Libre pero también gratis

Aprovechamos estos meses vacacionales para recopilar las contribuciones a PCA de uno de los indiscutibles amos de la blogosfera hispana: con ustedes, la dosis diaria de Javier Candeira, uno de los principales artífices de Barrapunto

Libre pero también gratis

11 septiembre 2008

LÓGICA DISCRETA (#203, ENE2008)

Information wants to be free, escribió Stewart Brand en los 80. A lo largo del tiempo hemos traducido ese free como libre, siguiendo los principios de Richard Stallman, el autor del Manifiesto del Software Libre. Pero ¿y si free significara las dos cosas?

Hace ya una década de ese periodo de optimismo que algunos calificaron de «exhuberancia irracional» y otros llamaron el nacimiento de una «nueva economía». Como editor de la revista Wired y autor del libro The New Economy, Kevin Kelly fue uno de sus principales heraldos, y preconizaba un interesante concepto: cualquier producto o servicio lo bastante abundante para que hubiera competencia al ofrecerlo tendería a ser prácticamente gratis.

Cuando en 1999 se lo contó a los ejecutivos de KLM, diciéndoles que el precio del billete de avión debería ser insustancial y que la forma de ganar dinero era cobrando los servicios anejos (la comida, la facturación de equipaje, la reserva anticipada, etcétera) se rieron en su cara. Diez años más tarde, las aerolíneas de bajo precio hacen exactamente eso. Mientras tanto, KLM ha tenido que fusionarse con Air France para sobrevivir.

Este mismo modelo de negocios por servicios es el que cualquier internauta disfruta gracias a Google, Yahoo! y demás peces grandes del estanque de Internet. Los internautas recibimos un servicio gratuito de búsqueda, correo y muchas cosas más, y las empresas que nos dan estos servicios generan su beneficio a partir del ecosistema de lectores y editores en la Web. La gratuidad, sin embargo, sólo es una cara de la moneda, y quizá no la más importante.

Internet debe su crecimiento y esplendor a ser un sistema abierto con protocolos libres. Conectarse a Internet cuesta dinero, pero más allá de los estándares de interoperabilidad nadie tiene que pedir permiso para conectar a la red de su universidad, empresa, gobierno o domicilio. Compárese esta situación con el panorama de los servicios sobre redes de telefonía móvil: las empresas que nos dan servicio son pocas y malas, porque las pocas compañías tratan a los clientes como si les pertenecieran, manteniéndoles dentro de sus «jardines vallados» y restringiendo los permisos para operar dentro de ellos. El resultado es un estancamiento económico y creativo contra el que luchan los operadores en sistemas abiertos al estilo Internet.

En este panorama de la interacción entre lo gratis y lo libre, cobra importancia Android, el sistema operativo libre para teléfonos móviles recientemente anunciado por Google. Es libre, con lo que los fabricantes de terminales y los programadores independientes podrán montar sobre él sus servicios, preferiblemente (esa es la idea) sin tener que pedir permiso (ni pagar peaje) a las operadoras de telefonía.

La otra pinza de la tenaza de Google sobre el mercado actual de la telefonía es su entrada en las subastas del espectro radioeléctrico en Estados Unidos. Al pujar por la banda de 700 MHz con la promesa de comercializarla sólo en términos igualdad de acceso, Google está apostando a que se genera más valor, tanto para el usuario del servicio de telecomunicaciones como para la compañía que lo da, si el servicio básico es gratis y tanto los usuarios como los operadores son libres de interactuar en los servicios de valor añadido.

Es una apuesta arriesgada, y muestra la arrogancia de quien cree que es simplemente mejor que la competencia. Pero el usuario sólo puede salir ganando, porque es difícil encontrar un servicio mejor que uno que nos da la mayor libertad y cuyo precio tiende a casi cero. Tiembla, competencia.