Comparativa

Discos duros externos de última generación

El estándar USB 3.0 ya se ha asentado en el mercado, mientras que los discos Thunderbolt siguen llegando con cuentagotas. Te ayudamos a escoger la unidad perfecta para ti entre las seis analizadas

Alberto Castro Gallardo

Apertura discos duros externos

10 marzo 2014

Con velocidades hasta diez veces mayores que las de su predecesor, el estándar USB 3.0 ya se ha asentado por completo en el mercado, mientras que los discos con conexiones Thunderbolt siguen llegando con cuentagotas. Te ayudamos a escoger la unidad perfecta para ti entre las seis analizadas.

Las memorias Flash y los discos externos se han convertido en parte indispensable de nuestro día a día, y sus capacidades no dejan de aumentar. Bien sea para almacenar todo tipo de archivos o para realizar copias de seguridad, es inconcebible no disponer al menos de uno de estos dispositivos. Mientras que los pendrives parten ya de tamaños mínimos de 4 Gbytes hasta alcanzar los 64 Gbytes, es posible encontrar discos duros desde 500 Gbytes de capacidad hasta 2 Tbytes.

Pero la verdadera ventaja de los últimos modelos son las interfaces de alta velocidad, que vienen a superar los inconvenientes de generaciones anteriores. Si con USB 2.0 se producía un cuello de botella que impedía, en el mejor de los escenarios, superar los 30 Mbytes/s, con la llegada de USB 3.0 podemos rondar los 100 Mbytes/s, con lo que se abre un nuevo horizonte de posibilidades (como instalar un sistema operativo independiente en ellos para utilizar junto a software de virtualización, por ejemplo).

Puertos USB 2.0 y USB 3.0

• Para distinguir entre un puerto USB 2.0 y uno 3.0, basta con fijarnos en su color. El azul se corresponde con el nuevo estándar.

En el ámbito profesional, Thunderbolt está llamado a ser el futuro estándar. Aunque los precios de los periféricos (e incluso del cable necesario) siguen siendo muy elevados y todavía hay pocos ordenadores que dispongan de tal conexión (los Mac de Apple y algunos Ultrabooks), los 20 Gbytes/s bidireccionales que traen consigo y la posibilidad de encadenar dispositivos sin tener que repartir el ancho de banda disponible son razones de peso para apostar por esta nueva interfaz. Es más, incluso existen monitores que podemos conectar vía Thunderbolt y, desde ellos, enchufar otros aparatos como si lo hiciésemos directamente a través de la entrada principal.

Compatibilidad hacia atrás

No obstante, aunque USB 3.0 sea claramente más lento, la retrocompatibilidad con los anteriores estándares USB juega claramente a su favor; y es que poder conectar estos nuevos discos a un puerto de un equipo antiguo es algo a tener en cuenta. De hecho, este es uno de los motivos que explican la práctica extinción de eSATA pocos años después de implementarse en los nuevos ordenadores, con la intención de sustituir al limitado USB 2.0.

Pero que USB 3.0 alcance velocidades máximas teóricas de 400 Mbytes/s frente a los 300 Mbytes de eSATA ha supuesto la estocada definitiva. En cuanto al precio, la diferencia entre el viejo y el nuevo estándar es pequeña, y en consecuencia los principales fabricantes ofrecen ya únicamente discos con conexión USB 3.0, quedando USB 2.0 relegado a productos descatalogados.

En el caso de que nuestro ordenador no sea de última generación y no dispongamos de un puerto de alta velocidad, tampoco hay de qué preocuparse. Si tenemos un PC de sobremesa, podemos optar por una controladora USB 3.0 PCI Express e instalarla en el interior de la caja. Nos costará poco más de 15 euros y pasaremos a disfrutar de un mayor ancho de banda sin dificultades.

ExpressCard a USB 3.0

• Para portátiles antiguos con ranura ExpressCard, tenemos la posibilidad de adquirir un adaptador USB 3.0 y disponer así de un par de puertos de este tipo.

En el caso de que queramos hacer lo mismo con un portátil, las opciones se reducen, ya que deberemos contar con una ranura ExpressCard en la que insertar la tarjeta de expansión (con un precio aproximado de unos 20 euros). Y además también podemos reconvertir discos antiguos a la nueva interfaz USB 3.0, haciéndonos con una carcasa dotada de tal conexión. De esta forma, aprovecharemos discos internos que ya no utilicemos y no tendremos que gastar mucho.

Tipos de disco

La variedad de discos externos existente en el mercado es enorme. A grandes rasgos, lo primero que deberemos decidir es si preferimos uno portátil (de 2,5”) o de sobremesa (3,5”). Los primeros, aunque son más frágiles, tienen la gran ventaja de no requerir de fuente de alimentación externa y se alimentan directamente a través del puerto USB (algunos modelos pueden requerir un cable en forma de «Y», que deberemos conectar a dos puertos a la vez). Por su parte, los de sobremesa sí que hay que enchufarlos a la red eléctrica, pero a cambio son más fiables y, sobre todo, más rentables, ofreciendo un mayor número de gigabytes a un precio sensiblemente inferior.

Recientemente, ha surgido otro campo de elección adicional: discos duros físicos frente a los modernos, rápidos y eficaces discos de estado sólido (SSD). En ellos, el tiempo de acceso es prácticamente instantáneo, y su gran ventaja es el rendimiento que proporcionan si instalamos en ellos el sistema operativo. Por ello, y por sus todavía disparados precios, tienen más sentido como unidades internas (a menudo complementadas por otro disco tradicional en el que almacenar el resto de archivos), pero ya hay fabricantes que los venden en formato externo. Aparte de ser más ligeros y pequeños (1,8"), su durabilidad es mucho mayor, pues apenas existe riesgo de que se estropeen o de que se corrompan nuestros archivos si sufren un golpe en funcionamiento, al no tener partes mecánicas en su interior (sino memoria Flash NAND).

Por último, existe otra alternativa disponible tanto en discos portátiles como de sobremesa: la capacidad de reproducir contenido multimedia y conectarlos directamente al televisor. Se trata, sin duda, de una opción muy cómoda para ver y grabar películas, e incluso existen modelos dotados de conectividad WiFi para mover archivos entre ellos y no tener que estar conectándolos intermitentemente al ordenador o a la tele.

Costes reales

Al margen de los formatos de disco existentes, conviene prestar especial atención a un factor adicional: la relación euro/gigabyte. Lo habitual es que cada modelo esté disponible con distintas capacidades de almacenamiento (caso de los seis que hemos analizado en esta comparativa), con lo que además de escoger el que mejor se adapte a nuestras necesidades concretas, puede que nos interese hacernos con uno de mayor tamaño y amortizarlo a corto plazo.

Actualmente, los de 1 Tbyte son los que mejor ratio precio/almacenamiento ofrecen, siendo todavía los de 2 Tbytes algo caros en comparación. De igual modo, siempre acaba cumpliéndose una vieja ley: a medida que pasan los meses, el precio del disco de menor tamaño no baja, sino que los fabricantes pasan a ofrecer una capacidad superior a un coste similar como punto de partida.

Docks intercambiables, el próximo paso

Quienes en su momento adquiriesen un disco externo eSATA o FireWire posiblemente se sientan frustrados por su escasa penetración en el mercado, y ahora, al tener que escoger entre USB 3.0 y Thunderbolt, temen repetir el error. Por suerte, el próximo paso en discos externos amplía nuestra capacidad de elección y, lo más importante, sin tener que desechar ninguna alternativa.

Verbatim Store'n'Go USM

Gracias al sistema Universal Storage Module (USM), podemos reemplazar cómodamente el frontal de un disco y disponer así de una conexión USB 3.0, Thunderbolt, FireWire o eSATA a nuestro antojo. Uno de los primeros modelos en llegar a las tiendas es el Verbatim Store’n’Go USM, disponible a un precio de 109 euros con 500 Gbytes de capacidad (o 149 euros con 1 Tbyte).

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