La intensa historia de Google

En 1998 Yahoo! se erguía de forma exultante por encima de todas las empresas que ejercían su actividad de negocio en la Red. Tres de cada cuatro búsquedas recurrían a su servicio. Pero, dos años más tarde, una pequeña compañía fue la única capaz de resistir la embestida de la crisis de las «puntocom»

Redacción

La intensa historia de Google

30 agosto 2010

En el año 2000, unos pocos meses después de su fundación, Google gestionaba más de diez millones de búsquedas diarias. Las empresas que habían cimentado su actividad de negocio alrededor de las nuevas tecnologías comenzaban a sufrir la terrible embestida del crac financiero ocasionado por el «efecto 2000». Solo un año antes el temor al cambio de milenio había obligado a miles de empresas dispersas por todo el planeta a renovar su infraestructura informática para garantizar su correcto funcionamiento después de la llegada del temido nuevo milenio.

Sin embargo, el 1 de enero de 2000 no pasó nada. La llegada del nuevo año no supuso debacle alguna. El cambio de fecha no provocó la catarsis que tantos expertos habían vaticinado, y el gasto en tecnología cesó de forma brusca. La mayor parte de las empresas que habían nacido o se habían fortalecido para satisfacer esa demanda contemplaron el derrumbe de su negocio sin que pudiesen hacer nada para evitarlo.

Pero Google aguantó. Sus fundadores habían alumbrado un nuevo modelo de negocio capaz de nutrirse de un excelente motor de búsqueda para ofrecer servicios publicitarios irresistibles para compañías grandes y pequeñas. Acababa de nacer un gigante capaz de renovar la industria tecnológica en la misma medida en que décadas antes lo habían hecho IBM y Microsoft.

Dos jóvenes con talento

La historia de Google se entrelaza de forma muy estrecha con la propia vida de sus creadores, Larry Page y Sergey Brin, dos jóvenes licenciados en matemáticas e informática cuyos caminos confluyeron en la universidad californiana de Stanford. Ambos preparaban su doctorado en Ciencias Informáticas y, a pesar de que su personalidad es diferente, tienen mucho en común.

Larry pertenece a una familia judía de clase media y marcada ideología progresista. Sergey, por su parte, también es judío, aunque procede de una familia rusa que emigró de la antigua Unión Soviética para combatir el antisemitismo que truncó las carreras de Mijaíl y Eugenia, los padres de Sergey. Ambos eran eminentes matemáticos, pero las posibilidades de promoción de una pareja judía en la URSS de los 70 eran muy escasas.

La familia Brin llegó a Estados Unidos sin recursos, pero los padres de Sergey no tardaron en encontrar la forma de salir adelante como profesores en la Universidad de Maryland. Mijaíl daba clases de matemáticas y Eugenia de ruso. El entorno académico en el que se desarrolló la infancia de Sergey y su enorme inteligencia propiciaron sus primeros coqueteos con la informática. El primer ordenador del joven Brin fue un Commodore 64, con el que comenzó a frecuentar los primeros chats IRC de Internet a principios de los 80.

Larry es estadounidense y, como tal, su origen judío no supuso ni para él ni para su familia una traba. Su padre, Carl, era un ingeniero informático muy competente experto en Inteligencia Artificial y profesor en las universidades de Carolina del Norte y Michigan. Su madre también enseñó programación en esta última, y ambos supieron inculcar a sus hijos la pasión por la tecnología desde que eran muy pequeños.

Al igual que Sergey, Larry manifestó un interés enorme por los ordenadores desde los seis o siete años. En esa época sus padres adquirieron un Exidy Sorcerer, uno de los primeros computadores personales que, poco más tarde, comenzó a ser utilizado por su hijo menor para jugar y escribir trabajos para el colegio en una época en la que no era ni mucho menos habitual que un niños presentase trabajos escolares realizados con un procesador de textos y plasmados en papel con una impresora matricial.

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Y todo empezó... en un dormitorio

El arrollador éxito de Google no se debe únicamente a la puesta a punto de un buen producto. Solo la capacidad de trabajo de sus fundadores, sus ideas innovadoras, su compenetración y, cómo no, sus principios morales, pueden explicar que una empresa con poco más de 10 años sea capaz de dar trabajo a cerca de 20.000 personas y facturar alrededor de 22.000 millones de dólares anuales.

En cualquier caso, la compañía empezó a gestarse cuando Larry y Sergey eran estudiantes de doctorado. El primero trabajaba en sus ratos libres en un sofisticado motor de clasificación de páginas web capaz de analizar los enlaces existentes en las páginas y su relación con unas determinadas palabras clave. Esta astuta filosofía permitió a Page programar un algoritmo diseñado para relacionar páginas web y clasificarlas de una manera más coherente y eficaz que la ofrecida por los motores de búsqueda en Internet con más éxito a finales de los 90: AltaVista y Yahoo! El resultado de sus investigaciones fue PageRank System, una tecnología muy sofisticada que poco después constituyó el corazón de Google.

Mientras Larry trabajaba en su sistema de clasificación, Sergey desarrolló un avanzado rastreador capaz de analizar el contenido de una página web para crear un esbozo de los datos que contiene y almacenarlo de forma automática en un repositorio central que podría ser utilizado por un motor de búsqueda. Esta fue la época en la que se conocieron, y, como era de esperar, no tardaron en darse cuenta de que sus proyectos se complementaban a las mil maravillas. Acababa de nacer Google.

Lo primero que hicieron fue construir un ordenador equipado con un sistema de almacenamiento de tamaño considerable para la época en el que indexaron todas las páginas del sitio web de la Universidad de Standford. El invento funcionaba, así que decidieron instalar el servidor en el dormitorio de Larry, mientras que la habitación de Sergey hacía las veces de centro de finanzas. Su primera opción fue intentar vender su tecnología a otra empresa, pero no recibieron la atención que esperaban, así que, finalmente, optaron por fundar su propia compañía. No cabe duda de que tenían un producto excepcional, pero ésta no era su única arma.

Además, ambos compartían una misma visión del mundo, su entusiasmo por la tecnología y, sobre todo, un idealismo que les animaba a crear un producto útil que realmente aportase algo positivo a la sociedad. Tanto las personas que han trabajado para ellos como las que lo siguen haciendo en la actualidad aseguran que esa visión idealista sigue siendo el motor de Google hoy en día. De hecho, cuando alguien opta a un puesto relevante en la compañía debe entrevistarse con los propios Brin y Page, lo que revela de forma inequívoca que buscan en los demás los mismos atributos que ellos comparten.

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El lado «malvado» de Google

España es uno de los países en los que esta compañía ostenta una mayor cuota de mercado. Tanto es así que más del 90% de las consultas realizadas en nuestro país nacen en los servidores de Google. Su posición en la mayor parte de los países con un nivel de industrialización elevado es también muy favorable, de hecho, en Alemania y Holanda su penetración es similar a la española. Sin embargo, en Japón, China y Corea del Sur su éxito es muy inferior (su presencia en esta última potencia es meramente anecdótica). Aun así, su cuota de mercado global asciende aproximadamente a un 75% en el ámbito de las búsquedas en Internet, lo que para algunos analistas y usuarios representa un monopolio efectivo.

Pero, además del buscador, la compañía cuenta con otros productos líderes, como son YouTube, Google Maps, Gmail, Google Earth… Esta envidiable presencia en frentes tan diversos ha situado a esta firma en el punto de mira no solo de la competencia, sino también de miles de usuarios hastiados de su descomunal capacidad de concentración. Esta animadversión creciente llegó a su máximo apogeo en marzo de 2008, fecha en la que Google adquirió DoubleClick, una empresa de publicidad que desarrolla su actividad de negocio en Internet.

Antes de que la compra fuese efectiva, la operación fue investigada por la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos y el Comité Regulador de la Unión Europea, y ambas entidades decidieron aprobar la adquisición debido a que no conllevaba una disminución sustancial de la competencia a pesar de que la principal fuente de ingresos de Google es, precisamente, la publicidad.

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China, el gigante mutilado

La incursión de la compañía en el gigantesco país asiático fue sin lugar a dudas la operación que más quebraderos de cabeza provocó a los responsables de Google. Larry y Sergey se vieron obligados a aceptar las exigencias del gobierno chino, que les obligó a censurar las entradas devueltas por el buscador. No cabe duda de que China es un mercado descomunal en el que una empresa como Google debe estar presente, pero para muchos generadores de opinión en Internet la aceptación de una condición tan poco progresista y antidemocrática la situó de forma incontestable en el «eje del mal».

Sus dos fundadores reconocieron públicamente que les costó mucho tomar esta decisión ante el dilema moral que planteaba, pero finalmente decidieron hacerlo porque consideraban que su presencia beneficiaba a los usuarios chinos. Aun así, a finales del pasado mes de marzo decidieron desmantelar su portal en China como respuesta a las presiones del Gobierno y a los ataques que sufrieron numerosas cuentas de Gmail, trasladando el servicio a sus servidores de Hong Kong, protegidos de censura o filtro alguno.

Cuando Sergey o Larry son interrogados por algún periodista acerca de las posibles prácticas monopolísticas de Google no dudan en argumentar que siempre han obrado y obrarán de buena fe. Su principal objetivo, más allá incluso de las decisiones empresariales, es favorecer los intereses de los usuarios y contribuir en la medida de sus posibilidades a crear un mundo mejor en el que la disponibilidad de la información contribuya a igualar las oportunidades de todos. ¿Idealistas? No cabe duda. Aquellos que los conocen aseguran que su moralidad es inquebrantable y que han hecho de su idealismo el timón con el que gobiernan el descomunal trans­atlántico que es Google.

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Siempre en La Nube

El auténtico corazón de la compañía es Internet. La mayor parte de los servicios que pone a disposición de los usuarios solo requiere un ordenador equipado con un navegador y una conexión a la Red; unos pocos necesitan la instalación de un pequeño cliente, pero todos ellos se conectan a la inmensa red de ordenadores que la compañía posee dispersa por la faz del planeta. Algunos expertos estiman que Google posee más de un millón de ordenadores interconectados por miles de kilómetros de fibra óptica, aunque el equipo directivo esconde con recelo las dimensiones de su red distribuida.

La potencia y fiabilidad de sus servicios residen, precisamente, en esta descomunal infraestructura repleta de redundancia. Y su indiscutible habilidad para poner a punto servicios on-line exitosos se nutre, por un lado, del genio de sus fundadores, y, por otro, de su habilidad para conseguir que sus empleados rindan al 100% y se preocupen por desarrollar propuestas innovadoras que puedan cuajar comercialmente. Para lograrlo, Larry y Sergey decidieron permitir que los ingenieros de Google dediquen el 20% del tiempo de su jornada laboral a proyectos tecnológicos propios que luego puedan ser desarrollados por la compañía.

Según algunas fuentes, en la actualidad Brin, Page y Schmidt, el director general en el que Larry y Sergey han delegado la responsabilidad de velar por el crecimiento económico de la empresa, han decidido apostar por pulir más sus servicios y no seguir lanzando nuevos productos a un ritmo tan elevado como el de los últimos años. Aun así, es evidente que Google seguirá sorprendiéndonos.

Todo parece apuntar que en cualquier momento lanzará GDrive, un innovador servicio en el que llevan trabajando varios años sin desvelar apenas detalles, y que nos permitirá almacenar todo el contenido de nuestros PCs (los datos y las aplicaciones) en La Nube. De esta forma, cada vez que instalemos un nuevo programa o creemos un fichero de datos, nuestro equipo se sincronizará automáticamente con los servidores de Google, de manera que podremos recuperar toda la información desde una ubicación diferente si el hardware de nuestro PC resultase dañado. Pero éste no es el único servicio sorprendente. Sergey y Larry han hecho público su interés por los viajes espaciales, de hecho, han llegado a un acuerdo con la NASA para poner a punto una especie de Google Maps aplicado a la Luna y algunos planetas de nuestro sistema solar.

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Google en los móviles

Los servicios de la compañía no se desarrollan exclusivamente en el ecosistema de los PCs. En 2005 Google compró Android, una compañía especializada en soluciones de telefonía que se encontraba enfrascada en el desarrollo de un innovador sistema operativo para smartphones. El siguiente gran paso adelante en este mercado fue la comercialización de Nexus One, un teléfono inteligente gobernado por Android 2.1 lanzado a principios de 2010 y con el que Brin y Page pretenden hacerse un hueco en el mundo de la telefonía móvil.

El hardware de su propuesta ha sido fabricado por HTC, y su principal baza es el tremendo potencial que ofrece Android como plataforma de desarrollo. Tanto es así que, además de esta firma taiwanesa, otros jugadores con gran peso específico en este mercado como Sony Ericsson, LG, Samsung o Motorola han lanzado sus propias propuestas equipadas con Android.

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¿Sabías que…?

Google no fue la primera opción que barajaron Larry Page y Sergey Brin cuando decidieron encontrar un nombre apropiado para su compañía. Una de sus primeras elecciones fue What Box, pero parecía tener connotaciones poco apropiadas para un buscador de Internet. Por esta razón, no tardaron en hurgar en sus conocimientos matemáticos para bautizarla con el nombre de un número muy grande.

El término Gúgol fue inventado por el sobrino de nueve años del matemático estadounidense Edward Kasner, que decidió emplearlo para identificar al número 10 elevado a 100, que es terriblemente grande. A Larry se le ocurrió utilizarlo para bautizar su buscador, pero por error escribió Google en vez del término correcto en inglés, que es googol.

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