El futuro de Internet y su gobernanza

Con gobernanza se quiere dar a entender una entelequia que proponga cierto gobierno y regulación en Internet. Pues aunque no sepamos cómo ni quién, lo cierto es que sí existe un lugar llamado Internet al que acuden cientos de millones de ciudadanos todos los días

El futuro de Internet y su gobernanza

10 julio 2009

LA CONVERGENCIA EN LAS TIC

(Curso de verano de la UPM/Asimelec, La Granja, JUL09)

La cuestión es qué hacer y cómo dirigirlo de manera sostenible ante los intereses a veces encontrados de operadores de telecomunicaciones dueños de las redes, proveedores de servicios, productores de contenidos y medios de comunicación, gobiernos estatales y el resto del ecosistema de internautas varios. Sin duda un gran debate que comienza a estar en la agenda de los gobernantes de todo el orbe. ¿Se puede desenchufar Internet en caso de amenaza nacional externa o conflictos sociales internos?

Los «papás» de Internet (Vinton Cerf y Tim Berners-Lee) consideran una serie de principios que deben prevalecer en ese debate: la neutralidad de la red (y aquí surge la idea del equilibrio justo que propugnan las «telecos»); la defensa del conocimiento colectivo y universal; la ubicuidad y el acceso libre; defender lo que incluso aún está por escribirse, sea lo que sea; el fraccionamiento y descentralización de los servidores raíz; y especialmente la no ingerencia de los gobiernos salvo para promocionar y facilitar su uso entre la población, especialmente la más desfavorecida.

Pero según el catedrático de la UPM Jorge Pérez Martínez, resulta muy difícil identificar quién o quiénes deben liderar este nuevo proceso. La corriente europea, que ha perdido el primer round, es más proclive a que sea el sector privado el responsable, pues hasta ahora la gestión de los recursos críticos de Internet (los nombres de los dominios, indexación de páginas, localización de servidores raíz, estandarización de protocolos…) han sido llevados por organismos gubernamentales y universidades de Estados Unidos.

No hay que olvidar el pasado aún reciente de las operadoras de telecomunicaciones europeas, monopolios estatales sin competencia en su día y hoy empresas mercantiles con posiciones dominantes en cada región, que empiezan a hablar de lo que consideran «el justo equilibrio», y que tiene que ver con la amortización de sus (elevadas) inversiones en infraestructuras, así como la defensa de un ROI positivo (retorno de la inversión con beneficios), incluso si entra en conflicto con el principio de universalidad del servicio o la idea de la neutralidad en la red (no discriminación en el acceso por motivos económicos o geográficos).

De hecho, lo que sí está claro en las redes de nueva generación es la convivencia de regiones como Escandinavia fuertemente cableadas con fibra óptica de gran velocidad con otras africanas o asiáticas de acceso inalámbrico de baja intensidad.

La UE ya ha lanzado varias iniciativas, como es la web de Future-Internet.eu, el programa Challenge1 o la declaración de Bled (Estonia), donde se recogen tanto aspectos técnicos como de gobierno. En ellas, se ve el futuro como una sociedad interconectada en red, resumida gráficamente en un frontispicio con cuatro pilares: las personas (identidad), los contenidos (conocimiento), las cosas (máquinas) y los servicios (mercado). Y arriba de todo la garantía de los derechos básicos de los ciudadanos (libertad de expresión, protección de la intimidad, promoción del idioma y cultura propia…).

¿A quién se debe rendir cuentas?

El gobierno de las telecomunicaciones disfrutaba de un organismo internacional ad-hoc, la UIT, encargado de consensuar protocolos y estándares. Pero Internet llega y arrasa, y de repente los Gobiernos se ven rodeados de «mochileros» que toman las riendas del asunto en una manifiesta acracia y que encima no se cortan a la hora de demandar rendición de cuentas: si Internet se cae, ¿quién es el responsable?, ¿a quién se le puede pedir cuentas?

Para Jorge Pérez, esta necesidad de definir la gobernanza de Internet abrirá un gran debate a partir del próximo otoño. Momento a partir del cual habrá que definir qué organismos se responsabilizarán de asegurar los recursos críticos de la Red (especialmente su carácter de abierto, interoperable y de extremo a extremo) o la regulación de su vertiente económica (libre competencia) y política («netiqueta»).

Por un lado, está la ICANN, organismo ya maduro al que en septiembre caduca su acuerdo de dependencia del Departamento de Comercio de los EEUU; podría ser un perfecto candidato para la parte técnica de nombres y direcciones de dominio y deslocalización de servidores raíz (en combinación con la parte de interfaces, estandarización de mejores prácticas y normalización de protocolos de usabilidad que sería el W3C).

Por otro lado aparece la idea de una explotación conjunta, una especie de G-12 de entidades privadas (las operadoras), pero rindiendo cuentas a los Gobiernos por la gestión de unos recursos sin fronteras que llegarán a afectar a 6.000 millones de personas.

En conclusión, señala Pérez, «está todo por hacer». El ICANN es muy débil para batallar con países como China o Irán donde lo primero que hacen ante la algarada de turno es controlar la Red. Y la actual crisis financiera lo que ha demostrado es que cosas que se creían asentadas pueden dejar de funcionar de un día para otro.

Resumen de la ponencia de Jorge Pérez (consejero de Fundesco, catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid y presidente del capítulo español para la Gobernanza de Internet)