¿Cómo controlar el acceso de niños a Internet?

Resulta muy difícil, por no decir imposible, controlar el acceso de nuestros hijos a Internet. De hecho, ellos saben mucho más que nosotros de tecnología y acceden a cualquiera de los servicios que ofrece la Red con enorme naturalidad y facilidad

¿Cómo controlar el acceso de niños a Internet?

5 agosto 2009

LA OPINIÓN DEL EXPERTO

El problema no es tanto controlar su acceso como controlar el uso que hacen de ese acceso. Nosotros, en Adicciones Digitales, damos charlas en colegios e instituciones y lo que hacemos no es prevenir que los niños se conecten a Internet, algo por otra parte imposible, sino enseñar a sus padres a estar pendientes para que tengan las suficientes garantías de que sus hijos hacen un uso racional y razonable de la Red.

Es normal que un quinceañero se conecte al Messenger o al Tuenti, prácticamente todos los días, pero hay que evitar que esa conexión dure horas. Un rato no está mal. Por eso, en nuestras charlas lo primero que enseñamos a los padres es la diferencia entre uso, abuso y adicción a la tecnología. Algo sencillo de comprender.

Los chavales usan Internet cuando se conectan un rato para divertirse. Abusan si en vez de un rato están conectados varias horas, Y se hacen adictos de la tecnología si están siete horas siete días a la semana. Si lo trasladamos a la vida cotidiana, podemos decir que alguien hace uso del vino cuando se toma un vaso durante la comida, abusa de él si se toma siete botellas y es un adicto (un alcohólico, en este caso) si toma siete botellas todos los días.

La Red tiene muchas ventajas y muchos peligros. Hace unos meses escuchábamos atónitos que la hija de una concejal del PP en el ayuntamiento de Getafe había gastado más de 30.000 euros en descargarse una serie de televisión. No es la primera vez que lo oímos ni, desgraciadamente será la última.

Esto se habría evitado con un control responsable de la niña y sus actividades en la Red. Algo imposible de lograr si la adolescente tiene el ordenador en su habitación, porque no sabemos si a las cuatro de la madrugada estará durmiendo, navegando o descargándose cosas.

Nosotros intentamos que los padres puedan evitar errores garrafales y bienintencionados como los que ha cometido la citada concejala, de cuya honorabilidad no se puede dudar por esta situación, independientemente del uso que políticamente se quiera hacer de este suceso. Le podría haber pasado a cualquiera, del grupo popular o del socialista. Pero también es cierto que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Pero lo que está claro es que no podemos impedir a nuestros hijos que se conecten a Internet, porque puede hacerlo tanto dentro como fuera de casa. Si quieren conectarse sólo tienen que ir a un cibercafé, donde nadie les va a preguntar la edad. Y nosotros estaremos engañados pensando que nuestros hijos no usan la Web.

No obstante, si se conectan en casa hay algunas medidas que podemos adoptar, Por ejemplo los filtros. Las grandes operadoras de telefonía ofrecen un filtro a sus clientes, por un precio bastante razonable; unos 2 o 3 euros al mes. Se evita que descarguen determinadas páginas, pero no se soluciona el problema principal, que es el acceso a Internet. Además, los filtros son buenos pero no perfectos. A veces se cuelan cosas que los padres consideran que no deberían colarse, aunque son las menos.

Por eso, al final todo dependerá de la educación y formación que hayan recibido de sus padres y colegios. Eso de la libertad responsable es una verdad como un templo. Son ellos los que van a decidir el uso que hacen de Internet, y para ello es necesario que estén convenientemente formados. Es un trabajo duro, que no se hace en un día. La educación de nuestros hijos dura toda la vida, incluso aunque se hayan casado y nos hayan dado nietos.

Es importante que los padres conozcan el uso que se puede hacer, tanto positivo como negativo, de Internet, móviles, MP3 y MP4, PlayStation, videojuegos o redes sociales como Tuenti y Facebook. La última palabra siempre la van a tener ellos. ¿Les hemos preparado convenientemente?

Por Juan Manuel Romero, vicepresidente de Adicciones Digitales

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