Conoce toda la verdad sobre consumo energético

Algunos de los equipos electrónicos que solemos usar a diario consumen mucha más cantidad de energía de la que pensábamos. Te demostramos con pruebas reales cuánta energía necesitan equipos informáticos y de entretenimiento en el hogar

Conoce toda la verdad sobre consumo energético

16 abril 2009

En la parte trasera o inferior de cualquier aparato suele indicarse el voltaje admitido para funcionar, así como el consumo eléctrico que precisa dicho equipo medido en amperios o vatios. En multitud de equipos eléctricos, como pueden ser un microondas, radiadores o un secador de pelo, la potencia consumida nos indica el nivel de prestaciones que ofrece.

En el caso de los electrodomésticos, es este consumo el que da lugar a las diferentes categorías de eficiencia energética (de la A a la G), indicando lo eficientes que son unos y otros al realizar una misma tarea determinada con diferentes cantidades de energía.

Hablando de la informática, los ordenadores son un caso un tanto especial, pues su consumo varía considerablemente durante su uso normal. Aunque era algo que ya sospechábamos, durante nuestras pruebas, pudimos comprobar que no tiene nada que ver el consumo de cualquier PC encendido y con el sistema operativo cargado (sin ejecutar ninguna aplicación) a poner en funcionamiento algún software con altos requerimientos de potencia, como puede ser un juego de última generación.

Esto es algo que podemos extender a los televisores de plasma, donde se producen importantes variaciones de consumo según el tipo de imagen y luminosidad de la misma. Una cuestión que va relacionada directamente con la propia tecnología de esta clase de televisores, que, a diferencia de los equipos LCD, ilumina cada píxel por separado. De esta forma, el consumo crece exponencialmente cuando se han de mostrar imágenes muy luminosas, y disminuye muy considerablemente cuando la pantalla está oscurecida o en negro.

Cómo registramos los consumos de los equipos

En las tablas adjuntas podréis encontrar la información de consumo de nada menos que 38 equipos electrónicos e informáticos que, por practicidad, hemos dividido en dos tablas: una con equipos informáticos y periféricos y otra con sistemas de entretenimiento en el hogar.

Salvo en el caso de Apple, que es un mundo aparte, hemos obviado las marcas comerciales de los equipos, aunque se trata de empresas de renombre, líderes en cada sector, de los que hemos escogido modelos representativos y bastante estandarizados.

A diferencia de otros pruebas que realizamos en el Laboratorio, donde el nivel de recursos técnicos es elevado, en este caso las pruebas han sido realmente sencillas y accesibles. Hoy día, en grandes superficies y ferreterías podemos encontrar vatímetros para el hogar con precios que rondan los 20 o 30 euros.

La idea de esta clase de equipos es controlar el consumo de aparatos de uso común, justo lo que nosotros andábamos buscando. Por ello, a pesar de tratarse de un equipo de mediana calidad, ofrece una precisión más que suficiente para cubrir nuestro objetivo.

A partir de ahí, tan solo tuvimos que medir los consumos en tres estados diferentes: apagado, con el aparato encendido pero sin realizar tarea alguna y con el dispositivo conectado y funcionando a pleno rendimiento. Donde se ve más claramente estos estados es en un ordenador: apagado supone que el PC está conectado a la red eléctrica, pero los discos, unidades, placa base y demás elementos parecen estar totalmente desconectados y sin indicio alguno de funcionamiento.

Encendido, pero en espera, es cuando el ordenador ha sido puesto en marcha, ha cargado el sistema operativo Windows y simplemente permanece a la espera de que hagamos algo con él mostrando el escritorio. El último estado, el de funcionando a máximo rendimiento, es el que se produce cuando estamos exprimiendo al máximo las prestaciones del equipo con toda su potencia gráfica y de cálculo, como podría ser un juego de alta carga gráfica. En este último caso, optamos por ejecutar 3DMark 06 y medir el consumo durante dicha prueba.

Otros detalles importantes

En el caso de los televisores, las pantallas TFT y otros equipos, las dos últimas cifras son idénticas, pues siempre que están encendidos están realizando la tarea para la que fueron diseñados sin distinción del nivel de uso. Por otra parte, resulta curioso el caso de pequeños sistemas, como los routers ADSL, punto de acceso WiFi o sintonizador TDT, cuyas diferencias de consumo entre permanecer apagados en espera y estar funcionando normalmente son mínimas.

La razón hemos de buscarla en los alimentadores o transformadores que utilizan que, aunque sin ni siquiera estar conectados, siguen consumiendo energía. Esto es algo que se aprecia claramente en los portátiles, cuyos alimentadores consumen electricidad incluso cuando no están conectados al ordenador.

Cómo calcular el coste final

Durante las pruebas trabajamos con una unidad de potencia llamada vatios. Ahora bien, si queremos saber qué supone un consumo determinado para nuestra factura eléctrica, hay que realizar unos sencillos cálculos. Lo primero, será convertir la unidad en kW (kilovatios), para lo que basta dividir la cifra por 1.000. A continuación, multiplicaremos el resultado por el número de horas que el aparato está en funcionamiento.

Tras esto, hallar el coste de mantener un aparatado encendido durante un tiempo determinado será cuestión de multiplicar el número de kW obtenidos, por el precio del kWh vigente en nuestra factura eléctrica.

Por poner un ejemplo, si un dispositivo consume 200 vatios, y lo tenemos encendido 24 horas, al cabo de ese tiempo habrá consumido 4,8 kWh (200/1000= 0.2 kW, y 0,2 x 24 horas = 4,8 kWh en ese intervalo). Pues bien, si tomamos que el precio del kWh para una vivienda con la Tarifa General 2.0.2 (entre 2,5 y 5,5 kW de potencia) es de 0,112480 € durante el 2009, el coste total de haber tenido ese aparato durante 1 día completo será de 0,54 € (4,8 x 0,092834).

Aun así, mucho ojo, porque a ese coste la compañía eléctrica le sumará el alquiler del contador, un coste fijo por la potencia contratada y una serie de impuestos sobre la energía que harán fluctuar ese precio al alza.

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