datos, televisión y vídeo a través del par de cobre) pueden llegar a los 30 Mbps, aunque cuenta mucho el emplazamiento del usuario, pues hay muchas zonas que no están cubiertas por estas tecnologías.

Por su parte, Ono, el segundo proveedor de acceso del país y el primero de cable, con casi un millón y medio de abonados, echa mano a datos de la OCDE para certificar que España está al mismo nivel , en cuanto a velocidades ofertadas por los operadores, que Estados Unidos y por delante de Canadá o Bélgica. Eso sí, en ese ranking vuelve a situarse muy por debajo de Japón y Corea, las dos potencias mundiales de Internet.

Precios controvertidos

Además de la baja implantación y de una velocidad poco espectacular, hay un tercer asunto de controversia que rodea a la banda ancha en España: el precio. Según datos de la Asociación de Inter­nautas provenientes de un estudio realizado el pasado verano y donde se comparaban ofertas, velocidades y precios de las 27 operadoras más importantes del continente, los internautas españoles pagamos en término bruto (euros/mes) el tercer ADSL más caro de la Unión Europea. Solo en Irlanda y Estonia navegar por la Red es más oneroso. Por otro lado, aplicando el concepto de paridad de poder adquisitivo, que tiene en cuenta el diferente coste de la vida en cada estado, el ADSL español es el quinto más prohibitivo de los 27 países de la Unión Europea.

Las operadoras, sobre todo Telefónica, se defienden con uñas y dientes. Fuentes del operador dominante ponen en duda estas comparativas y señalan que «muchas veces, como ya se ha demostrado, toman un precio medio que suele ser la oferta más cara, con lo que la comparativa no es real». Por su parte, desde Ono aseguran que, aunque es difícil comparar precios de forma homogénea, la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT), un organismo que compila trimestralmente datos de todas las operadoras, muestra que «las ofertas en España no difieren sustancialmente de las mejores ofertas de los países europeos. Es más, en algunas velocidades, como es el caso de las altas, el coste incluso se sitúa por debajo de la media».

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Telefónica gana por goleada

Los usuarios y muchos proveedores se quejan de que, en el origen del atraso de la banda ancha en España, está la falta de competencia. Telefónica, que tiene su origen en un monopolio estatal en el campo de las comunicaciones, sigue manteniendo una porción del pastel imponente. De las 9,3 millones de líneas de banda ancha que hay en España, esta compañía tiene nada menos que 5,2 millones. Muy por debajo están Ono y Orange (antes France Telecom), con 1,4 y 1,1 millones, respectivamente. Cuando se le pregunta sobre el tema, Telefónica vuelve a defenderse, aludiendo que el cliente es muy sensible a los lanzamientos y promociones, lo que ha dado lugar a que durante varios meses de este año otras compañías le comieran terreno en número de líneas. En Ono, por su parte, aseguran que «aún quedan muchas inercias que provocan que sea difícil abrir hueco competitivo».

Por otra parte, las operadoras, con Telefónica a la cabeza, se quejan de, por un lado, la excesiva regulación que tienen que sufrir por parte de la Unión Europea, lo que fragmenta mucho los mercados y pone en peligro el desarrollo del ciberespacio en el continente, y, por otro, de que el sector sirva de vaca fiscal para el Estado en tiempos de crisis. Y es que, según señalaba hace poco Jesús Banegas, presidente de la patronal de telecomunicaciones AETIC al diario El País, las operadoras pagan 1.300 millones de euros extra en impuestos. La guinda la puso hace poco la decisión de grabar el 0,9% de sus ingresos para financiar RTVE.

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Darse de baja, lo más difícil

Tradicionalmente, los clientes españoles de ADSL y cable se han quejado del servicio que prestan los operadores. ¿Quién no ha sufrido en sus propias carnes la desidia de un servicio técnico o conoce a alguien que tuvo que esperar semanas o meses hasta que la burocracia de turno dio de baja su línea mientras, eso sí, en su cuenta seguían cargando las mensualidades? La Oficina de Atención al Usuario de Telecomunicaciones, un organismo creado por el Ministerio de Industria precisamente para acabar con estos problemas, recibió en el primer semestre de este año nada menos que 15.864 reclamaciones relacionadas con el teléfono (fijo o móvil) e Internet, un 28,3% más que en el mismo período de 2008. Las incidencias en el ámbito concreto del acceso a Internet motivaron algo más de 2.500 reclamaciones.

Por compañías, salieron especialmente mal paradas en la última estadística de esta oficina Ya.com, Orange y Tele2, que acumularon más reclamaciones y quejas sobre el servicio de atención al cliente que nadie. Al contrario de lo que le sucedió a operadores de mayor calibre como Ono o la mismísima Telefónica, que registraron muy pocas incidencias. La mayor parte de las reclamaciones que hicieron los usuarios de Internet entre enero y junio (un 40%) tuvo que ver con el proceso de baja. También fueron motivos para reclamar, aunque en bastante menor cuantía, errores o malentendidos en la facturación o la interrupción del servicio. Para más información: www.usuariosteleco.es.

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Banda ancha desde el móvil

El futuro de Internet está ligado a dispositivos como los smartphones o teléfonos inteligentes, que permiten navegar con todas las garantías desde el lugar más remoto a través de una pequeña pantalla (previsiblemente táctil). Los últimos datos dicen que un 20% de los internautas, es decir, alrededor de cuatro millones de personas, acceden en España habitualmente a la Red desde el móvil. Además, el porcentaje es más alto entre los jóvenes por debajo de los 30 años, con lo que la progresión está asegurada. Las redes de banda ancha móvil actuales están basadas en el estándar 3G o en alguna de sus variantes. Concretamente, en España todavía se están desplegando redes 3G (UMTS-WCDMA) y 3,5G (HSDPA), que pueden proporcionar velocidades de 3,6 Mbps por término medio y de 7,2 Mbps en algunas ciudades. Sin embargo, como apuntan fuentes del fabricante de chips para teléfonos móviles Qualcomm, en estos momentos asistimos al auge de la tecnología HSPA+, que está empezando a despuntar y que es capaz de dar anchos de hasta 21 Mbps (con hasta 5,7 Mbps de subida).

Para más allá de 2011 está prevista una versión de esta tecnología que podría doblar la velocidad de bajada (hasta los 42 Mbps, además de 11 Mbps de subida), y, a más largo plazo todavía, lo que suenan son las siglas LTE (Long Term Evolution), que responden a un estándar de transmisión de cuarta generación (4G) que permitirá ofrecer servicios por encima de los 100 Mbps. Todo indica, pues, que en un lapso de tiempo no muy largo, dos o tres años quizá, seremos capaces de descargar y enviar vídeo de alta definición, hacer videoconferencia, actualizar el GPS en tiempo real o ver la televisión en el móvil sin ningún tipo de contratiempo y como lo más normal del mundo. Lo que no está muy claro es qué formato de dispositivo se llevará el gato al agua.

Además de smartphones tan estilizados como el Omnia de Samsung, el iPhone de Apple o el N97 de Nokia, cualquier portátil equipado con una tarjeta SIM o un asequible módem USB puede servir de puerta de entrada a Internet desde el lugar más recóndito. Para algunos el futuro será un dispositivo híbrido que en Qualcomm han bautizado como smartbook y que aprovechará lo mejor de los dos mundos: la pantalla grande y el teclado completo del portátil y la autonomía y la conexión permanente del teléfono móvil.

Fibra hasta el hogar

El futuro se llama fibra óptica. En los países más avanzados (Corea del Sur y Japón sobre todo) esta tecnología ya ha ganado la partida a otras, como el ADSL, que tienen muchas menos posibilidades. Las operadoras y los proveedores de contenidos saben que las redes DSL no van a poder soportar servicios como la telemedicina, la televisión de alta definición o las descargas masivas. Por ello, la importancia de llevar la fibra hasta el hogar (fiber to the home) es decisiva. Desde Ono, que cuenta con una red de fibra óptica desplegada pero que no llega, por lo general, al interior mismo de las viviendas, comentan que su red tiene capacidad para dar más de 200 Mbps en un futuro y que hoy, en zonas como Madrid, es posible la bajada de archivos a 50 Mbps.

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Sin embargo, en España más de un 75% de los hogares navega por la Red a través del par de cobre. La fibra hasta el hogar es prácticamente inexistente en la oferta de Telefónica, que asegura que por el momento los clientes activos con esta tecnología no pasan de 10.000. Además, para poner al día su red, el operador está cambiando a VDSL2, que permite multiplicar por cinco la velocidad media hoy (6 Mbps), pero que, en esencia, sigue tirando del viejo par de cobre. Como consecuencia, solo un millón de internautas que tiene conexión a Internet, un 10% del total, navega a velocidades superiores a los 10 Mbps.

A pesar del retraso, todos están convencidos de que la fibra presidirá los próximos años. En Telefónica, por ejemplo, aseguran que llevará la televisión (Imagenio) en 3D a los hogares. Además, hará avanzar de forma espectacular el vídeo y la imagen de alta definición por la Red, y hará posible aplicaciones de ofimática, videoconferencia y streaming en tiempo real, radio en Internet, juegos y formación on-line o la telemedicina.

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¿Para cuándo tendremos el servicio universal?

Hace unas semanas, el Gobierno finlandés anunciaba que garantizará por ley el año que viene el derecho de sus ciudadanos a tener una conexión de 1 Mbps. Además, para 2015 el país nórdico se ha comprometido a reconocer como un derecho adquirido el acceso a una conexión de 100 Mbps. La situación finlandesa contrasta con la española, donde la universalidad del servicio es todavía una quimera.

Y es que, a pesar de que Internet forma parte de la vida cotidiana y los planes son que asuntos básicos como la gestión municipal, la medicina o el cobro de impuestos se canalicen por la Red, todavía quedan cerca de cuatro millones de ciudadanos que no pueden acceder a la banda ancha en función del sitio donde viven, según la Asociación de Internautas. Es decir, que a lo más que pueden llegar es a conectarse con una velocidad por debajo de los 256 Kbps de bajada y 128 Kbps de subida, según las especificaciones del Ministerio de Industria sobre banda ancha. Esto es como, en el mejor de los casos, navegábamos en los años noventa, cuando Internet era un listado sinfín de páginas estáticas y meramente informativas y no existían las redes sociales, los portales de venta o la descarga de archivos multimedia.

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Víctor Domingo, de la Asociación de Internautas, cree que para cerrar la brecha digital en España es imprescindible abordar este espinoso asunto. Garantizar el acceso de todos a la banda ancha es la única forma real de asegurar la igualdad en el acceso al conocimiento. Si la sanidad y la educación universales fueron las dos grandes conquistas del siglo XX, hoy, la incorporación de la tecnología es esencial para que la universalidad sea efectiva.

Por ello, esta asociación reclama cambios legales que prevean mecanismos para compensar a aquellos operadores que tienen que dar este servicio y que establezcan niveles mínimos de calidad del mismo. También reclama fijar unos precios máximos acordes con los niveles de renta disponible, eliminar el pago por llamadas a los teléfonos de atención al cliente de las operadoras (900 y 800), una mayor transparencia en los procesos de alta, baja y en la tramitación de las incidencias del servicio, la prohibición y sanción de campañas de publicidad engañosa y la obtención de indemnizaciones por servicios que se anunciaron pero que no llegaron a ser prestados.

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