Internet con sifón

Aprovechamos estos meses vacacionales para recopilar las contribuciones a PCA de uno de los indiscutibles amos de la blogosfera hispana: con ustedes, la dosis diaria de Javier Candeira, uno de los principales artífices de Barrapunto

Internet con sifón

14 agosto 2008

LÓGICA DISCRETA (#190, NOV2006)

Muchos son los que han alzado gritos de «vuelve la burbuja» ante la compra de YouTube por Google. Menos lobos, Caperucita: Google paga ahora 1.600 millones de dólares, cuando sin ir más lejos, Terra pagó por Lycos 12.000 de esos millones. O sea, unas ocho veces más, por algo con menos tracción con el usuario. Y es que ahora no hay una burbuja: hay muchas, pero más pequeñas; tantas que cada uno puede construirse una.

En Silicon Valley es un chiste reciente que antes las compañías se fundaban con la esperanza de salir a bolsa y ahora la estrategia es que te compren Yahoo! o Google. La primera ha alcanzado titulares con sus adquisiciones de Flickr y Del.icio.us, pero Google no se queda atrás. Lo que pasa es que Google raramente compra compañías: compra tecnologías y empleados.

Google compró Keyhole, lo convirtió en Google Earth y lo integró con el producto de unos desconocidos Where2, que nosotros conocemos como Google Maps. Ambas aplicaciones cartográficas comparten API unificada y el resultado está tan integrado que ni recordamos que una vez fueron productos independientes.

Google también integró Urchin y Measure Map para hacer Google Analytics, consiguiendo en la misma jugada contratar a Jeff Veen, gurú del diseño web que trabajó en Wired.com antes de fundar el estudio de diseño Adaptive Path. Google está reconocido como uno de los empleadores más insistentes en las cualidades de la gente que trabaja para ellos y resulta que hay gente muy buena a la que sólo hay una forma de contratar: comprándoles su empresa o su producto, adoptando a su bebé. Este es el caso de los autores del procesador de texto vía web Writely o de 2Web, la hoja de cálculo que sirvió de base para Google Spreadsheets.

El caso de YouTube, como el de Blogger o Deja, son excepciones: normalmente Google compra empresas para adquirir tecnología o empleados (o las dos cosas a la vez), pero en unos pocos casos se compra un servicio funcionando, con su contenido y sus usuarios. Sin embargo, el caso de YouTube se parece a todo lo anterior en que, a pesar de mantener su marca independiente, sus fundadores y empleados entrarán a formar parte de la familia Google.

Hace tres años que Blogger entró a formar parte de esta familia y su fundador, Evan Williams, defiende la decisión, pese a no trabajar ya para el gigante: «Rompiendo una lanza a favor de Google, he de decir que no la cagaron, que es lo que hacen muchas compañías cuando compran a otras empresas más pequeñas». Williams trabaja ahora en su compañía Odeo, dedicándose a los podcasts mientras disfruta de las rentas de su adquisición por el buscador.

YouTube es sólo el ejemplo más grande (está bien, es un ejemplo enorme) de lo que podríamos llamar microburbujas. A partir de cierto nivel, no es bastante tener un buen currículum. Es mejor tener un buen producto, una buena tecnología, una pequeña empresa que venda lo que uno sabe hacer. Los actos hablan más elocuentemente que las palabras. Da lo mismo que tu sitio sea el más visitado para poner vídeos en Internet o que tu tecnología sea más modesta.

Alguien que tenga una pequeña idea puede hacerla valer. Google también compró Sketchup, una aplicación de diseño 3D con una serie de plug-ins que le permitían interactuar con Google Earth. Y lo mismo pasó con Gtalkr, una minúscula aplicación hecha en Flash que ahora forma parte de Gmail como la interfaz de chat a través de web. Da lo mismo tu tamaño: si vales, vales.