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Llega Windows 8: ¿merece la pena el cambio?

Ya está aquí la nueva versión del sistema operativo por antonomasia que no es sino Windows. No hay dos sin tres, ni siete sin ocho. Te contamos lo que necesitas saber para decidir si actualizarte

Manuel Arenas

Windows 8 merece la pena el cambio

10 marzo 2014

Sobre Windows 8 se han ido desvelando detalles casi con cuentagotas. Desde Mobile World Congress de este año, cuando se hizo la presentación oficial de la Consumer Preview, han ido sabiéndose datos y características del sucesor de Windows 7.

Después vino la Release Preview y luego el lanzamiento de la versión RTM el día 15 de agosto. RTM son las siglas de Released to Manufacturing y es la fase previa a la comercialización, con la que no debería diferir mucho. El precio es de de 29,99 € para los usuarios actuales de Windows y de 14,99 € para los usuarios que compren un equipo con Windows 7 y quieran pasarse a 8.

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El Surface de Microsoft estará disponible a partir del próximo 26 de octubre en dos versiones: con micro ARM y x86

Versiones para todos

Microsoft ha adoptado una postura muy diferente a la que exhibió con Windows Vista y 7. Por lo pronto, ha reducido el número de versiones, que pasan a ser Windows 8, Pro y RT, a falta de iteraciones específicas para la empresa. Lejos quedan las ediciones Home, Home Premium o las Ultimate. Eso sí, funcionalidades como Windows 2 Go se quedan fuera de las opciones para usuarios de a pie.

La versión RT es la que se ha diseñado específicamente para dispositivos ARM. Y, entre otras cosas, no tendrá modo Escritorio compatible con aplicaciones anteriores. Todo tiene que estar programado para la interfaz Metro, que es la que está compilada para esta plataforma alternativa a la tradicional x86.

Por otro lado, tenemos Windows Phone 8, que, a pesar de estar pensado para dispositivos móviles, proporciona una interfaz unificada en lo que a apariencia se refiere y también a nivel de plataforma, si tenemos en cuenta todo el repertorio de servicios en la Nube que existe en el ecosistema Microsoft. A nivel de aplicaciones, es de esperar que se facilite que los desarrolladores hagan versiones tanto para PC, como tableta o smartphone.

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Todo aquello que se vaya a ejecutar sobre la versión RT de Windows 8 tiene que estar programado para la nueva interfaz Metro

Su aportación frente a W7

Windows 8 es un sistema operativo complicado de posicionar para Microsoft. Por una parte tiene que mantener la compatibilidad con el universo de aplicaciones existentes (salvo para la versión RT) y, por otra, tiene que ser disruptivo. Los usuarios se están acostumbrando a las interfaces táctiles y quieren interactuar con ellas de un modo similar a como harían con el móvil o la tableta.

En este sentido, Windows 8 está centrado en la interfaz Metro optimizada para pantallas táctiles. Pero incorpora un modo Escritorio, de la misma forma que en Windows 7 tenemos modo DOS (usando la aplicación cmd). Así, la primera aportación sería la interfaz de usuario pensada y optimizada para un uso táctil.

En otro orden de cosas, sobre los sistemas operativos se ejecutan aplicaciones. La forma de trabajar con ellas en Windows 8 es diferente a Windows 7, donde se descargan e instalan programas de un modo totalmente desasociado de Microsoft. En Windows Me y Windows 98 eran famosos los problemas asociados a que aplicaciones de terceras partes sobreescribían las DLLs oficiales de Microsoft, ocasionando inestabilidades del sistema. Esa problemática ha estado latente en todas las versiones de Windows hasta ahora, donde las aplicaciones pasan por la tienda de Windows 8 para saber quién las programó o para gestionar los apartados de los pagos, por ejemplo.

El modelo no es nuevo, por supuesto, pero funciona y tiene ventajas añadidas como el apartado de la seguridad, al evitar que aplicaciones maliciosas que aparentemente pueden ser inocuas se apropien de datos o utilicen nuestro ordenador como equipo zombi para ataques DoS o para enviar spam. Y de paso que se estrena la tienda de aplicaciones, se da un giro al entorno de programación. Mientras en otras versiones de Windows era más o menos evidente hacer que las aplicaciones fueran compatibles con las nuevas, ahora no es tan sencillo y el mensaje es el de adaptar los desarrollos a la interfaz Metro. Habrá que ver cómo afecta esta circunstancia a la evolución de Windows.

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La tienda de aplicaciones es necesaria, pero requiere tener una oferta contundente; y luego está la problemática de la operatividad de los programas tanto en pantallas táctites como no táctiles

Las dudas razonables

La tienda de aplicaciones es un planteamiento necesario y bien diseñado. Pero hacen falta muchas contribuciones a su repertorio, y además tienen que estar diseñadas para equipos tanto táctiles como no táctiles. El mismo Office 2013 en su versión Preview, muestra algunas inconsistencias en el modo de usarlo. Tiene apartados propios de equipos táctiles, pero otros que están pensados para usar con teclado y ratón. Y el problema se intensifica si pensamos que no todos los equipos actuales ni los que se están diseñando ya para Windows 8 tienen pantalla táctil.

El hecho de tener que convivir con equipos nuevos y no tan nuevos, y una base instalada de usuarios que aún no quieren ni necesitan migrar a Windows 8 complica las cosas en el momento de presentar un sistema operativo que cambia notablemente la forma de programar las aplicaciones. Y son las aplicaciones las que definen en gran medida el éxito de un sistema operativo. Sobre cuál será la respuesta de los desarrolladores, aún hay mucho por ver. Se da por hecho que será una respuesta a la altura de la importancia de la compañía, pero es necesario que Microsoft provea de herramientas capaces de crear programas multidispositivo sin que el programador tenga que esforzarse en las migraciones.

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Para entrar al sistema operativo, hay que autentificarse con la cuenta de usuario. Una vez en la interfaz Metro, tienes acceso directo a tus mensajes de correo electrónico

El hardware necesario

Que Windows 8 se puede instalar sobre cualquier equipo actual es una afirmación arriesgada de generalizar. No obstante, podemos decir que, tras más de diez instalaciones de las versiones Consumer Preview y Release Preview en un hardware más o menos potente, con pantalla táctil o sin ella, con Intel o AMD o con gráficos discretos o integrados, el resultado ha sido siempre un equipo funcionando y conectado.

Otro tema distinto es el de la facilidad de uso. La interfaz Metro, sin pantalla táctil, es un infierno. Y el modo Escritorio, sin el menú Inicio, es una faena. Ademas, sin pantalla táctil lo que se desea es entrar directamente en el modo Escritorio, pero primero va Metro y después el Escritorio. Con todo, empiezan a aparecer aplicaciones que se instalan sobre Windows 8 que permiten arreglar eso habilitando de forma creativa este tipo de posibilidades.

Con Windows 8 en la calle, habrá un aluvión de portátiles, All in One e incluso monitores que tengan la tactilidad como prioridad. Y parece ser que en los equipos Windows 8 con certificación no se podrán instalar otros sistemas como Linux.

Y esta limitación será a nivel de hardware mediante el uso de una UEFI tuneada para que solo admita el arranque de sistemas operativos con una clave de autenticación dada. De momento hay pocos anuncios de equipos con este tipo de configuración, pero será una buena prueba de fuego ver cuántos se presentan y qué aceptación tienen.

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