La mano que mece el navegador

Completamos la recopilación iniciada el verano pasado de tribunas escritas hasta la fecha por Javier Candiera y publicadas en PC Actual en su tribuna Lógica Discreta

La mano que mece el navegador

17 agosto 2009

LÓGICA DISCRETA (#212, NOV2008)

En 2004 tuve ocasión de asistir a una comida con Miguel de Reina, a la sazón director de Google en España, que negaba enfáticamente que su objetivo fuera «acabar con Microsoft», como le preguntaban algunos de los asistentes. «Nuestra misión es organizar la información del mundo», respondía. Un par de meses después, coincidí con un trabajador de Google en Mountain View y le conté la anécdota.

Su respuesta fue una explosión de carcajadas: «Pues eso será lo que se diga cara a la galería, pero, internamente, tenemos bien claro a por quién vamos». En el punto de mira de Google estaba la merienda de Microsoft. Y el siguiente atracón se servirá en un navegador llamado Chrome.

La estrategia de Microsoft para aumentar su suite ofimática Office con capacidades de colaboración ha sido darle las riendas creativas a Ray Ozzie, el creador de Lotus Notes y Groove. La idea es partir de programas locales como Word y Excel, y ampliarlos con edición colaborativa gracias a la magia de Ozzie.

Mientras tanto, en Google, fueron montando Google Docs, una suite ofimática gratuita, más modesta en sus prestaciones generales, pero con un par de características claves. La primera y más evidente es que la colaboración no es una salsa que se añade luego, sino que forma parte del guiso desde el principio. La segunda es que una aplicación en línea es como el río de Heráclito: en ella todo fluye y los usuarios se actualizan a la última versión cada vez que la usan.

Para ser sincero, desconozco hasta qué punto es buena o útil la capacidad de colaboración de Office. No soy usuario. Pero, la clave es que no lo soy yo, ni tampoco lo son millones de personas que una vez compraron Office, ya les sirve para lo que hacen, y no han actualizado ni piensan hacerlo.

Mientras tanto, los usuarios de Google Docs nos actualizamos a la última versión cada vez que entramos en el sitio. No tenemos que pagar, pero tampoco tenemos que piratear, ni descargar, ni instalar, ni ninguna de esas tareas de fontanería informática a la que obligan los programas de escritorio.

En estas circunstancias, a Google Docs sólo le faltaba un elemento para ser una suite ofimática ideal para tareas colaborativas: las prestaciones. Para esto Google lanzó Gears, una extensión para navegadores (compatible con Firefox y Explorer, e integrada en Chrome, su propio navegador), que permite usar sitios web de forma local durante las desconexiones y sincronizarlos una vez se está otra vez en línea.

Olvídense del Google OS, ese mítico sistema operativo de la Web. Para Google, el sistema operativo es indiferente: lo que importan son las aplicaciones, y gracias a Gears, Google Docs puede convertirse en Google Office, una suite ofimática que funciona localmente como un procesador de texto tradicional.

Esto es lo que aporta Google Chrome a la guerra con Microsoft: la posibilidad de ejecutar Google Docs y Google Gears de forma más rápida y fiable que los navegadores de otros fabricantes. El uso de Google Docs en desconexión aún está en desarrollo, pero no cabe duda de que Chrome es un importante paso adelante. La mano que mece el navegador dominará el mundo on-line.

Cabe preguntarse si las empresas, principal cliente de Microsoft Office, aceptarán tener todo su negocio albergado en esa «nube» de servidores ajenos y recibir todos sus servicios de software a través de la Red. Pero no cabe duda de que, si aceptan recibir el software como servicio, el proveedor a desbancar será Google.