Comparativa

Llega la alta velocidad a los discos duros

El almacenamiento externo se ha visto «frenado» durante años por las limitaciones de USB 2.0. A modo de salvación llegó eSATA, aunque se ha solapado en el tiempo con USB 3.0. Veamos qué solución es mejor

Anabel Pasiego

Discos duros intro

5 mayo 2011

Los discos duros externos han sido durante muchos años una especie de «mal menor». Se tenía mucha capacidad de almacenamiento, pero la velocidad de la interfaz USB 2.0 no era especialmente buena.

Por eso, han estado infrautilizados, «escondidos» detrás de una interfaz que era en realidad un cuello de botella que impedía apreciar las cualidades de los discos duros usados como medio de almacenamiento. De poco servía que girase a 5.400 o a 7.200 rpm. O que fuese SSD o magnético. Todo se quedaba detrás del muro de los 30 Mbytes/s aproximadamente.

Cuando SATA hizo acto de presencia, poco tardaron en llevarla a los discos externos en forma de conectividad eSATA. Eso sí, hay problemas que no son fáciles de solucionar, como el de su alimentación. Estas conexiones eSATA no están preparadas para llevar la alimentación a través de ellas y es necesario hacer «apaños», como diseñar un cable eSATA con un USB en paralelo para llevar la alimentación a través de la conexión USB y los datos a través de la eSATA.

USB 3.0

Ante tal situación, se ha desarrollado la variante eSATAp, con «p» de powered, que ya contempla la inyección de 12V para discos de 3,5” externos, o de 5V para los de 2,5". De todos modos, no hay una convención universal que determine si un disco eSATA podrá conectarse únicamente con un cable eSATA o necesitará de alimentación auxiliar.

Por fortuna, USB 3.0 ha hecho acto de presencia, y está integrándose a un ritmo acelerado en los equipos informáticos. Y si no es de forma nativa, lo es a través de dongles y controladoras PCI Express, como la que incluye el disco Western Digital MyBook 3, por ejemplo. Las placas base cada vez más integran USB 3.0, pero no será hasta que esté contemplado en el chipset cuando se generalice su adopción.

Distintos formatos

Uno de los puntos interesantes de esta comparativa es que se analiza una extensa variedad de discos externos, desde los de 3,5” de capacidades elevadas de 1,5 Tbytes, hasta los diminutos de 1,8” SSD y 64 Gbytes. Entre medias, están los de 2,5” en sus distintas variantes.

En principio, la capacidad es una variable que importa, pero lo justo si se tiene en cuenta que, para un mismo modelo de disco, los fabricantes suelen ofrecer distintas variantes con capacidades también diversas. Lo que importa en estos casos es hacer un cálculo rápido del precio por Gbyte de cada modelo para tratar de optimizar la inversión.

En general, en los modelos de menor capacidad se suele pagar más por la caja que por el disco, mientras que en los de mayor a veces se paga el sobreprecio asociado a los dispositivos con un almacenamiento extremo, que suelen ser más caros. En las conclusiones tendremos argumentos para concluir si hay algún formato especialmente interesante que destaque sobre el resto.

También tendremos la oportunidad de comparar los resultados obtenidos con distintas tecnologías de almacenamiento, como SSD de distintas capacidades, o magnético tanto de 2,5 como de 3,5”. A priori, todos los ingenios pueden parecer iguales; pero, en la práctica, factores como la velocidad de rotación o la densidad de almacenamiento, en el caso de los discos magnéticos, o la controladora que integran los discos de estado sólido, influyen de forma decisiva en su comportamiento.

Discos magnéticos vs SSD

Con la llegada de USB 3.0, la elección es una tarea que requiere algo más de dedicación. Por ejemplo, hay que tener en cuenta las diferencias entre discos SSD y magnéticos. En la comparativa, encontraréis de ambos tipos, con comportamientos similares en algunas pruebas, pero con divergencias importantes en otras. Para mover pocos archivos de gran tamaño no se notan las diferencias entre SSD y magnéticos, pero para muchos archivos diminutos los SSD hacen valer su memoria de estado sólido.

Otras ventajas de los SSD son su reducido consumo, robustez o ligereza comparados con los discos magnéticos convencionales. Pero recuerda que el precio por Gbyte es bastante más elevado también y que, además, no hay modelos de capacidades excesivamente elevadas, lo cual impide que sean una buena opción como sistemas de almacenamiento masivo.

Nuevos usos

Las elevadas velocidades de transferencia de las interfaces USB 3.0 y eSATA hacen que se pueda pensar incluso en usar los discos externos como unidades en las que instalar máquinas virtuales como las ofrecidas por Parallels o VMware.

De especial interés resulta si se tiene un portátil, en el que no suele ser habitual instalar una segunda unidad de disco interno, y en el que la capacidad suele estar limitada a 320 o 500 Gbytes, con poco margen para dedicar mucho espacio a una aplicación concreta. Además, instalando la máquina virtual en la unidad externa, se podrá «reutilizar» en otros ordenadores.

Cómo hacemos las pruebas

Como soporte para el banco de pruebas, hemos empleado una placa base con eSATA integrado, junto con una controladora USB 3.0 PCI-E. Los discos se prueban con diferentes programas de benchmarking especializados en almacenamiento. El centro de atención es el rendimiento bajo USB 3.0 y/o eSATA, aunque tomaremos un valor de referencia para el comportamiento sobre USB 2.0.

En cuanto a los nombres propios, ATTO Disk Bench­mark lee y escribe archivos de tamaños progresivamente crecientes y registra las velocidades de transferencia medidas en cada tanda. Da una idea de cómo se comporta un disco en condiciones diversas. El punto débil de los discos magnéticos es la lectura /escritura de archivos pequeños, donde los SSD consiguen resultados bastante superiores.

HD Tach sirve para perfilar el comportamiento en lectura y escritura secuencial de un disco, así como su latencia. En los magnéticos permite obtener tanto la velocidad de transferencia máxima en su parte externa, como la mínima en el interior de los platos, así como la curva intermedia. En discos SSD o cuando hay un cuello de botella, la respuesta es plana.

AS SSD es un benchmark optimizado para discos SSD, pero también se le ha pasado a los convencionales para comprobar si hay mucha diferencia entre unos y otros. Es muy exigente y los resultados son consistentes, por lo que es una buena referencia.

PC Mark Vantage se centra en el rendimiento del sistema de discos y, de hecho, el resto de las pruebas ni se han pasado. Es una prueba que arroja un índice final que resulta de combinar los resultados parciales de pruebas inspiradas en actividades convencionales.

Hazlo tú mismo

Si tienes ya algún disco duro que no usas y quieres convertirlo en un disco externo USB 3.0, puedes adquirir una caja vacía e instalar tú mismo el disco en su interior. Las cajas no son excesivamente caras a estas alturas, pudiéndolas conseguir por 20 euros. Si la eliges bien, de modo que sea sencillo abrirla, puedes usarla para convertir cualquier disco en externo, de gran utilidad cuando necesitas realizar tareas de mantenimiento en un disco de un ordenador que necesite de desfragmentación o una seria limpieza.

Cómo integrar USB 3.0 o eSATA en tu PC

Si tienes un ordenador que no integre de forma nativa la conectividad USB 3.0 o eSATA, hay diversas opciones a tu alcance.

Discos duros 3.0 cuadro

1. Cambia la placa base por otra con puertos USB de forma nativa, así como eSATA. Es la solución más radical, pero al mismo tiempo es la que deja el sistema en un estado óptimo de funcionamiento. También es la más cara, dependiendo del modelo que se elija.

2. Puedes optar por una controladora USB y/o eSATA PCI-e. No ocupan mucho espacio en el ordenador, y hay modelos desde 30 euros. O en su defecto busca un disco duro que tenga como accesorio la controladora.

3. Si estás dispuesto a perder rendimiento, recuerda que puedes conectar un disco USB 3.0 a un conector USB 2.0. Lo único es que te quedarás con el cuello de botella tradicional. Cuando te hagas con un sistema equipado con USB 3.0 no tendrás que comprar un disco nuevo.

4. Para los discos eSATA, lo ideal sería que tuviesen alimentación integrada en el conector (eSATAp). En caso contrario, tendrás que «apañar» un sistema mixto de alimentación mediante USB y conexión de datos eSATA.

5. Si tienes un portátil, lo más directo es usar la ranura ExpressCard, para instalar una controladora USB 3.0 o eSATA.

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