Equipos con los últimos microprocesadores de Intel

Nehalem supuso un gran avance frente a la microarquitectura Intel Core original, aunque en sus primeras materializaciones comerciales su precio era demasiado alto para llegar a todos los usuarios. Esta situación ha cambiado

Manuel Arenas

Equipos con los últimos microprocesadores de Intel

22 marzo 2010

Nehalem forma parte del meticuloso roadmap de Intel en lo que a la tecnología de sus procesadores se refiere. La microarquitectura Core fue implementada sobre la tecnología de fabricación de 65 nm en primer lugar; posteriormente se extinguió con la de 45 nm y convivió con la arquitectura Nehalem durante unos meses, hasta que se produjo el salto a la tecnología de fabricación de 32 nm una vez que se perfeccionaron los métodos productivos y se afianzó la arquitectura.

De este modo, Intel consiguió que no coincidiesen al mismo tiempo un cambio de arquitectura y la implantación de una nueva tecnología de fabricación. Así, si algo va mal, siempre hay un producto exento de problemas en el mercado. Los cambios simultáneos de arquitectura y tecnología son un riesgo demasiado grande para asumirlo, y la historia está salpicada de pequeños o grandes desastres relacionados con esta simultaneidad. El último y más reciente está en proceso de resolución por parte de NVIDIA, que tiene que lanzar el chip G300 con una tecnología prácticamente desconocida de 40 nm.

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Bloomfield, Lynnfield & CIA

La arquitectura Nehalem es muy flexible en lo que concierne a la disposición interna de sus componentes. Básicamente diferencia con claridad los núcleos propiamente dichos y los demás componentes: el controlador de memoria, la gestión de la energía y las entradas y salidas, entre otras atribuciones. Así, Intel puede mantener la arquitectura Nehalem y, a la par, modificar el comportamiento del procesador como conjunto sin necesidad de realizar cambios dramáticos en el chip.

La primera implementación de Nehalem fue Bloomfield, con cuatro núcleos, controlador de memoria de triple canal y conexión QPI para «hablar» con el chipset y otros componentes de entrada/salida externos. Con tres canales de memoria y el enlace QPI, el número de pines en el chip y el zócalo subió de 775 en los procesadores Core 2 Duo y Quad a 1.366 pines. El chipset era el X58 y las placas base aumentaron su complejidad debido, precisamente, al elevado número de patillas y las exigencias del PCB (placa de circuito impreso) a la hora de implementar hasta seis zócalos de memoria DDR3.

Lynnfield mantiene los cuatro núcleos y los 45 nm (de momento), pero tiene dos canales de memoria DDR3, prescinde del enlace QPI y añade una interfaz PCI Express. El balance de pines ha dado lugar a un zócalo de 1.156 contactos y una menor complejidad para los fabricantes de placas base. Además, el chipset se reduce a la mínima expresión sin más que ver que PCI Express se ha movido a la CPU. El nuevo chipset es el Intel P55, y los nuevos procesadores son los Core i5 750, Core i7 860 y Core i7 870. De momento se mantienen los procesadores Core i7 9xx dentro de la gama alta para entusiastas.

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Energía optimizada

Los Lynnfield exhiben un TDP de solo 95 vatios frente a los 130 vatios de los Bloomfield. De este modo, se abren las puertas a soluciones de refrigeración menos aparatosas e, incluso, a la aparición de procesadores Core i7 para ordenadores portátiles (la familia Clarksfield). Además, se deja el camino listo para la integración de gráficos en el propio procesador en los chips con tecnología de fabricación de 32 nm previstos para el año próximo, algo que, por otra parte, con la integración de PCI Express en el micro podemos considerar un paso natural y lógico.

Clarkdale será el nombre de batalla para los procesadores de sobremesa Nehalem de 32 nm, mientras que Arrandale será la denominación de los procesadores específicos para el segmento de la movilidad con gráficos integrados en el propio procesador. En 32 nm, más adelante, se empezarán a implementar procesadores con la arquitectura siguiente a Nehalem, que ya tiene nombre y se denomina Sandy Bridge. Así pues, Lynnfield supone un avance importante como precursor de un nuevo concepto de integración donde tanto los gráficos como el controlador de memoria estarán dentro de la CPU.

De momento, con 95 vatios de TDP, Lynnfield tiene la oportunidad de mostrar el potencial de su electrónica de control de la energía: la característica Turbo Boost permite aumentar la frecuencia de reloj del procesador dependiendo del número de núcleos activos. A menos núcleos, más margen hay para aumentar la frecuencia del procesador sin que el TDP supere sus límites de seguridad. Además, tenemos que recordar que Nehalem contempla la desactivación total de los transistores que no estén en uso de una manera absolutamente dinámica que no perjudica ni ralentiza el funcionamiento de la CPU.

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Para todas las audiencias

Además de las ventajas tecnológicas que conlleva su adopción, Lynnfield permite abaratar el precio de los equipos que lo integran. Tanto las placas con chipset Intel P55 como los propios procesadores son más baratos que los anteriores Core i7 9xx con el chipset Intel X58, y también hay un ahorro en la memoria al emplear dos canales en vez de tres. Eso sí, la compatibilidad con DDR3 se ha extendido de 1.066 a 1.333 MHz de manera oficial (extraoficialmente podía llegar a DDR3 2.133 MHz mediante perfiles XMP u overclocking clásico).

Los equipos de esta comparativa son una muestra de este acercamiento de los precios a las economías de audiencias más amplias que en la generación anterior de Nehalem. No se trata de configuraciones ultrabaratas, pero sí asequibles y sensatas que no atacan audiencias extremas ni jugones. El procesador Core i7 870 sí está dentro de este último perfil, pero tanto el Core i5 750 como el Core i7 860 permiten construir configuraciones con precios sensatos y equilibrados que proporcionan un incremento sustancial de rendimiento frente a los modelos Core 2 Duo y Quad sin que haya que hipotecarse aún más. Gráficos «normales» o componentes de gamas medias entran ya dentro de lo habitual en esta gama, donde se busca más al comprador medio que a la élite.

Estas seis propuestas de otros tantos fabricantes permiten examinar la oferta actual de equipos basados en Lynnfield. Ya se trate de modelos Core i5 o Core i7, lo esencial es evaluar el equilibrio de su configuración entre precio, rendimiento y posibilidades de expansión. El rendimiento de estos procesadores permite hablar de expansiones futuras para amortizar la inversión más que de configuraciones ideadas para ser usadas durante un tiempo y luego cambiadas completamente por otras. La vida útil de un equipo con Lynnfield será de unos tres años al menos, y durante este tiempo tanto los gráficos, como el almacenamiento o la conectividad evolucionarán notablemente. Incluso la capacidad de la memoria principal se podrá mejorar hasta límites tan exagerados aparentemente como 16 Gbytes empleando 4 módulos de 4 Gbytes cada uno, por ejemplo.

En la actualidad, 8 Gbytes no son una cantidad descabellada si tenemos en cuenta los precios de los módulos de memoria DDR3 de 2 Gbytes. Por su parte, los discos SSD se harán más populares en los próximos años, y los gráficos DirectX 11 prometen acelerar no solo los juegos, sino también las aplicaciones de propósito general a modo de ayuda y refuerzo de la CPU principal.

La opinión de PC Actual: para cualquier tipo de usuario

Los seis equipos analizados son representativos de la oferta actual de ordenadores con procesadores Lynnfield. Desde los modelos aptos para usuarios «de a pie», que no se preocupan especialmente por la tecnología empleada siempre y cuando el rendimiento sea bueno sin que el precio se dispare, hasta los especialmente preparados para satisfacer a los usuarios más exigentes que saben perfectamente lo que quieren, incluyendo futuras ampliaciones para mejorar aspectos concretos de rendimiento cuando la tecnología adecuada esté disponible a un precio igualmente conveniente.

Medion o Ahtec pertenecen al primer grupo, con procesadores Core i5 que combinan buen rendimiento con un precio comedido. Mountain hace un excelente trabajo con un equipo preparado para rendir muy bien desde el primer momento y para aceptar ampliaciones en el futuro sin problemas de espacio o de energía, con la fuente de alimentación Antec de 500W certificada 80 Plus. Además, la placa base Asus con overclocking asistido mediante hardware hace posible aumentar aún más el rendimiento de partida potenciado por el RAID 0 de 1 Tbyte.

Phoenix también entra en esta categoría de producto, aunque con un procesador Core i5 como punto de partida en vez del más solvente Core i7. Su placa base Gigabyte está al mismo nivel que la Asus, incluyendo las tres ranuras PCI-E x16 para gráficos, aunque el overclocking es menos inmediato. La fuente es de 720 W, aunque en principio no está certificada como 80 Plus y tiene dos raíles de 12 V y dos conectores específicos para tarjetas gráficas, por lo que es complicado usar realmente toda su potencia nominal.

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La configuración de Packard Bell es también muy interesante y competitiva. No está indicada para ampliaciones extremas, pero es un equipo doméstico casi perfecto y pensado para encajar en cualquier lugar de la casa sin problemas. Memoria suficiente, capacidad de almacenamiento elevada, una fuente competente y conectividad todo terreno hacen de este ordenador una especie de navaja suiza. El equipo Visa es un poco el más desubicado, con una configuración que podría definirse como asimétrica. Sobre todo, necesita una ampliación de la cantidad de memoria, que en la configuración base es de solo 2 Gbytes.

Así pues, podríamos decir que si eres de los que no van a abrir el ordenador nunca, el equipo de Packard Bell sería una buen propuesta con el permiso de Medion y Ahtec. Para los usuarios avanzados, Mountain tiene más puntos a favor, aunque Phoenix también tiene un potencial notable. Visa va un tanto por libre., aunque no es complicado compensar sus altos y bajos.

Lo mejor: rendimiento elevado con 64 bits

La arquitectura Nehalem ya no es patrimonio de unos pocos. Con los procesadores Core i5/i7 Lynnfield, los precios de los equipos ya no son prohibitivos. Además, las configuraciones parten en la mayor parte de los casos de 4 Gbytes de RAM y no es complicado encontrar 6 o incluso 8. Con esta cantidad de memoria, lo lógico es que las versiones de 64 bits de Windows 7 se conviertan en el estándar de facto. No en vano en cinco de los seis equipos se instalan versiones de 64 bits.

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Lo peor: la fuente de alimentación

En la parte negativa está la fuente de alimentación. Puede parecer un tema trivial, aunque en la práctica es el componente donde los fabricantes se ahorran un buen puñado de euros a costa de comprometer las posibilidades de ampliación e incluso el funcionamiento normal del equipo. Los procesadores Core i5 o i7, o las cantidades de memoria RAM altas, precisan de una potencia constante de buena calidad; por no hablar de la conveniencia de que la eficiencia sea elevada.

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