Libera de información a tu PC

Si nuestro consumo de Gigabytes, en lo que almacenamiento se refiere, es casi compulsivo, si llenamos nuestros discos duros de cientos de ficheros de gran tamaño o si queremos tener una copia siempre actualizada de lo que tenemos en nuestro ordenador, un disco duro externo puede ser la solución

Libera de información a tu PC

11 marzo 2008

Su precio se ha abaratado mucho en los últimos tiempos y tendremos siempre a mano la posibilidad de descargar datos a nuestro PC. Además, podremos llevarlos con nosotros para compartir con otros usuarios nuestros archivos o trabajar con ellos en otros ordenadores. Las prestaciones no serán las mismas que las que el disco duro del sistema, pero su versatilidad lo compensa con creces.
La idea de disponer de un disco duro externo es relativamente reciente. Hasta hace poco, los únicos medios para tener un sistema de almacenamiento externo a los discos del sistema eran los disquetes y las cintas de copia de seguridad. Sin embargo, el abaratamiento de estos dispositivos y el avance en la velocidad de transmisión de las conexiones externas, como FireWire o USB 2.0, han propiciado que podamos disponer de un disco de alta capacidad y buenas prestaciones sin necesidad de tenerlo que instalar dentro del ordenador. Todo ello ha acercado al usuario doméstico la posibilidad de disponer de un sistema de almacenamiento externo de gran capacidad que resulta extremadamente útil en unos tiempos en los que los contenidos multimedia tienden a saturar los discos duros de nuestros ordenadores.
Cómo funcionan
En realidad, el diseño de un disco duro externo es bastante sencillo. Se trata de una carcasa que alberga un disco duro como los que tenemos instalados en nuestro ordenador y que dispone de las conexiones necesarias para que lo utilicemos con un puerto de comunicaciones externo. Estos dispositivos se basan, por tanto, en el formado de los existentes en el mercado: 3,5, 2,5 y 1,8 pulgadas. En el caso de los primeros, los que ofrecen mayor capacidad, la carcasa también proporciona la alimentación necesaria a través de un transformador de corriente externo. En los otros dos, normalmente, el disco puede alimentarse por la propia conexión de datos. Los discos externos disponen de LED de información que indican operaciones de lectura y escritura. Algunos, incluso, proporcionan una pequeña pantalla LCD para dar información del funcionamiento del sistema de almacenamiento.
También existen modelos que disponen de un sistema de reconocimiento biométrico para que el disco no pueda ser utilizado por personas no autorizadas. Éstos comprueban la huella dactilar antes de dar acceso al contenido. Estos sistemas son muy importantes si almacenamos información confidencial en nuestro disco externo. Hay que tener en cuenta que, al ser portátiles, pueden ser sustraídos o extraviados y caer en manos así de personas no autorizadas. Existen modelos de discos duros especialmente pensados para su transporte y que disponen de sistemas para que el disco no se dañe al moverlo. Suelen ser los modelos especialmente diseñados para portátiles.
Conexiones
El apartado de las conexiones es uno de los más importantes dentro de los discos duros externos. Un disco duro es un dispositivo capaz de leer y escribir una gran cantidad de datos por segundo y, si no se dispone de una conexión lo suficientemente rápida, no podremos sacar todo el partido a sus prestaciones. Para ver concretamente la diferencia, veamos de qué sistemas de conexión interna y externa disponemos para la conexión de discos duros.
En la actualidad, para los internos, se utiliza el sistema Serial ATA, heredero del sistema ATA utilizado desde hace años en los discos duros de los ordenadores personales. Existen dos tipos, SATA 1.5 Gbit/s y SATA 3.0 Gbit/s, este último también conocido por SATA II. Por la codificación de los datos, las prestaciones finales en cuanto a transferencia de datos son de 150 Mbytes por segundo para el primer sistema y 300 Mbytes por segundo para el segundo. Por su parte, como hemos visto, los sistemas de almacenamiento externo tienen que conectarse por USB 2.0 o FireWire, que ofrecen respectivamente 60 y 98 Mbytes por segundo (en el caso de FireWire con la especificación FireWire 800). Si se tiene en cuenta que los discos duros más rápidos pueden recibir y enviar datos a una velocidad de transmisión de hasta 120 Mbytes por segundo, se ve claramente que tanto USB 2.0 como FireWire se convierten en un cuello de botella.
Sin embargo, no hay que olvidar que se trata de dispositivos orientados a la copia, no al funcionamiento del sistema como un disco duro más. Si necesitamos un disco duro externo que tenga unas prestaciones similares a las de uno interno, es necesario acudir a sistemas eSATA (external Serial ATA), que ofrecen las mismas prestaciones que su contrapartida de conexión interna. Otra posibilidad son los estándares USB 3.0 (aún por definir completamente), que alcanzan hasta 600 Mbytes por segundo, y FireWire 3200, con 393 Mbytes por segundo. En cualquier caso se trata de soluciones más costosas que las de las unidades USB y FireWire.
Si elegimos un disco duro externo conectado a la red local, las prestaciones se limitan aún más. En el caso de que conectemos un disco duro a la red de cable Ethernet, estaremos limitados a 100 megabits de transferencia en la mayoría de los casos, a menos que dispongamos de una red de 1 Gigabit y que el disco duro que adquiramos sea compatible con ese estándar. En el caso de los dispositivos de almacenamiento inalámbrico, la limitación la pondrán los 54 Mbits por segundo de la conexión 802.11g. También en este caso existen evoluciones del sistema, como el 802.11n, que ofrece 248 Mbits por segundo, pero también se trata de soluciones más costosas y más difíciles de encontrar.
Clases de externos
Existen distintos tipos de discos duros externos con características y usos distintos. Aquellos basados en unidades de 3,5 pulgadas, los discos duros utilizados en ordenadores de sobremesa, suelen ser más voluminosos y requieren de una alimentación externa. Estos modelos se destinan normalmente a realizar copias de seguridad o como disco duro de respaldo para almacenar ficheros cuando no dispongamos de más capacidad en el disco duro del sistema. Su tamaño y peso no los hacen especialmente indicados para ser transportados de un lado a otro. Por otra parte, por su diseño interior, pueden ser más sensibles a los golpes que los específicos para ser transportados. Dentro de esta categoría, encontramos los discos externos que pueden conectarse directamente a una red local.
Algunos modelos también permiten ser utilizados en redes inalámbricas, por lo que su instalación se hace realmente sencilla. Hay que tener en cuenta, como veremos más adelante, que estos discos requieren de un software especial para que sea posible acceder a los datos que contienen. Los discos duros que se podrían considerar portátiles son los basados precisamente en las unidades que se utilizan para los ordenadores portátiles, de 2,5 y 1,8 pulgadas. Las prestaciones de éstos son menores, pero también lo es su tamaño y su peso. Además, están preparados para ser transportados. Estos discos son compañeros ideales de un portátil y apenas ocupan espacio en el maletín del mismo. Las escasas posibilidades de ampliación de estos equipos hace que los discos portátiles sean una solución muy válida para aumentar la capacidad de almacenamiento.
Como clasificación aparte, que veremos en su propio apartado, quedan los discos duros multimedia, que ofrecen la reproducción de música y vídeos, además de mostrar fotografías con conexiones para equipos de música y televisores.
Cómo elegir el adecuado
En primer lugar, la decisión más importante es el tamaño del disco que vamos a adquirir. Esto influirá directamente, entre otras cosas, en el precio final del dispositivo. Actualmente, encontramos en el mercado la misma gama de capacidades que existe para los discos duros internos. Podemos encontrar modelos desde los 20 Gigabytes hasta los 2 Terabytes, mediante dos discos de 1 Terabyte, (mil gigabytes o un billón de bytes), por lo que la oferta es muy amplia. Para determinar qué capacidad necesitamos es necesario saber qué tipos de datos vamos a almacenar en el disco. Si vamos a guardar principalmente archivos multimedia de gran capacidad, nos decantaremos por un disco más grande, pero si sólo necesitamos transferir documentos de ofimática o fotografías, podremos adquirir uno más ajustado.
En cualquier caso, siempre es conveniente pasarnos que quedarnos cortos, ya que si tenemos que comprar otro disco saldrá mucho más caro que si disponemos de uno con capacidad suficiente. Esto siempre que estemos hablando de un tamaño en disco medio, ya que los discos de 1 Terabyte o superiores suelen tener una relación capacidad precio peor.
Otro dato a tener en cuenta es la memoria caché. Se trata de una memoria intermedia que permitirá que el disco funcione de forma más rápida y evite en parte los cuellos de botella. Gracias a ésta no será necesario acceder al disco constantemente, ya que parte de los datos estarán almacenados en ella. También tendremos que estar atentos al tiempo medio de acceso, que se mide en milisegundos. Se trata de una característica técnica propia del disco duro incorporado al dispositivo. Cuanto menor sea esa cifra, menor es el tiempo que tardan los cabezales del disco en posicionarse en un lugar determinado y, por lo tanto, mayor la velocidad del disco para encontrar los datos. Si precisamos un disco duro con unas buenas prestaciones, tendremos que fijarnos en ese valor.
Dentro del apartado de las prestaciones, también tendremos que tener en cuenta el tipo de conexión de la que dispone el disco para que sea utilizado con el ordenador. La más rápida, como hemos visto, es la eSATA, pero no se encuentran demasiados productos compatibles con ella y tampoco ordenadores preparados para sacarle partido. Las dos opciones más habituales son el USB 2.0 y la conexión FireWire. Esta última se suele ofrecer en sus dos versiones: FireWire 400 y 800, la más rápida. En el apartado conexiones, se han expuesto las distintas velocidades de transmisión de estos sistemas. En general, lo preferible para obtener unas altas prestaciones será optar por la conexión FireWire más rápida, pero por otro lado la USB 2.0 está más extendida, por lo que tendremos que valorar esos extremos. Algunos modelos ofrecen ambas conexiones, con lo que conseguiremos, por un lado, el máximo de prestaciones y, por el otro, completa compatibilidad.
Seguridad y otros factores
La seguridad de nuestros datos es un factor importante a tener en cuenta cuando vamos a almacenarlos en un dispositivo, que, posiblemente, llevemos con nosotros. Se trata de un disco que, con sólo conectarlo, cualquiera podría acceder a la información que contiene. Algunos fabricantes proporcionan un sistema que requiere una contraseña para el acceso a los datos. Otros, incluso, han incorporado al disco un sistema de lectura biométrica que no permite el funcionamiento si la huella dactilar no coincide con alguna de las que tiene almacenados en la base de datos.
También es bueno tener en cuenta que el disco puede ser robado. Existen fabricantes que ofrecen productos similares a los de los portátiles que permiten amarrar el disco a una mesa u objeto fijo para impedir su sustracción. Hay dos puntos relacionados entre sí que tienen más importancia de la que parece: la refrigeración y el confort acústico. Los discos duros de hoy en día giran a velocidades muy altas y provocan el calentamiento de las partes metálicas. Si no son refrigerados correctamente, pueden deteriorarse y funcionar de forma defectuosa. Será bueno asegurarnos de que el disco que adquiramos disponga de un buen sistema de refrigeración.
Al mismo tiempo y como ésta suele depender de ventiladores, también será conveniente informarse del nivel de ruido que emiten. La calidad de la fuente de alimentación y si ésta es externa o interna también deberá tenerse en cuenta, ya que influye en la refrigeración y en el ruido emitido. Algunos modelos disponen de modos de ahorro de energía, en los que el disco se encuentra en reposo hasta que es utilizado. Esto ralentiza la operación, pero consume menos electricidad, algo a agradecer sobre todo si utilizamos un disco que se alimenta por el puerto USB de un portátil que no tiene conexión a la red eléctrica.
A valorar también se encuentran las funciones adicionales. Algunos discos disponen de un botón específico muy práctico que ejecuta una copia de seguridad preconfigurada automáticamente. Otros disponen de ranura para tarjetas de memoria, lo cual puede resultar útil para descargar el contenido de las tarjetas aún sin ordenador. Puede ser de mucha utilidad para usuarios de cámaras digitales que quieran descargar las fotos en el momento cuando la tarjeta no disponga de capacidad. También es conveniente revisar el software incorporado, como programas para la copia de seguridad.
Protocolos de discos en red
Cuando conectamos un disco duro directamente a una red local, necesitamos un protocolo o un programa que nos permita leer y escribir en ese dispositivo. Para conseguirlo, hay varias soluciones. Una de ellas es el FTP; se trata de un sencillo programa que funciona por redes IP y que permite la lectura y escritura. Si nuestro disco duro tiene la opción de funcionar como servidor FTP, podremos escribir y leer ficheros en él. Sin embargo, no podremos ejecutar programas y no será reconocido como unidad de disco sino como servicio de red.
El sistema más utilizado y eficaz en la actualidad para que un sistema de almacenamiento pueda ser utilizado en una red como si fuera una unidad virtual es el llamado NAS. Si instalamos un controlador en nuestro ordenador y conectamos un disco compatible NAS a nuestra red, ese disco aparecerá automáticamente como una unidad más y podremos utilizarlo como si fuera uno local. Hay que tener cuidado porque algunos discos duros externos implementan el sistema NAS por software, por lo que el funcionamiento es bastante lento. Otros fabricantes ofrecen su propio software para que la integración del disco en la red y su uso por parte de los ordenadores de la misma sea la adecuada.
Haz tu propio disco duro externo
Además de los productos ya ensamblados, existen distintos fabricantes que ofrecen carcasas que permiten albergar un disco duro. De esta forma, podremos elegir el modelo con las prestaciones que queramos y de la marca que prefiramos. El inconveniente es que la instalación corre por nuestra cuenta, pero ésta no suele ser demasiado engorrosa. En primer lugar, hay que asegurarse de qué conexión admite la carcasa que vamos a adquirir para comprar un disco duro que sea compatible con ella. Al igual que con los discos ya ensamblado, es conveniente que nos aseguremos de que la carcasa esté bien ventilada y que las conexiones sean las adecuadas. La instalación del disco duro es idéntica a la que realizaríamos en un ordenador: insertar en los soportes, conectar el bus de datos y el cable de corriente y atornillar.
En ocasiones, será necesario formatear el disco duro antes de conectarlo a la carcasa. Para ello tendremos que instalarlo en un ordenador, formatearlo, hacer las particiones pertinentes y volver a conectarlo a la carcasa. En cualquier caso, lo más conveniente es seguir las instrucciones del fabricante para que todo funcione de forma correcta. Como categoría relacionada, se encuentran los discos duros extraíbles. Se trata de carcasas pero que, en este caso, no funcionan fuera del ordenador, sino que simplemente podemos extraer del PC y llevarlas a otro ordenador que admita ese tipo de disco.