China, fábrica mundial de informática

Los testimonios de explotación en las fábricas chinas que salieron a la palestra hace unos meses ponen en entredicho su sistema productivo

Juan Ignacio Cabrera

China, la gran factoría mundial de informática

20 enero 2011

Los conflictos laborales y los testimonios de explotación en las fábricas chinas que salieron a la palestra hace unos meses ponen en entredicho un sistema productivo que ha sido capaz de mantener los precios por los suelos.

La informática y la electrónica son de los pocos artículos que en los últimos 10 o 15 años, en pleno auge económico, han visto cómo su precio caía en picado. Mientras que en la última década el valor de las viviendas se multiplicaba por tres y los precios de la hostelería, aprovechando la entrada del euro, se disparaban muy por encima de la inflación, el PVP de los ordenadores, las cámaras digitales o las impresoras se desplomaba.

Hagamos memoria: mientras que en el año 2000 nos parecía normal pagar 1.200 euros por un sobremesa de gama media y hasta 2.000 euros por un portátil «normalito», hoy no nos pedirán más de 400 o 600 euros, respectivamente. El precio de las cámaras, por su parte, ha caído hasta cinco veces (casi en la misma proporción que subía su sofisticación), mientras que un reproductor portátil de DVD ha pasado de 1.500 a 150 euros.

¿Dónde están las razones que explican estas caídas? Por una parte, las enconadas guerras de precios de los fabricantes, la aparición en España de grandes superficies (sobre todo Media Markt) y las inevitables economías de escala (no es lo mismo producir 10.000 que 10.000 millones de pantallas para portátil, con el consiguiente descenso del coste por unidad) están detrás de todo. También tiene su parte de culpa la propia naturaleza de los equipos informáticos, que quedan obsoletos en cuestión de meses y obligan muchas veces a los fabricantes y mayoristas a malvender para no acumular stock y ocupar el espacio destinado a las últimas novedades.

evolucionprecios

Sin embargo, uno de los motivos por lo que pagamos hoy tan poco por muchos productos es la mayor parte de la producción de productos tecnológicos se ha trasladado a China. Todos los proveedores, desde primeras marcas como Apple, HP, Dell o Sony, al más pequeño proveedor de accesorios, dependen enteramente de lo que se cuece en el país asiático, y sobre todo en ciudades industriales como Shenzhen, considerado el Silicon Valley de Oriente.

Alex Makow, director en España de la firma AsiaInspection, que se encarga de supervisar la producción y los estándares de calidad de las marcas nacionales que acuden a aquel mercado a abastecerse, lo tiene claro: «Nadie en la industria se podría permitir sobrevivir sin fabricar allí». Suscribe esta declaración Diego Mata, responsable de la oficina en China de Blusens, marca gallega de electrónica de consumo: «Hoy en día es casi imposible encontrar una empresa que no tenga uno o parte de sus procesos subcontratados allí, o no use ningún componente fabricado o procesado allí».

Blusens_China

La razón está en los bajos salarios. Makow asegura que producir en China permite reducir el PVP final del producto en España entre un 25 y un 30%. Este verano la prensa se hizo eco de la situación de las fábricas en el gigante asiático porque trascendió el suicidio de varios trabajadores en las instalaciones que el gigante Foxconn (800.000 empleados, casi tres veces la plantilla de HP en todo el mundo) tiene en Shenzhen, a unos escasos 40 kilómetros de Hong Kong. Los sindicatos achacaron estas muertes a la tremenda presión y a las condiciones laborales que sufren los empleados en esas factorías, de donde salen los iPhone e iPad que hacen las delicias de los occidentales.

Y es que las jornadas pueden llegar a las 16 horas diarias y seis días por semana. Makow, que ha viajado mucho por el país asiático, dice que el salario mensual en el sector manufacturero puede rondar los 80 euros al mes en un turno de 60 horas semanales, de los cuales, además, hay que descontar el coste de la manutención y el hospedaje. En Shenzhen, las retribuciones están por encima de la media y pueden llegar a los 120 euros. En Foxconn, algunos sueldos pasan de los 200 euros.

Cambios a la vista

China es, por muchas razones, entre las que está su política monetaria, la gran fábrica del mundo. Más de 120 millones de personas trabajan en su industria (de 900 millones en edad de trabajar). En España no hay marca local de informática que no importe de aquel país o tenga directamente una oficina comercial que controle la producción. «Siempre compensa ir a China, a pesar del cambio cultural y de la lejanía», dice Makow. Y es que traer la mercancía en barco o incluso en avión (las memorias y los pendrive suelen llegar por aire) siempre sale más a cuenta que producirlos aquí. El único problema con el que se encuentran los importadores es que hay que afinar mucho en el pedido porque la mercancía tarda en llegar entre 25 y 30 días, y eso es un mundo en el negocio de la informática.

A consecuencia de la agitación y el descontento que se ha extendido en los últimos meses en las fábricas chinas, muchos economistas y analistas se preguntan hoy qué va a pasar con el gigante asiático a medio plazo. Es toda una incógnita. Los expertos dicen que la presión internacional obligará a subir el valor de su moneda, el yuan, que el Gobierno comunista mantiene artificialmente bajo para seguir conservando un precio atractivo para las exportaciones. En este sentido, parece que algo se mueve y desde junio se ha apreciado una apreciación de la moneda, aunque todavía microscópica.

Por otro lado, las protestas sindicales que están dando lugar a una subida de los salarios, unidas a la aparición de una clase media con más de 100 millones de potenciales consumidores, pueden hacer cambiar el perfil de un país netamente ahorrador y trabajador. Enrique Cosío, director general de NPG, una marca española que importa de China piezas para ensamblar receptores de TDT o monitores TFT, entre otras cosas, está convencido de que, a raíz de la crisis que asola Occidente, le toca a los chinos aumentar su consumo interno «y para ello deben aumentar su poder adquisitivo».

Temas Relacionados
Loading...