El derecho de todos a encontrar

Aprovechamos estos meses vacacionales para recopilar las contribuciones a PCA de uno de los indiscutibles amos de la blogosfera hispana: con ustedes, la dosis diaria de Javier Candeira, uno de los principales artífices de Barrapunto

El derecho de todos a encontrar

27 julio 2008

LÓGICA DISCRETA (#182, FEB2006)

Hay quien se pega por salir en Google, y quien se pega por no salir, lo cual demuestra que la naturaleza humana es muy variada. Tomemos por ejemplo a los SEO u optimizadores de resultados en buscadores. Miles de sitios web les pagan para que sus espacios aparezcan en mejor lugar en determinados motores, por lo general en Google.

 

Muchos SEO (Search Engine Optimization) son legales y honestos, y simplemente mejoran la calidad de la información de los sitios web de sus clientes. Al conseguir que éstos estén mejor colocados en los buscadores, están contribuyendo al mejor funcionamiento de los mismos, y con ello al bien común. Pero muchos otros se dedican simplemente a fabricar las llamadas «granjas de enlaces», descampados digitales desprovistos de ningún contenido y cuyo único objetivo es engañar a los algoritmos de Google y otros buscadores para conseguir relevancia para ellos mismos y para los sitios de sus clientes de pago.

 

Resulta que también hay quienes no quieren que el buscador les indexe. Me refiero a los gremios de editores y de autores norteamericanos, que intentan evitar en los tribunales que Google indexe los contenidos de sus libros. Google Book Search permitiría hacer exactamente lo que dicen las palabras inglesas que dan nombre al proyecto: buscar en el contenido de los libros de papel del mismo modo que ahora se puede en las páginas web, algo que parecería magia si no supiéramos que la tecnología es mejor aún que la magia, porque funciona.

 

No obstante, para poder hacerlo, Google tendrá primero que ganar una batalla en los tribunales. En descargo de la reputación de autores y editores norteamericanos, diré que esta oposición no es completa, ni mucho menos: son sólo unos cuantos editores (los más poderosos) y el retrógrado Author’s Guild quienes se oponen a un proyecto tan mágico como Google Book Search. Pero para poder buscar en el interior de los libros primero hay que digitalizarlos, y hacerlo equivale a hacer una copia, algo que según los detractores del proyecto está prohibido por la ley de derechos de autor.

 

Nada más lejos de la realidad: la legislación norteamericana y del resto del mundo prevén todo tipo de excepciones a los derechos de autor, y el buscar dentro de un libro para poder encontrarlo a partir de sus contenidos es una de ellas. El proyecto de Google no planea ofrecer el texto completo de estos libros, sino sólo el párrafo donde se encuentran los términos buscados y su localización en las bibliotecas o librerías donde el interesado puede obtenerlos. Cualquier autor o editor debería estar contento de que sus lectores tengan a su disposición una herramienta que sólo puede aumentar las lecturas, y por lo tanto las ventas. Aun así, sus respectivos gremios se oponen.

La excusa que se ofrece es el sagrado derecho de los autores. La verdadera razón por la que algunos editores se oponen es porque Google podría obtener beneficios económicos del servicio. Celosos del desembolso que puede suponer, están dispuestos a cortar de raíz un proyecto tremendamente útil para todos (para los lectores, para los autores y para ellos mismos) sólo porque no salen beneficiados directamente, a pesar de que sí lo serían de forma indirecta. En algo se parecen, pues, algunos de los que quieren que su trabajo salga en los buscadores a toda costa y de los que no desean que aparezca: en que no tienen escrúpulos y su egoísmo les hace pensar que su derecho sobre lo que la gente puede encontrar usando Google es mayor que el derecho que tienen los ciudadanos a encontrar lo que buscan.