Cámaras de vídeo y fotografía

Desde la llegada de las cámaras de foto y vídeo digital todo el mundo tiene al alcance de la mano la posibilidad de inmortalizar los momentos más importantes de su vida. Cualquiera puede almacenar en su ordenador como recuerdos o como forma de expresión artística sus propias creaciones

Cámaras de vídeo y fotografía

15 noviembre 2007

Sólo tenemos que elegir adecuadamente qué cámara necesitamos o necesita la persona a la que se la queremos regalar. El mundo de las cámaras, tanto de fotografía como de vídeo, ha cambiado en los últimos años de forma radical y se han multiplicado las posibilidades complicando la elección del comprador pero poniendo a su alcance múltiples funciones y prestaciones. Cada vez se van incorporando mayores prestaciones en modelos cada vez más compactos y potentes con soluciones cada vez más avanzadas a cuestiones como el almacenamiento de los ficheros de audio y vídeo o la conexión con el ordenador. El escaparate es, por lo tanto, muy extenso pero con las directrices adecuadas es más probable que acertemos con nuestra compra.
Para qué las queremos
Como en casi todos los casos, el primer paso para iniciar con buen pie una compra acertada es analizar para qué necesitamos la cámara o para qué la va a necesitar el destinatario de la misma. En el caso de la fotografía digital, los formatos de los modelos que existen en el mercado pueden darnos una primera pista. Principalmente podemos adquirir dos tipos de cámaras: compactas o réflex. En el primer caso, la cámara lleva incorporado en la carcasa tanto la electrónica como la óptica, es decir, tanto el cuerpo de la cámara como los objetivos. En el segundo caso, el cuerpo de la cámara es independiente de los objetivos por lo que podremos acoplar la óptica que más nos convenga en cada caso.
Normalmente la opción de la cámara réflex se adapta más a los muy aficionados a la fotografía que pretenden ajustar al máximo el disparo para obtener los resultados que se desean. La posibilidad de intercambiar objetivos ofrece muchas posibilidades, como un mayor aumento óptico para captar objetos o escenas lejanas, mayor luminosidad para captar imágenes en peores condiciones de luz… Eso sí, en cada caso será el fotógrafo el que tome la decisión de qué objetivo montar, con el consiguiente coste extra. La cámara réflex, por tanto, pone a nuestra disposición mayores posibilidades creativas, más opciones para que el que dispara pueda aportar su mirada a la toma. También hay que tener en cuenta que este tipo de cámaras suele ofrecer sensores con una resolución muy alta y sistemas de medición de la luz y de enfoque automático muy sofisticados. Por cierto, no confundir las cámaras réflex con aquellas que imitan su forma pero no permiten el intercambio de objetivo. Suelen disponer de buenas ópticas y funciones avanzadas por lo que se sitúan a medio camino entre unas y otras.
Cámaras compactas
En este caso, como decíamos, el objetivo no es intercambiable. Sin embargo, las lentes que incorpora están pensadas para responder lo mejor posible en cualquier situación, sin llegar a la calidad que obtendríamos con el objetivo ideal en la situación precisa. En general, a mayor tamaño de cámara compacta más posibilidades de incorporar lentes de calidad y de abarcar más tipos de tomas distintas. En cualquier caso, y en general, las cámaras compactas pueden ser un compañero ideal para, por ejemplo, cualquier viaje o incluso, si se trata de un modelo realmente pequeño, podremos llevarla siempre encima. Hablamos de los modelos llamados ultra compactos. Las réflex, sin embargo, son unas compañeras de viaje algo más engorrosas, aunque en muchos casos, y con el aprendizaje adecuado, los resultados suelen compensar estas incomodidades.
En el caso de las cámaras de vídeo digital la óptica también juega un papel importante y también dependeremos de ella para captar un mayor número de situaciones con una buena calidad de imagen. Sin embargo, aquí no se nos presentará el dilema entre compacta y réflex. Simplemente nos tendremos que asegurar que las lentes sean de buena calidad (de una marca reconocida) y que los aumentos que ofrece el zoom sean ópticos en su mayor parte, para evitar pérdidas de resolución al captar escenas alejadas.
Al igual que las cámaras de fotos, el tamaño de la cámara de vídeo también suele indicar una mayor calidad del objetivo montado. Pero hay que ser cautelosos, pues esta norma no siempre se cumple, sobre todo si el objetivo incorporado es de una marca poco conocida o de mala calidad. Otro factor de elección en el asunto del formato de la cámara será la comodidad. Es conveniente poder probar la cámara para ver si por su tamaño seremos capaces de manejarla con comodidad. Hay que tener en cuenta que para la mayoría de las fotos será necesario que mantengamos el pulso razonablemente firme y que no tengamos que hacer acrobacias para accionar el botón de disparo o el del enfoque. En este caso, la incomodidad se puede convertir en malas fotografías o malas tomas de vídeo.
La resolución
En realidad ha sido el asunto en el que han evolucionado más espectacularmente las cámaras digitales, tanto de fotografía como de vídeo. El corazón de estos dispositivos, tanto en un caso como en otro, consiste en un sensor, normalmente de tipo CCD o CMOS, que capta la imagen que pasa a través del objetivo. Cuanto más sensible sea este sensor y más puntos sea capaz de distinguir de la imagen, mayor resolución alcanzará la cámara. En el caso de las cámaras fotográficas hace relativamente poco tiempo lo más habitual era encontrar modelos con sensores de cinco y hasta siete Mpíxeles. En la actualidad, no es extraño que los sensores superen los diez Mpíxeles, incluso en cámaras compactas, y en las réflex alcanzan en determinados modelos nada menos que los 21 Mpíxeles. En el caso de las cámaras de vídeo digital, los sensores son prácticamente los mismos, pero suelen ofrecer una menor resolución. Con el auge de la televisión en alta definición es posible adquirir modelos capaces de grabar en formato 1080p, con lo que el sensor ofrece como mínimo una sensibilidad de 2 Mpíxeles.
Almacenamiento
Para guardar las fotografías y los vídeos apenas capturados necesitamos que la cámara disponga de un sistema de almacenamiento para luego poder descargar los ficheros al ordenador o disco duro externo. En el caso de las cámaras de fotos se ha extendido el uso de tarjetas de memoria, principalmente en los formatos Compact Flash, Secure Digital y Memory Stick. Su funcionamiento y precio son similares, sólo tendremos que fijarnos en las especificaciones para comprobar la velocidad de transferencia y acceso a los datos en el caso de que dispongamos de una cámara con una resolución muy alta. Si la tarjeta que adquirimos es lenta, tendremos que esperar un tiempo entre disparo y disparo hasta que se graben en ella las tomas. En el caso de las videocámaras, el asunto del almacenamiento se ha diversificado. Si en un principio el soporte más habitual era la cinta de formato DV, que aún se utiliza, ahora están en pleno auge tanto las cámaras que graban directamente en discos DVD de tamaño reducido como las cámaras que llevan disco duro incorporado.
La importancia de los formatos
Al almacenar tanto imágenes como secuencias de vídeo en digital hemos de hacerlo en un formato determinado; es decir, empaquetando la información de esa foto o vídeo de forma que luego podamos recuperarla para editarla o visualizarla. Normalmente, y para que podamos almacenar mayor cantidad de datos en nuestra cámara, se optará por un formato comprimido. En el caso de imágenes el elegido es el JPEG, mientras que en el del vídeo se trata del MPEG con todas sus versiones. Hay que aclarar que estos formatos tienen una pequeña pero sensible pérdida de calidad, por lo que si queremos editar tanto fotos como vídeo en alta resolución es mejor optar por grabar los datos en formatos sin pérdidas. Normalmente podremos escoger el formato de grabación en el menú de configuración de la cámara. En el caso de imágenes podemos elegir entre TIFF y RAW. En el caso del vídeo todos los formatos tienen compresión, pero para la edición suele elegirse el formato DV para definición normal y HDV o AVCHD para alta definición.