iPhone (no) se pone las pilas

Tras ser presentado oficialmente en España, el terminal de Apple ha llegado hasta nosotros con 3G y GPS, pero el gasto energético de estas tecnologías ha hecho que su nota descienda

8 octubre 2008

El iPhone, en su versión 2G, supuso una revolución gracias a su interfaz táctil y al halo de exclusividad que rodea a las creaciones de Apple. Como casi siempre, no se trata de productos completos en características y, sobre el papel, las comparaciones con otros suelen acabar con una lista de carencias, pero, en la práctica, lo que hacen, lo hacen magistralmente.

 

iPhone en su primera versión carecía de conexión 3G, GPS o cámara autofoco con más megapíxeles, por ejemplo. Aun así, su extraordinaria interfaz supuso un éxito de ventas, incluso en países en los que no se había lanzado, como España. Así, el iPhone 3G es para unos una novedad y para otros una evolución, aunque a la vista de la reducida autonomía usando 3G y GPS, lo cierto es que Apple tal vez debiera haber seguido renunciando a ellos.

 

El teléfono de Gollum

Una forma de caracterizar esta versión del iPhone sería a través de Gollum en uno de sus arrebatos de doble personalidad. Y es que, a pesar de que es un prodigio de ergonomía con su inimitable interfaz táctil multitouch, no ofrece una buena automatización de tareas, como copiar y pegar o sincronizar notas. Y, para algunas acciones, hay que hacer más pulsaciones de iconos de lo deseable.

 

En otro orden, es cierto que la conectividad 3G abre las puertas a infinidad de aplicaciones relacionadas con la organización de nuestras vidas en directo, pero también que, si se usa 3G con asiduidad junto con GPS, la batería se agotará en los postres. Se carga muy rápido, pero tener que racionar el uso de un móvil como si se tratase de un portátil es absurdo.

 

Lo ideal sería reconocer esta debilidad energética y configurar en la pantalla de inicio accesos directos a perfiles de ahorro de energía, por ejemplo. Otra cuestión controvertida son las aplicaciones. El escenario pintado por Apple con la Tienda de Aplicaciones parece perfecto, pero, a pesar de que hay infinidad de programas para comprar, se echan en falta otros preinstalados por defecto, como una gestión más completa del GPS que ofrezca datos de velocidad u orientación, o incluso indicaciones de voz paso a paso.

 

También se echa de menos enviar una foto directamente a Google Maps usando geotag. Y la posibilidad de que se queden fuera algunas aplicaciones «no oficiales» a causa de las condiciones intrínsecas a la App Store es otro efecto colateral negativo.

 

Sigue sin ser compatible con Flash, una carencia que para algunos puede ser muy importante. Por otro lado, capítulos como el tamaño o la falta de perfiles Bluetooth para datos no son tan críticos. Es un dispositivo grande, pero sería imposible un tamaño más reducido. Si tuviera Bluetooth para datos, mejor, pero hay otros aspectos que deberían solucionarse antes.

 

Correo, Internet y MobileMe

iPhone 3G se muestra igual de comunicativo que su predecesor, aunque sumando a la conectividad WiFi, la 3G. El modelo anterior usaba GPRS, correcta para algunas aplicaciones, pero insuficiente para manejar fotos, correos con documentos adjuntos o la navegación a través de páginas web con una elevada carga gráfica.

 

El correo se conforma con facilidad, sumándose en esta versión la posibilidad de configurar servidores Exchange, así como el correo de MobileMe, el portal on-line de Apple que permite almacenar contactos, calendarios, archivos o fotos en Internet desde dispositivos móviles. Además, el correo es tipo Push, al igual que los calendarios, de modo que de forma instantánea puedes sincronizar esta información. Su coste anual de suscripción de 79 euros.

 

Sólo Telefónica

Probablemente, lo peor del iPhone es tener que estar ligado a una operadora dos años. Telefónica ha diseñado un modelo de precios inflexible, centrado en el dispositivo y no en los servicios. Según el tipo de contrato, varía el precio del mismo, lo cual impide un modelo en el que se pueda combinar una tarifa de datos de 25 euros junto con una de voz de 9, por ejemplo. Si el terminal tuviese en todos los casos el mismo precio, sería más fácil decidir la tarifa que más se adapta a cada necesidad.

 

En la práctica, teniendo en cuenta que la autonomía en navegación es limitada, se podrían ofrecer planes de datos menos rigurosos y, en especial, el que reduce la velocidad a 128 Kbps tras superar 200 Mbytes de transferencia.  Es cierto que junto con el contrato se abre el acceso a los Hot Spots WiFi de Telefónica (2.000 en España), así como a la funcionalidad Buzón Visual para la gestión de los mensajes de voz, pero no equilibra la balanza del lado del usuario.

 

El precio por mes que supone hacerse con el iPhone 3G es el que se refleja en la tabla (ver PDF adjunto) y, como se puede observar, supone una carga económica elevada que sólo se justifica en aquellos casos en los que se haga uso continuado, cotidiano e intensivo de las posibilidades de este excelente terminal. En tal caso, y teniendo en cuenta la necesidad de cargarlo todos los días y llevar una batería externa siempre encima, sería un producto recomendable para este perfil de usuarios.

 

Su competencia directa

La «tactilidad» es una característica a la que Apple ha sabido sacar un excelente partido, aunque sobre todo merced a su excelente funcionamiento y a la tecnología multitouch. Sin embargo, aún tras muchos meses, ninguna otra empresa ha conseguido una experiencia similar. HTC primero y ahora Samsung han lanzado terminales con algunas funciones táctiles, aunque, en realidad, el sistema operativo Windows Mobile 6 no ha sido diseñado para los dedos y sí para el puntero, y éste es un obstáculo difícil de superar por mucho que les pese a estas compañías.

 

De todos modos, HTC Diamond o Samsung Omnia son teléfonos excelentes por acabado y características y para los cuales existen miles de aplicaciones. Lo único que hay que tener claro es que no se puede prescindir del puntero y que sus habilidades táctiles se limitan a las pulsaciones sobre botones más grandes de lo habitual. Deslizar el dedo sobre la pantalla para simular un scroll, por ejemplo, o los gestos con más de un dedo para hacer zoom o rotar una imagen son tareas complicadas o imposibles.