Comparativa

Cinco placas para Intel Sandy Bridge-E: máximo rendimiento

La plataforma más potente de Intel precisa de unas placas base que estén a la altura de sus exigencias; no son precisamente baratas, pero sí son las más rápidas

Manuel Arenas

Apertura placas base

22 mayo 2012

La plataforma más potente de Intel precisa de unas placas base que estén a la altura de sus exigencias; no son precisamente baratas, pero sí son las más rápidas. Te mostramos cinco alternativas cuyo argumento es el rendimiento.

Cuando se trata de elegir una plataforma para un equipo se abre un extenso repertorio de posibilidades. Si el argumento es el precio, habrá que tomar decisiones que sacrifiquen el rendimiento o la calidad de los componentes. Si se buscan soluciones equilibradas, las que integran gráficos en la propia CPU suelen dar buen resultado y facilitan invertir poco en un primer momento y, posteriormente, dar el salto, por ejemplo, a una tarjeta de vídeo dedicada. Tanto Intel como AMD tienen productos que cuadran con estas premisas con mayor o menor precisión, pero que acaban por encajar quitando memoria de aquí, capacidad de disco de allá, o algún que otro megahercio del procesador.

Ahora bien, si buscas como argumento prioritario el máximo rendimiento, el escenario cambia radicalmente y el abanico de posibilidades se reduce esencialmente a un fabricante: Intel. Ni siquiera los procesadores AMD FX de (pseudo) ocho núcleos pueden considerarse una solución óptima para la ecuación del rendimiento, como ya hemos visto en Los micros de Intel deján atrás a AMD, otro artículo en el que analizábamos la plataforma de AMD, que incluso quedaba por detrás de procesadores como los Core i7-2600K de solo cuatro núcleos.

Zócalo placa base Gigabyte

Zócalo (socket) LGA2011 de la placa base de Gigabyte que analizamos en esta comparativa y que está preparado para soportar los procesadores Intel Sandy Bridge-E.

Qué opciones hay

Yendo al grano, si quieres un ordenador rápido, la elección debería estar entre los Sandy Bridge de Intel de la familia Core i7-2600K y los 2700K con zócalo LGA1155 y gráficos integrados, o bien entre los Intel Sandy Bridge-E recién salidos del horno, como quien dice, con zócalo LGA2011. Ya hemos tenido oportunidad de analizarlos en otras ocasiones en PC Actual y la conclusión era clara: son los procesadores más rápidos del momento.

El modelo Core i7-3960X Extreme es el referente actual en velocidad de procesamiento y eficiencia energética, con un potencial de overclocking notable y con un chipset (el X79) que es capaz de sacarle todo el partido de un modo refinado e igualmente eficiente. Solo se echa de menos USB 3.0 nativo en el chipset, aunque, a estas alturas, esta conectividad se implementa de facto mediante controladoras de terceras partes. Thunderbolt no estaría mal, y posiblemente llegue en los próximos meses integrado en un nuevo chipset o como solución también de terceras partes.

Sea como fuere, la comparativa que estás leyendo tiene como objetivo mostrarte cinco de las soluciones disponibles para montar un equipo alrededor de un procesador Sandy Bridge-E con encapsulado LGA2011. A día de hoy, ya no es necesario gastarse mil euros para ello, gracias al procesador Intel Core i7-3820 con cuatro núcleos y caché L3 de 10 Mbytes. Aunque, si tienes presupuesto, lo ideal es hacerse con una CPU de seis núcleos y no de cuatro. El procesador Core i7-3820 es algo más rápido que los Core i7-2700K, con un potencial de overclocking nada desdeñable y con posibilidad de instalar fácilmente 32 Gbytes de RAM en las placas con ocho ranuras DIMM, con máximos de 64 Gbytes o incluso de 128 Gbytes.

A estas alturas, es fácil darse cuenta de que la inversión que tendrás que hacer no es insignificante en absoluto. Incluso, no tendrás más remedio que comprar una tarjeta de vídeo discreta al no tener vídeo integrado en los LGA2011, y, para que todo funcione al máximo de su potencial, no es conveniente que haya cuellos de botella en el disco duro, que probablemente acabará siendo un SSD, por no hablar del ventilador de la CPU, que, a poco que se vaya a tunear, también precisará de un sistema de refrigeración adecuado, junto con una fuente de alimentación de elevada calidad que proporcione una energía limpia y estable al procesador y la placa.

Conexiones placa base

Las conexiones son uno de los aspectos clave en los que hay que fijarse a la hora de decidirse por una u otra placa.

Un rompecabezas perfecto

A día de hoy, si completas este rompecabezas, sin duda tendrás como resultado una obra maestra de la tecnología en tus manos, que será competitiva durante al menos tres años. No es que no vayan a aparecer soluciones mejores en el mercado en este periodo, siempre lo hacen, pero no tendrás un verdadero motivo para cambiar totalmente de plataforma durante al menos tres años. Eso sí, para ello, deberás elegir una placa base lo más versátil posible.

Las claves para elegir una placa base LGA2011 pasan por la conectividad, el rendimiento o la robustez. No es nada nuevo y, además, las placas en esta categoría son todas de gama alta. Puede que haya unas de gama más alta que otras, pero, con precios de 200 euros como mínimo, estamos ante productos que de partida son sofisticados y completos.

De todos modos, hay detalles que permiten acotar una elección. Por ejemplo, la cantidad de memoria máxima instalable. Lo recomendable es optar por modelos con ocho ranuras DIMM para ampliar la cantidad de memoria hasta 32, 64 o incluso 128 Gbytes en el futuro cuando haya módulos con tal densidad. Observa la compatibilidad con módulos de 1,35V a 1,5V.

Asus OC Key

Asus acompaña junto a su propuesta el dongle OC Key, que permite monitorizar el sistema y hacer overclocking en tiempo real.

En cuanto a conexiones de red, lo ideal es tener dos conexiones Gigabit Ethernet. Los módulos WiFi no es extraño que estén presentes como opción. Estos son útiles, aunque si no se incluyen recuerda que es sencillo adquirir un adaptador WiFi USB en cualquier momento.

La BIOS es un elemento importante, aunque las diferencias tienden a minimizarse. Intel es el único en la comparativa que adopta una filosofía diferente al resto, con herramientas mucho más sobrias y hasta profesionales para la monitorización de la placa. Para un uso convencional, las nuevas BIOS UEFI son muy fáciles de usar y cómodas. Aunque, una vez pasado el proceso de puesta en marcha, lo más probable es que no vuelvas a entrar en la BIOS salvo para actualizarla o cuando amplíes o cambies algún componente del sistema.

El overclocking es otro factor que puede contribuir a inclinar la balanza hacia un modelo u otro de placa. Las herramientas para ello están presentes en todos los modelos, con variaciones. Lo más cómodo es usar un modo automático como el EasyTune de Gigabyte, o el Level Up de Asus, o el equivalente de MSI, OC Genie II. En este apartado, puedes optar por dejar que el sistema haga un ajuste automático usando la utilidad correspondiente, o bien embarcarte en la configuración minuciosa de la BIOS en busca de la combinación de parámetros perfecta. Al final, lo más probable es que optes por entrar directamente en la BIOS y prescindas de cualquier herramienta. Que las placas tengan puntos de medida de voltajes mediante polímeros o que ofrezcan optimizaciones para el uso de refrigeración extrema (nitrógeno líquido) son cualidades que suponen un aval para la electrónica, aunque de escasa utilidad práctica. Todos los modelos contemplan el uso de fases de potencia fiables y con una tolerancia elevada, eso sí.

Como decíamos, todas estas placas son buenas de partida, pero unas serán más convenientes que otras, desde luego. Diferencias hay y esperamos que esta comparativa sirva para arrojar un poco de luz sobre este tema.

Tarjeta placa base ASRock

La placa base de AsRock incopora la tarjeta propietaria Game Blaster, que, además de mejorar la calidad del audio, añade un puerto Ethernet y un par de salidas de sonido SPDIF (coaxial y ópticas).

Los componentes recomendados para una plataforma LGA2011

Este sistema es exigente y, para sacar el máximo partido a la inversión realizada, es conveniente no escatimar en gastos con el fin de conseguir los componentes óptimos. No se trata de derrochar, pero de poco sirve gastarse 800 euros entre el microprocesador y la placa si luego el cuello de botella está en la RAM o en el almacenamiento.

Así, la fuente de alimentación debe ser de alta potencia y alta eficiencia; el disipador puede ser líquido o de aire, pero ha de ser bueno; el disco duro, SSD a ser posible, y SATA 6 Gbps, mejor aún; y, en cuanto a la memoria, es mejor más cantidad que rapidez, salvo para técnicas de overclocking extremo donde no se pueda definir la velocidad de la RAM. Con una cantidad de memoria elevada, puedes configurar un disco RAM.

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