Internet de las cosas: preparando la próxima revolución

Hoy, solo el 1% de los objetos del mundo está conectado, pero la revolución está a la vuelta de la esquina. Veamos las posibilidades y los problemas de esta hiperconexión

Juan Ignacio Cabrera

El Internet de las cosas

1 abril 2013

Hoy, solo el 1% de los objetos del mundo está conectado, pero la revolución está a la vuelta de la esquina. Veamos las posibilidades y los problemas de esta hiperconexión.

El futuro tiene un nombre poético: el Internet de las cosas. The Internet of Things, como dicen los anglosajones, es una tendencia que moverá en las próximas décadas cantidades ingentes de dinero e ingenio. Detrás de este pastel, van a estar las grandes operadoras, pues el tráfico se multiplica; y los fabricantes de dispositivos de acceso y de red, pues se requerirán más ancho de banda e infraestructuras para hacerlo posible, además de miles de millones de sensores y aparatitos con capacidad de conexión.

También están muy expectantes los fabricantes de coches, los gestores del sector sanitario, las empresas de logística o de seguridad e incluso los políticos. Y es que el Internet de las cosas cambiará la faz de los hogares y permitirá tener información al minuto del transporte y de nuestros movimientos por la ciudad en la que vivimos, o de nuestras constantes vitales.

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Objetos con una IP

Básicamente, esta hiperconexión consiste en que cada dispositivo que exista a nuestro alrededor vaya dotado de una dirección de Internet, y por tanto de capacidad para comunicarse con otros objetos. Es decir, Internet saldrá del redil de la informática y colonizará cualquier cacharrito que se nos ocurra, y otros que ni imaginamos.

Esa comunicación se hará por muchos medios: WiFi, WiMax, RFID, 3G, LTE, Bluetooth, NFC... «No solo hablamos de dispositivos que hoy ya tienen electrónica, como pueden ser una lavadora o un frigorífico, sino de otros que hasta ahora no la tenían, como una bombilla, un interruptor, un termostato, e incluso dispositivos mecánicos», dice Jordi Palet, CEO de la empresa Consulintel y experto en el protocolo IPv6, que será el que haga realidad este mundo hiperconectado.

Según Palet, el Internet de las cosas hará las delicias del más sibarita, permitiendo, por ejemplo, que la iluminación de la casa se adapte al programa de televisión que vemos sin que nosotros tengamos que mover un dedo. O detectando nuestro estado de ánimo y cansancio y seleccionando la música más apropiada, o incluso proponiendo los ingredientes de la cena según la actividad y consumo calórico del día.

«Controlar qué tenemos en la nevera desde el supermercado, iniciar una lavadora desde la oficina o activar el aire acondicionado cuando estamos en el coche, camino a casa, son solo algunas de las cosas que ya se pueden ver», asegura José María Zamora, director de mercadotecnia de LG, un fabricante que en el pasado CES de Las Vegas deslumbró con muchos de estos electrodomésticos inteligentes.

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En 2016, habrá 258 millones de dispositivos conectados en España; seis por cada habitante

Comunicación M2M

El desarrollo del Internet de las cosas implica también que cada vez más las conexiones a Internet serán entre máquinas, y no entre personas que se mandan un mensaje por correo electrónico o mensajería instantánea. Es lo que en el sector se conoce como comunicación M2M (machine to machine, máquina a máquina), y que hará posible que cientos, miles de millones de sensores y chips repartidos por todos sitios comuniquen los datos que registran, ayudando así a regular el tráfico de las ciudades, a medir el consumo de energía del alumbrado público o a controlar los niveles de humedad en los bosques.

«Pienso que no solo mejoraremos la eficiencia energética, sino la calidad de nuestro trabajo y nuestro ocio», resume Palet. El resultado serán las ciudades inteligentes o smart cities. Gracias al rastro informativo que dejamos con nuestro móvil, con la tarjeta de crédito o con un simple trayecto en coche, los ayuntamientos y los gestores urbanos, tras un análisis, podrán prever atascos, gestionar mejor el aparcamiento y evitar las colas ante el funcionario de turno.

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Para hacer todo esto posible, el número de aparatos conectados se multiplicará. En la actualidad, hay enchufados a Internet entre 8.000 y 10.000 millones de dispositivos, pero, en 2020, esta cantidad se habrá multiplicado por cuatro o cinco. Palet cree que estas previsiones se quedan cortas. «Pensemos en cuantos dispositivos tenemos en cada hogar.

Tan solo en enchufes, interruptores y bombillas puede haber una media de 50. Si sumamos a eso los contadores de agua, luz, gas, cortinas, persianas, dispositivos de ocio, televisores, ordenadores o sensores de temperatura, y luego agregamos prendas de vestir inteligentes, los cientos de aparatos que tiene un coche o las farolas de las calles, creo que nos vamos a quedar pero que muy cortos».

Eloy Fustero, director de marketing de Qualcomm, avanza que el mercado mundial de domótica o del hogar inteligente crecerá a razón de un 60% anual en los próximos cinco años. Como resultado, en 2017 habrá 90 millones de familias que disfrutarán de tecnología de este tipo en su casa. Por su parte, Miguel Bullón, responsable de Cisco Home Networking en el sur del Mediterráneo, echa mano de un estudio de su compañía para asegurar que el tráfico IP se multiplicará por 13 en España entre 2011 y 2016, y que ese año habrá 258 millones de dispositivos conectados (casi seis por cada habitante del país).