Especial

Los micros de Intel dejan atrás a AMD

A la redacción de PC Actual han llegado las nuevas plataformas de sobremesa de Intel y AMD para el segmento más exigente de usuarios. Las ponemos frente a frente

Manuel Arenas

Procesadores apertura

14 marzo 2012

La rivalidad entre Intel y AMD ha dejado de ser tan virulenta como antaño, sobre todo tras la irrupción de la arquitectura Core de Intel contra la que es difícil competir. Los micros AMD FX e Intel Core i7 Extreme son prueba de ello.

A la redacción de PC Actual han llegado las nuevas plataformas de sobremesa de Intel y AMD para el segmento más exigente de usuarios. Por un lado, la plataforma FX de AMD con procesador FX 8150 y la placa Asus CrossHair V, con el nuevo chipset AMD 990FX y el zócalo AM3+. Por otro, el kit de pruebas de Intel con Core i7 3960x y una placa con chipset X79. También llegó a la redacción la placa Asus P9X79 Pro, con el chipset Intel X79 que fue la elegida para las pruebas.

Los dos procesadores a examen exhiben precios muy diferentes, aunque ambos son las propuestas más ambiciosas que tiene cada fabricante. De hecho, sobre el papel, sus argumentos de venta pueden llevar a pensar que están equiparados en rendimiento. Por número de núcleos o por velocidad de reloj, las cifras apuntan a un empate. Por precio puede parecer que uno es una ganga y otro un abuso... En este artículo desvelamos la verdad.

En ambos casos se completó la configuración con el número mínimo de módulos de 2 Gbytes necesarios para llenar todos los canales de memoria (dos en la AMD y cuatro en la Intel). Así, tuvimos 4 Gbytes de RAM DDR3 1.600 en la plataforma AMD y 8 Gbytes de RAM DDR3 1600 en la de Intel. También contamos con una tarjeta gráfica Zotac GTX 580, de manera que el cuello de botella en las pruebas con más carga gráfica no estuviera en la tarjeta de vídeo.

Un objetivo, caminos distintos

Cuando se trata de comparar distintas arquitecturas de procesadores conviene centrarse en su esencia: procesar instrucciones de los programas almacenados en la memoria del sistema para así completar tareas cuanto más rápido, mejor. Los programas están escritos en diferentes lenguajes de programación; pero, al final, gracias a la intervención de los compiladores, se traducen en instrucciones de código máquina sujetas a las especificaciones x86 y x86-64.

No obstante, con la proliferación de dispositivos móviles existen otras plataformas sobre las que es posible programar, como las basadas en ARM, con un arquitectura diferente a la x86.

Los fabricantes de procesadores compatibles con el juego de instrucciones x86 tienen que diseñarlos de modo que entiendan el código máquina en el que están codificados los programas y lo procesen a la mayor velocidad como sea posible. Este código consta de instrucciones y datos (operaciones y operandos), los cuales están también almacenados en la memoria o en los registros del procesador. Todo lo que haya en los discos duros, antes de procesarse en la CPU, tiene que llevarse a la memoria. Un procesador no ejecuta código sobre los discos duros. En el fondo, la descodificación de las instrucciones se traduce en operaciones lógicas que trabajan sobre elementos binarios a la velocidad marcada por el reloj del sistema, y todo ello dentro del confinamiento de los transistores de la CPU.

Así pues, vistos desde fuera, dos procesadores pueden parecer iguales, y hacen lo mismo, pero lo harán de formas muy distintas según cada caso. Los fabricantes de CPUs, desarrollan arquitecturas complejas para sus familias de procesadores, que pueden diferir en detalles como la cantidad de memoria caché o la velocidad de reloj para una gama de CPUs dada, pero que en el fondo será la misma para todos los modelos a nivel de núcleos (cores). Pueden ser procesadores con más o menos núcleos, velocidades o memorias caché, pero para una generación determinada y un mismo fabricante, la forma de procesar instrucciones y datos será esencialmente la misma.

Entre fabricantes hay diferencias mucho más importantes, como los algoritmos de predicción de la secuencia de ejecución de un programa, la organización de la memoria caché para que no haya que ir a buscar una instrucción o un operando a la RAM ni a los discos duros salvo muy contadas excepciones. La longitud de la pipeline donde se van preparando las instrucciones para su procesamiento es otra característica diferenciadora (pipelines más largas favorecen mayores frecuencias de reloj, pero son poco óptimas para maximizar el número de instrucciones procesadas por ciclo de reloj o IPC).

Overclocking

El nivel de overclocking que se consigue con el procesador de Intel es de nada menos que un 37% sin pararse a optimizar voltajes ni memoria. Sencillamente espectacular.

Las arquitecturas de Intel

La aproximación de Intel a la tarea de la descodificación de instrucciones y el procesamiento de datos pasa por Sandy Bridge. No es una arquitectura nueva, y hasta que se materialice Ivy Bridge con nueva tecnología de fabricación de 22 nm y algunas modificaciones en su diseño, no habrá novedades realmente relevantes.

Lo que sí ha introducido Intel en esta ocasión ha sido la plataforma de rendimiento extremo que toma el relevo de Gulftown, basada en la tecnología Westemere de 32 nm. Con seis núcleos y hasta 12 hilos de ejecución gracias a Hyper-Threading, Gulftown era el referente de rendimiento para equipos de sobremesa orientados a entusiastas y profesionales, hasta ahora, con la llegada de Sandy Bridge-E, 32 nm y optimizaciones propias de Sandy Bridge como Turbo Boost 2.0, 15 Mbytes de caché L3 y juegos de instrucciones específicos para operaciones complejas (AVX, AES, SSE 4.1 y 4.2).

La diferencia con otros procesadores Sandy Bridge es la ausencia de los gráficos integrados. Con seis núcleos compartiendo 15 Mbytes de caché y espacio para otros dos cores que en la versión para consumo no están operativos, no hay espacio para nada más en la CPU. Con 22 nm sí será factible, pero no con 32 nm y más de 2.000 millones de transistores.

La gestión de la potencia consumida y la energía está optimizada al máximo, de un modo tal que el sistema sabe en todo momento cuánta potencia está disipando cada núcleo y regulando en tiempo real su velocidad y la corriente que circula por él. Se trata de un procesador donde se sabe cuál es el umbral mínimo de rendimiento, pero el máximo es dinámico y configurable. La tecnología Turbo Boost 2.0, por ejemplo, permite que el procesador pase de 3,3 GHz a 3,9 GHz cuando lo admite el estado termodinámico del sistema (moraleja, cuanto más disipe tu ventilador, mayor margen tendrás para aumentar el rendimiento).

Procesador Intel Core i7
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