La gran paradoja verde

Cuanto más avanzada es nuestra civilización, más residuos tóxicos genera. Y de entre esos, los peores son los electrónicos, pues nunca se sabe hasta qué punto son inservibles o susceptibles de ser reutilizados en otro tipo de entorno

La gran paradoja verde

17 octubre 2009

LA OPINIÓN DEL EXPERTO

Coja cualquier periódico o escuche las noticias de todo el mundo y seguro que encontrará información sobre la crisis del cambio climático. Miremos donde miremos, nos enfrentamos a historias de calentamiento global, vertederos a rebosar o emisiones de carbono en aumento. Y desde luego se trata de una cuestión cada día más seria sobre la que parece que el gobierno, el público en general y la industria están tomando nota: desde contenedores de reciclaje en cada esquina a asesoramiento sobre eficiencia energética por parte de ministerios y proveedores, se anima a las empresas y a los consumidores a trabajar mano a mano para lograr unos objetivos más «verdes».

No obstante, con tantas cuestiones e iniciativas, muchos consumidores están pasando por alto un problema fundamental que, si se resuelve de forma incorrecta, puede tener graves repercusiones para la salud y el medio ambiente: los residuos eléctricos o, por su término en inglés, e-waste.

La también llamada basura electrónica está compuesta normalmente por los ordenadores auxiliares, dispositivos de entretenimiento, teléfonos móviles y cualquier otro objeto como televisores y neveras que sus propietarios descartan porque ya no les resultan útiles. Hoy en día, la basura electrónica es uno de los tipos de residuos que crece a mayor ritmo en Europa.

De hecho, cada año Europa desecha 6,5 millones de toneladas de basura electrónica, el equivalente a 590 veces el peso del acero utilizado en el Tower Bridge de Londres o 643 torres Eiffel. Además, como Gartner pronostica que el número de ordenadores de sobremesa se duplicará hacia 2014 y la vida media de un PC es de unos tres años, el ritmo de generación de residuos aumentará de forma drástica.

Uno de los principales problemas de fondo es que, aunque un gran porcentaje de europeos están concienciados por las cuestiones medioambientales y, por norma general, reciclan, otros muchos siguen sin entender la repercusión de no tratar los residuos electrónicos de la misma manera. Es más, para muchos consumidores este tipo de residuos ni siquiera constituye una preocupación medioambiental.

Y aquí surge la gran paradoja verde: aunque los consumidores que quieren hacer algo por aliviar la crisis del cambio climático ya han dado muchos pasos en la buena dirección, estos esfuerzos se ven contrarrestados por la confusión o la ignorancia en cuanto al impacto que provoca la incorrecta eliminación de la tecnología y las opciones de reciclaje disponibles para los antiguos dispositivos electrónicos.

Debajo de la e-waste

En una reciente investigación de Dell sobre comportamientos del consumidor frente al reciclaje se hace hincapié en esta cuestión. Los resultados arrojan que, por la falta de conocimiento de las opciones de reciclaje disponibles para los antiguos dispositivos electrónicos, se ha llegado a un error grave de percepción entre lo que el público en general considera que está haciendo para ayudar a conservar el medio ambiente y la realidad de sus acciones. Aunque uno de cada dos europeos afirma que hace todo lo posible por reciclar papel, plástico o vidrio, por ejemplo, tan sólo un cinco por ciento recicla en la actualidad componentes electrónicos y productos eléctricos de forma correcta.

Se trata de una problemática urgente que las empresas y los gobiernos deben asumir y trabajar en estrecha colaboración para tratarla prontamente, ya sea ofreciendo una mejor transparencia entorno a los programas de reciclaje para los clientes o a través de campañas de concienciación, procesos para residuos electrónicos e iniciativas gubernamentales. Para que la mentalidad colectiva apunte en la dirección correcta y para promover el reciclaje en este campo, los programas de retirada y reciclado, como el programa on-line gratuito de retirada ofrecido por Dell, deben convertirse en la norma, al igual que los recursos habituales para la eliminación de papel, plástico o vidrio.

El hecho es que si los consumidores siguen ignorando el problema de los residuos electrónicos, o no asumen responsabilidades para adquirir una mayor conciencia entorno al tema, una gran cantidad de objetos eléctricos y electrónicos viejos acabarán en los vertederos, y aumentará así el riesgo de que se liberen residuos tóxicos en el medio ambiente. Los ordenadores, por ejemplo, contienen más de mil materiales, incluidos gases y metales tóxicos, materiales biológicamente activos, ácidos y plásticos que, al filtrarse, pueden resultar peligrosas ramificaciones para el cambio climático.

Otro riesgo que surge es que la eliminación inadecuada de estos productos tecnológicos puede contribuir al creciente comercio ilegal en lugares como África, India y China. Gran parte de la basura electrónica que acaba en los vertederos de Europa se vende a estos países, donde se desmontan los aparatos, se queman y se tratan con químicos corrosivos para su reventa, dañando no sólo a las comunidades locales sino agudizando aún más la crisis del cambio climático global.

La investigación también revela que, en la actualidad, siete de cada diez europeos amontona en vez de reciclar los componentes electrónicos usados. Esto pone de manifiesto que existe una enorme cantidad de aparatos tecnológicos que andan tirados por los hogares europeos y que podrían ser en su lugar reutilizados o donados. A los ordenadores que ya no les resultan útiles pueden quedarles varios años de vida para una organización no gubernamental o un organismo público. Por ejemplo, en Reino Unido, Dell trabaja en colaboración con ReCOM, que facilita estos aparatos usados a niños y adultos con discapacidades y escasos recursos económicos en todo el país. Si se tomaran tan solo unos minutos para conectarse a Internet y registrarse en el programa de donaciones de un fabricante, los consumidores podrían estar cambiándole la vida a alguien con algo que ya no les es de utilidad.

La buena noticia es que ya existe una legislación europea para encarar este problema, mediante la cual se exige a los fabricantes una serie de requisitos para que ofrezcan opciones de reciclaje y retirada para los productos cuya vida útil haya finalizado. La Directiva sobre RAEE, http://www.environment-agency.gov.uk/business/topics/waste/32084.aspx presentada en enero de 2006, exige a todos los fabricantes de equipo eléctrico y electrónico que tengan en cuenta la vida útil completa de los productos, incluida la duración, la capacidad de mejora y la reparación, el desmontaje del producto y el uso de materiales de fácil reciclaje.

Una parte de estos requisitos, que los fabricantes deben cumplir para poder vender productos en la UE, es ofrecer a los consumidores o empresas clientes las opciones de retirada o reciclaje de productos usados. Sin embargo, esto solo es una parte del desafío, ya que los clientes son los que tienen la última palabra para enfrentarse a la creciente montaña de basura electrónica.

En la mente de todos, no cabe duda de que la carrera por una economía con bajas emisiones de carbono depende de la voluntad y de las acciones de los consumidores en todo el mundo. Todos debemos trabajar conjuntamente para impulsar la eficiencia energética, reducir las emisiones directas, integrar el «poder verde» y compensar de forma responsable lo que no se puede eliminar directamente.

Todo esto no ocurrirá sin la educación e incentivos adecuados, algo de lo que se tiene que encargar aún más el sector de la TI. Sólo entonces la gran paradoja verde será cosa del pasado.

Por Jean Cox-Kearns, director de Retirada y Reciclaje de Dell EMEA

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