Mi empresa soy yo

Todos conocemos grandes empresas en Internet: Yahoo!, Google, Amazon. También están los pequeños weblogs... que no ganan dinero. En la calle existen El Corte Inglés y Decathlon, pero también hay pequeñas tiendas. ¿Existen los pequeños negocios en Internet?

Javier Candeira

Mi empresa soy yo

30 noviembre 2010

Todos conocemos grandes empresas en Internet: Yahoo!, Google, Amazon. También están los pequeños weblogs... que no ganan dinero. En la calle existen El Corte Inglés y Decathlon, pero también hay pequeñas tiendas. ¿Existen los pequeños negocios en Internet?

Resulta que no solo existen, sino que son cada vez más fáciles de poner en pie, o al menos más baratos. La Ley de Moore y sus corolarios hacen que se pueda tener un servidor propio conectado a Internet por 20 euros al mes. La productividad de los modernos frameworks de programación en web hace que un solo programador pueda sacar adelante un sitio web y mantener a la vez la parte del negocio. Las herramientas de analítica y seguimiento también facilitan y automatizan el marketing y la planificación de la empresa. Estos son los recursos con los que cuenta una generación de «nativos de Internet» que ha crecido con el medio.

Nada más lejos del modelo de los años 90, construido sobre el capital de riesgo y las estructuras empresariales «pesadas». El capital de riesgo no es necesario, porque el punto crítico del desarrollo no es el dinero, sino el talento y el interés. Para la mayor parte de los negocios, basta con una o dos personas, una idea y el arranque necesario.

Giles Bowkett, un programador de Ruby convertido en evangelista de este tipo de negocios, señala que el capital de riesgo representa para él «un sustrato de la sociedad en el que la gente parece empeñada en creer que es imposible establecer negocios simples, rentables y de mínimo esfuerzo, y que es necesario lanzar experimentos de alto riesgo y alto esfuerzo». Pero sí que es posible.

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El ejemplo de DuckDuckGo, un motor de búsqueda creado y mantenido por una sola persona, puede que no sea el más accesible para cualquiera, y además todavía no es rentable, así que veamos otro: el de un sitio de contactos personales con 10 millones de dólares anuales en ingresos (más de 7.718.840 euros) y un solo programador/administrador de sistemas. En 2003, Markus Frind creó PlentyOfFish, un sitio de encuentros personales, que mantuvo él solo durante varios años. Frind no dejó su empleo hasta 2004, cuando su pequeño producto le reportaba 4.000 dólares al mes (más de 3.000 euros). Y la empresa seguía siendo él y cero inversión externa. Tardó casi tres años en contratar personal y aún hoy, con sus 11 millones de usuarios, la empresa solo tiene tres empleados, que se dedican a la atención al cliente, mientras que él se ocupa de toda la programación y mantenimiento del sitio.

Ya hemos hablado aquí de Patrick McKenzie y cómo montó BingoCardCreator por las noches, mientras de día trabajaba en una empresa de ingeniería japonesa. Como su empleo le ocupaba mucho tiempo, solo dedicaba cinco horas a la semana a su proyecto, así que se vio oblidado a trabajar bien en vez de mucho. Pero también podía mantener su negocio a un coste bajísimo, y ser rentable en condiciones que serían imposibles si hubiera tenido inversores de riesgo detrás.

Mejor paro ya. Parezco un telepredicador prometiendo riquezas instantáneas. No es así; ser empresario es difícil, y la mayoría de las empresas fracasan. La lección que nos enseñan McKenzie y Frind no es que las empresas de Internet sean un camino de rosas. La lección es que todo el dinero invertido en hacer de Internet un producto comercial ha acabado por reducir la necesidad de esas grandes inversiones. Basta ser un tipo con ideas, arranque y el tiempo que otros gastan en ver la tele después del trabajo.