Logitech G25

Un volante para juegos excelente en prestaciones. Su imponente presencia, un conjunto dividido en tres módulos de considerable tamaño y extraordinario acabado, anuncia que no estamos ante un producto cualquiera

30 agosto 2008

El primer volumen es el que alberga el volante, un robusto bloque de plástico negro con unas fuertes sargentas para sujetar el dispositivo a una superficie plana y en cuya base se encuentran las conexiones para los cables que salen del bloque de los pedales y de la palanca de cambios.

 

El diámetro de la «rueda» es considerable, mucho mayor que en la mayoría de volantes del mercado. Está forrado en cuero negro y los tres brazos que lo unen con el eje son de metal, al igual que las enormes levas de cambio de marcha situadas tras la rueda del volante.

 

La pedalera es realmente extraordinaria, con una gran base que impide que se mueva y unos pedales de metal con un recorrido y una dureza diferente en cada uno, tal y como ocurre en cualquier coche. Y no olvidemos que es de los pocos conjuntos que cuentan con embrague.

 

Por último, el bloque de la palanca de cambios es una pieza de considerable tamaño y cuenta con ocho botones y un pad direccional, además de la sensacional palanca de siete posiciones, seis marchas en horquilla más la marcha atrás. El bloque cuenta también con una gran rueda para cambiar la configuración de la palanca y convertirla en un cambio secuencial.

 

Probamos el conjunto con el simulador R- Factor (incluido en el paquete) y con Gran Turismo 5 Prologo y sólo podemos decir que, si la experiencia ya era buena con un gamepad, con este volante se convierte en lo más parecido a conducir un coche de verdad. Sencillamente, una pasada.