La leyenda de los móviles

Hace menos de veinte años que los móviles entraron en nuestras vidas y desde luego que no eran esos dispositivos con glamour, diseño estilizado y llenos de funciones sin los que actualmente no entenderíamos la comunicación en nuestra sociedad

La leyenda de los móviles

1 febrero 2008

Estaban basados en una tecnología analógica y eran voluminosos y pesados, pero abrieron las puertas a eso a lo que ahora estamos tan acostumbrados: estar siempre comunicados. Antes del desarrollo de sistemas de telefonía móvil, las comunicaciones entre particulares se producían de dos formas. La más extendida y habitual era, por descontado, el teléfono tradicional, que se extendía allá donde llegara el cable de cobre que permitía la comunicación. El otro método eran las comunicaciones vía radio, un método menos difundido y más utilizado para aplicaciones profesionales o de servicios.
El nacimiento de la telefonía móvil responde a la necesidad de unir las ventajas de estos dos sistemas: la radio, que permitía comunicarse desde cualquier parte, incluso desde vehículos en marcha, y la telefonía, que era el sistema de comunicaciones más extendido. En ese momento nació el radioteléfono, simplemente una radio que permitía comunicarse con una centralita (primero manual y posteriormente automática) que hacía posible la comunicación con la red de telefonía fija. Este sistema se implementó al principio en trenes, aviones y barcos de línea y sus primeras aplicaciones datan de 1926.
El móvil sólo en el coche
Sin embargo estos sistemas estaban anclados a grandes vehículos, por lo que no permitían la independencia del usuario. Para poder hablar de telefonía móvil propiamente dicha hay que esperar casi veinte años más. Se desarrolló en 1946 en EEUU y, tanto por su tamaño y peso como por el consumo de energía necesario, tuvo que desarrollarse solamente para su uso en un automóvil. Eso sí, permitía más independencia que los radioteléfonos mencionados al principio.
El sistema permitía la conexión a través de un número limitado de receptores y emisores de radio que funcionaban a la vez. De esta forma, cuando se establecía una comunicación, todas las estaciones reservaban dos frecuencias de radio para esa conversación, una para cada interlocutor. La comunicación podía seguir mientras el dispositivo del automóvil tuviera potencia suficiente para alcanzar las antenas. Este primer acercamiento a la telefonía móvil tenía el inconveniente de ocupar un par de frecuencias para cada llamada, lo cual limitaba la capacidad del sistema y permitía la intercepción de conversaciones de forma sencilla mediante una radio convencional. Además, como precisaba de un aparato de cierta potencia, era muy complicado reducir su tamaño y peso.
La telefonía en células
La idea que permitió el desarrollo de las actuales redes de telefonía móvil fue el de desplegar un tejido de estaciones de radio que se comunicaran entre sí. El alcance de éstas se solapa y permite que un usuario de telefonía móvil pueda seguir su conversación al pasar de la cobertura de una estación a otra. Como estas bases son de baja potencia, esto permite reutilizar las frecuencias, ya que no es necesario ocuparlas por cada llamada, sino por cada conexión en cada célula. La idea la propusieron en 1947 los ingenieros de los laboratorios Bell de la empresa de comunicaciones AT&T. Esta solución permitía, además de la posibilidad de que existieran muchas más comunicaciones inalámbricas, que los terminales fueran más pequeños y manejables.
Aunque, en realidad, la miniaturización de los terminales no llegó hasta bastante después, con el desarrollo de la electrónica, y además el poco interés por implementar esta nueva solución hizo que hasta nada menos que 1984 no se desarrollara la tecnología para hacer posible el cambio de célula durante una misma llamada. Así que, hasta esa fecha, cada llamada de telefonía móvil ocupaba su propia frecuencia, haciendo imposible una amplia implementación de este sistema.
Telefonía móvil analógica
Como decimos, para el despegue definitivo de la telefonía móvil era clave el desarrollo del sistema de cambio de estación durante una conversación. En realidad las primeras pruebas del sistema se efectuaron en 1977 por parte de los laboratorios Bell de AT&T distribuyendo en la ciudad de Chicago más de 2.000 terminales. Con este avance el sistema propuesto allá por 1947 finalmente cobró vida y se puede decir que ahí nació el primer teléfono celular propiamente dicho.
El éxito de este nuevo sistema hizo que en 1987 se alcanzara la cifra de un millón de suscriptores. En nuestro país, la telefonía móvil analógica adoptó el sistema nórdico NMT en 1982 (coincidiendo con el Campeonato Mundial de Fútbol). La comunicación en este sistema seguía siendo vía radio y la voz se transmitía directamente de forma analógica a través de las ondas, así como la conexión entre las células. La gran revolución llegó en 1990 con la telefonía móvil digital.
El móvil digital, las nuevas generaciones
A partir de 1990 se desarrolló la tecnología GSM, llamada de segunda generación o 2G. Con ella las conversaciones eran transformadas en paquetes de datos y transmitidas vía radio; cada repetidor o célula transmitía a su vez de forma digital la información. Este sistema estuvo conviviendo en España durante unos años con la telefonía móvil analógica bajo el estándar TMA-900 o TACS. Sin embargo, las ventajas de la conexión digital (mayor autonomía de los terminales además de un tamaño y peso más reducidos), así como los nuevos servicios que ofrecía, acabaron por prevalecer sobre el sistema analógico. También mejoraba, en algunos casos, la calidad de sonido de la llamada.
La telefonía digital posibilitaba también conexiones digitales a Internet, aunque a baja velocidad, y permitió la puesta en marcha de un sistema de intercambio de mensajes cortos que pronto alcanzó una tremenda popularidad: el SMS. En 2004, la red de telefonía móvil analógica dejó de funcionar. Esto a pesar de que, por ejemplo, la cobertura de la telefonía analógica era entonces superior a la digital. Ante la demanda de nuevos servicios digitales y la necesidad de proporcionar una conectividad de mayor capacidad, se puso en marcha el sistema GPRS (también llamado 2,5G).
A partir del año 2002 algunas operadoras pusieron en marcha en España la tercera generación de telefonía móvil mediante el sistema UMTS. Frente a los estándares anteriores, éste estaba centrado en facilitar al usuario nuevos servicios digitales de valor añadido, además de posibilitar una conexión a Internet de banda ancha.
El primer móvil
Aunque, como hemos visto, tuvo antecesores en forma de radioteléfono, el primer teléfono móvil digno de este nombre que salió al mercado con las bendiciones de la Comisión Federal de Comunicaciones de los Estados Unidos fue el DynaTAC 8000X de Motorola.
Este modelo permitía una autonomía de una hora de llamada (ocho en espera), aunque eran necesarias 10 horas para recargarlo. Se trataba de un verdadero teléfono móvil, aunque no según los parámetros actuales: pesaba 800 gramos y medía 33 x 8,9 x 4,5 centímetros. Unas prestaciones y características que, como se puede comprobar en cualquier catálogo de telefonía móvil, distan mucho de las de los modelos actuales. Gracias a este y sucesivos modelos, Motorola mantuvo una posición de privilegio en el mercado de la telefonía móvil hasta la entrada de los sistemas digitales.