Como estar en las nubes

Hace años se puso de moda el concepto de NetPC, una máquina con habilidades para conectarse a la Red y trabajar con los recursos on-line

Como estar en las nubes

20 noviembre 2008

En realidad, el concepto de cloud computing no es nuevo. En aquella primera intentona de popularizar los NetPC, la idea partía del concepto del acceso remoto a aplicaciones, una buena base, pero un tanto «bruta».

 

Acceder remotamente a un servidor de aplicaciones para «traer» un programa al ordenador local es una práctica que sólo encaja en escenarios concretos y, generalmente, en entornos empresariales con una infraestructura de red adecuada y donde hay que hacer muchos números para calcular si es más rentable instalar aplicaciones locales o centralizarlas en un servidor.

 

En la actualidad, este movimiento se fundamenta en ligeras pero importantes variaciones de ese primer concepto, como son los servicios on-line o las aplicaciones como servicio.

 

El ordenador cliente ya no es tan «tonto» como en el modelo originario y el trabajo de computación no se deja sólo en manos del servidor. Así, para leer el correo Hotmail, no hace falta arrancar una instancia de Outlook remotamente.

 

A cambio, se accede a una página web con elementos vivos y dinámicos que actualizan su contenido a través de peticiones al backend, que consiste básicamente en una base de datos junto con un sistema de almacenamiento capaz de albergar las cuentas de los cientos de millones de usuarios de Hotmail y un motor de ejecución dinámica de las instrucciones contenidas en las webs.

 

La idea es fantástica, pues el tráfico de datos a través de Internet se reduce infinitamente si se compara con la carga de mover una aplicación remota y el trabajo se reparte entre el ordenador local y el servidor. El precio del hardware se ha reducido en los últimos años, de modo que no es un problema integrar un procesador, disco o memoria medio decentes en un ordenador barato.

 

Los netbooks son el ejemplo más reciente, con precios en torno a los 400 euros, pero con prestaciones propias o, incluso, superiores a las de equipos de 2.000 euros de hace cinco años. Y, además, la infraestructura de red en Internet se ha visto mejorada.

 

La fibra óptica, la evolución de los sistemas de conmutación, el incremento de velocidad en los elementos básicos de las infraestructuras de red, la popularización de la banda ancha o el incremento exponencial de la capacidad de proceso de los servidores y la de almacenamiento junto con una mayor fiabilidad y menor coste son sólo algunos de los catalizadores que invitan a utilizarlos.

 

Migrando a la nube

Cuando se habla de tecnología, uno de los «palabros» que con mayor frecuencia se escuchan es «estoy migrando a la nube». De lo que se trata es de trasladar a Internet el peso de una tarea o de un servicio que antes se gestionaba de forma local en el PC.

 

Un ejemplo típico es el del correo, lo habitual es instalar un cliente como Outlook, The Bat o Windows Live Mail, configurarlo de acuerdo con los parámetros del servidor de correo y descargar los mensajes en el momento de lanzar la aplicación, siempre y cuando se esté conectado a Internet. Se necesita el ordenador, el programa, el espacio para almacenar los mensajes y la conexión.

 

Con Gmail o Hotmail, la situación cambia y se requiere un PC, pero vale cualquier equipo con un navegador. No es necesario espacio de almacenamiento local ni una aplicación concreta. Es más, ni siquiera se necesita un ordenador, pues cualquier dispositivo electrónico con cierta «inteligencia» es susceptible de incorporar un navegador.

 

En cuanto a la conexión de Internet, es el último escollo que se debe salvar antes de que estas migraciones se realicen de forma generalizada. Es cierto que la banda ancha está al alcance de muchos, pero la conectividad móvil aún presenta inconvenientes, como la cobertura, los precios para 3G o la lentitud en el despliegue de tecnologías alternativas como WiMax.

 

En cualquier caso, no es necesario ser consciente de que se está migrando a la nube. Miles de usuarios lo han hecho sin saberlo, gracias a la suave transición propiciada por el uso de los navegadores web, ya se trate de acceder a una página estática o a una dinámica, el usuario lo único que nota es un mejor servicio, mejor experiencia de navegación y más interactividad.

 

Qué se puede hacer

A pesar de que sea un fenómeno reciente, el número de aplicaciones y servicios que están disponibles on the cloud es elevado y con un grado de fiabilidad y respuesta notables. En cierto modo, a pesar de que ya se empieza a hablar de nubes privadas gestionadas de forma local para su uso en el seno de una empresa, exponer una aplicación on-line requiere de una infraestructura robusta.

 

Además, la selección natural juega un papel importante y, si se detectan irregularidades o fallos, los usuarios dejan de confiar en el proveedor. Apple, sin ir más lejos, se encontró con problemas a la hora de migrar su plataforma Mac a MobileMe, hasta el punto de extender el periodo de pruebas más tiempo del previsto ante la inestabilidad de aplicaciones, como el correo Push o el disco virtual.

 

Yendo al grano, y usando un navegador web sin más, uno puede instalarse en el limbo de Internet para gestionar correo, trabajar con aplicaciones ofimáticas, acceder a servicios de CRM, editar fotos y crear galerías multimedia, entre otros.

 

De hecho, a la vista de este repertorio, la equiparación del navegador web con un sistema operativo no parece tan descabellada. Los servicios que permiten personalizar la página de inicio con agregadores de noticias RSS son otra forma de migrar hacia la nube permitiendo que cada usuario confeccione su periódico con las fuentes de información que sean de su interés. Y si se extiende ese concepto al vídeo, se tienen también canales de TV o emisoras de radio. Microsoft, Google o Yahoo! cuentan con este tipo de páginas.

 

El capítulo del almacenamiento on-line, sin ir más lejos, prácticamente lo regalan como elemento de valor añadido. Asus, en la gama EeePC, ofrece espacio en línea para guardar archivos a los usuarios de sus netbooks. Microsoft ofrece de forma gratuita SkyDrive en el contexto de la plataforma Live. Amazon también cuenta con espacio para guardar archivos y Apple cuenta con iDisk. Las galerías de fotos son otro segmento popular, Picasa de Google es un buen ejemplo o el conocido Flickr, emparentado con Yahoo!

 

Nubes de tormenta

En cualquier caso, el uso cotidiano de «la nube» no es aún factible ni tan fiable y universal como debiera. La conectividad móvil no está tan extendida como sería deseable y las políticas de precios no son tan populares como muchos querrían, por lo que tan pronto como se sale de casa con un portátil, es necesario tener instaladas aplicaciones off-line locales para sincronizar con las aplicaciones que estamos tratando tan pronto como se vuelva a disponer de conexión.

 

Además, capítulos como la seguridad, la autenticación frente a los servicios on-line o la forma de pago de éstos junto con las arbitrarias políticas de precios son aún barreras que dificultan la estandarización de cloud computing. Los modelos de negocio aún no están definidos y, si bien la mayoría de los servicios y aplicaciones on-line son gratuitos o disponen de modalidades trial, muchos de ellos se convertirán en Premium o irán reduciendo las funcionalidades de las modalidades gratuitas.

 

Y, de momento, el apartado de la autenticación es bastante incómodo. Cientos de nombres de usuario y contraseña se acumulan en hojas de cuadernos para evitar olvidarse de estos datos y hacer uso de las distintas «nubes» a las que se está suscrito.

 

Nuestra selección

En la tabla adjunta (ver PDF), encontraréis una serie de servicios cloud computing globales que son los más conocidos y con mayor número de usuarios, pero que no han sido valorados por nuestro Laboratorio, como hacemos habitualmente en nuestras comparativas, por considerar que no se puede hacer una evaluación objetiva de los mismos, al tratarse de aplicaciones que, en su mayoría, están en fase de pruebas y sufren una evolución constante que modifica sus características y presentación.

 

Hemos sido prudentes y hemos preferido esperar a que el concepto de The Cloud esté lo suficientemente consolidado como para meternos de lleno en una comparativa.

 

Qué se necesita

El centro de operaciones es el navegador web y, de hecho, Google lo ha demostrado con Chrome, un browser diseñado para trabajar con aplicaciones y servicios web más que para deslumbrar con sus características visuales o interfaz. Cada pestaña es tan austera como veloz, con una arquitectura excelente en cuanto a estabilidad, pues se ejecuta como un proceso independiente, de modo que un «cuelgue» en el Flash de una instancia no supone que haya que cerrar todas las ventanas.

 

De este modo, Google toma la iniciativa por delante de Microsoft con IE7/IE8, o Apple con Safari, o incluso Mozilla con Firefox. Es más, ya hay quien equipara a Chrome con un sistema operativo específico para cloud computing. Y, realmente, si en un momento dado se embebe en un dispositivo electrónico con una CPU, almacenamiento y electrónica de entrada/salida y conectividad, se podría trabajar ya con un buen número de aplicaciones ofimáticas (Google, Zoho o Microsoft), multimedia (YouTube, Microsoft, Yahoo! o ABC), de diseño (Adobe), CRM (SalesForce), almacenamiento (Amazon o Microsoft), correo, etcétera.

 

También se necesita una identidad, preferiblemente la verdadera, para autenticarse frente al servicio o la aplicación de que se trate. No sólo como medida de seguridad, sino también para permitir la personalización del servicio de acuerdo con perfiles individualizados.

 

Del lado de la nube, se precisan servidores que reciban las peticiones de los usuarios y las gestionen. Además de las bases de datos, éstos tienen que saber interpretar instrucciones de lenguajes de programación específicos para Internet. Las tecnologías web permiten ofrecer interfaces de usuario dinámicas y muy rápidas embebidas en los navegadores empleando Adobe Flash, Silverlight de Microsoft, JavaScript, PHP, Ruby on Rails o AJAX.

 

Al escribir el nombre de una página en el navegador, se accede al servidor donde está almacenado el código HTML, junto con pequeños programas que, al ejecutarse, al hacer un clic sobre un botón o al pasar el puntero sobre una imagen o un elemento activo, dan dinamismo a las páginas. No se necesita que el servidor esté ejecutando constantemente esos programas, sólo tener en activo los intérpretes de esos lenguajes de programación.