Empresas: Lo más preciado de Panda

En el cogollo financiero y comercial de Bilbao, los chicos de bata blanca de Panda Software realizan una dura labor: ¡enfrentarse al malware con sus mismas armas! Más de 300 códigos maliciosos son enviados a diario.

Empresas: Lo más preciado de Panda

28 noviembre 2006

En las dependencias de PandaLabs, un número indeterminado de entomólogos digitales a tres turnos detectan, examinan, diseccionan, cauterizan y extraen la vacuna oportuna que anule el poder maligno de virus, gusanos, troyanos y otras especies devoradoras de bytes.
El laboratorio de Panda en Bilbao ocupa una planta entera. Grandes pantallas TFT reflejan el parte de guerra segundo a segundo: gráficos, mapas, rankings, titulares… todo un mundo monitorizado que da una idea de la actividad del malware en Internet y que avisa de cualquier cambio o eclosión anormal. Así, una sirena luminosa en el techo avisa cada vez que salta la alarma en algún punto del planeta.
La sala de trofeos tiene varias columnas blancas con los nombres escritos de los virus que han sido capturados todo este tiempo.

El laboratorio está estructurado en cuatro departamentos complementarios: vigilancia,
detección y desinfección, clasificación y entregables. No se solapan, pero exigen un gran esfuerzo de coordinación. Luis Carrons, director del PandaLabs, es un joven vasco con raíces valencianas de apenas 30 años, pese a lo cual lleva ya siete en la compañía, donde empezó en el soporte internacional.

El nivel de sofisticación y automatización del
PandaLabs es increíble. «Antaño, los técnicos hasta tenían tiempo de contestar uno a uno los correos que recibíamos. Ahora solo miran ficheros y series de líneas de código», explica Luis. Como joya de la corona, los chicos del «labo» están muy mimados y bien tratados. «Todas las partes de la empresa son importantes, pero nosotros constituimos el business core, los que estamos siempre al pie del cañón. Aquí la media de edad baja hasta los 27-30 años. El título académico no lo miramos tanto. Hay desde ingenieros hasta autodidactas, lo único que pido es que me pueda fiar de ellos».