El estándar que no lo era

Aprovechamos estos meses vacacionales para recopilar las contribuciones a PCA de uno de los indiscutibles amos de la blogosfera hispana: con ustedes, la dosis diaria de Javier Candeira, uno de los principales artífices de Barrapunto

El estándar que no lo era

30 agosto 2008

LÓGICA DISCRETA (#197, JUN2007)

Un chiste de ingenieros dice que «lo mejor de tener un estándar es que hay muchos». Aunque la cantidad no implica calidad, es peor aún si se aceptan malos estándares. Desgraciadamente, el proceso por la adopción de estándares abiertos se ha convertido en una pantomima gracias al OpenXML de Microsoft

 

OpenXML es un estándar podrido desde su nacimiento, debido a una forma de corrupción que se da mucho en las universidades españolas. El truco consiste en hacer una oposición supuestamente abierta, pero cuya convocatoria describe exactamente a uno de los candidatos. Simula imparcialidad, pero en realidad es nepotismo. De igual manera, en el «estándar» OpenXML que Microsoft está intentando que apruebe a toda prisa la ECMA, la firma de Redmond define los estándares como más le conviene a un monopolista convicto, e ignora la interoperabilidad mientras afirma defenderla.

 

Su supuesto estándar OpenXML es un puro acertijo de más de 6.000 páginas lleno de instrucciones tan precisas como «el espaciado debe emular el comportamiento de Word 95» (punto 2.15.3.6) o «el posicionamiento de las notas a pie de página debe emular el comportamiento de Word 6.x/95/97» (punto 2.15.3.2). Dado que este comportamiento no está documentado en ningún sitio, y el código fuente de esos programas sólo lo tiene Microsoft, es de esperar que sea prácticamente imposible cumplir con las características de OpenXML. El único programa que lo cumplirá será Word, porque en realidad el supuesto estándar sólo dice «hay que hacer lo que hace Word».

 

Es muy difícil colar un documento como éste en un foro serio, así que la estrategia de Microsoft pasa por dos puntos concretos. El primero, usar un organismo de segundas conocido por ser más susceptible al politiqueo. Del mismo modo que no es lo mismo un título de ingeniería por el MIT que uno por cualquier politécnica española, no es lo mismo un estándar de ECMA que uno de ISO. Y la razón no es ni el nombre, ni la marca, sino la calidad de los procesos. Sólo esta diferencia de calidad y transparencia organizativa puede explicar que un documento de 6.000 páginas se esté sometiendo a aprobación en menos de un año. ECMA es una organización donde, en los últimos cinco años, sólo se ha producido un voto negativo: el de IBM contra la aprobación del OpenXML.

 

ECMA es una fábrica de estándares de baja calidad y, con frecuencia, aunque no siempre, estos son como esos doctorados que se solían conseguir por correo y que ahora se obtienen por Internet, o los sacerdocios por iglesias ridículas que te mandan un título que te permite ir casando a gente. Busquen en la red University of Esoterica y podrán conseguir un doctorado en Teología con la misma facilidad con la que Microsoft conseguirá su estándar de documentos. Tan fácilmente, e igualmente fidedigno.

 

Un par de líneas bastan para explicar por qué el ODF es mucho mejor estándar que el OpenXML: es corto y comprensible, evita en lo posible los datos en binario (salvo las imágenes), tiene un par de implementaciones libres de referencia, no está sujeto a pagos por patentes (si existen patentes, la licencia es universal y gratuita) y tiene detrás el apoyo de organizaciones diversas y fiables. Está aprobado por ISO y apoyado, entre otros, por Adobe, Sun, Corel e IBM, además de proyectos de software libre como KDE y OpenOffice.org.