Los móviles nos hacen antisociales cuando estamos en grupo

19 enero 2015

Se ha convertido ya en un tema común en reuniones sociales, el hablar sobre la dependencia que están generando los propios smartphones en los usuarios y los problemas interpersonales que se derivan de ella. Cualquiera ha tenido que vivir la situación, en la que uno intenta hablar con el otro, y el otro solo presta atención a su smartphone. Lo peor es que esta situación no solo la sufrimos todos, sino que nosotros también se la hemos provocado a otra persona en alguna ocasión.

¿Una falta de respeto?

Nadie puede negar que los smartphones son herramientas muy útiles hoy en día. Sin ir más lejos, a los periodistas nos permite trabajar en movilidad. Y eso ocurre tanto con periodistas, como con cualquier otro profesional. A su vez esto nos lleva a estar permanentemente conectados al smartphone, a veces con la excusa de que es necesario por el trabajo. Y esto conlleva problemas, pues hemos tomado la costumbre de consultar cada correo y cada notificación que nos llega. En principio, eso no es problema, salvo por el momento en que eso nos hace dejar de prestar atención a las personas con las que estamos, físicamente, de verdad. Cuántas veces habremos tenido que repetir algo a la persona con la que estábamos porque esta se ha puesto a mirar el smartphone, y después nos ha dicho: “Perdona, ¿qué?”. Pero claro, lo peor es que eso mismo lo hacemos la mayoría en un determinado momento. Si a nosotros nos parece una falta de respeto, porque nos molesta, también lo es cuando lo hacemos nosotros.

Y lo cierto es que para ver la gravedad de esta situación no tenemos que irnos muy lejos. En cualquier McDonald’s un sábado por la tarde podremos ver a familias en las que los padres están mirando sus móviles mientras sus hijos comen hamburguesas, todos en silencio.

¿Cuál es la solución?

No se trata de algo leve, sino de algo que debe ser solucionado para no permitir que una falta de respeto como esa se vea integrada en nuestra sociedad como algo común. No obstante, tampoco se puede ser demasiado. Lo que es innegable es que el uso de los smartphones ha cambiado por completo las relaciones sociales. Incluso en reuniones sociales, los temas de conversación giran en torno a algo que hemos visto en Internet, o incluso a un vídeo que ponemos en el momento para que otros lo puedan ver. Eso ya no se va a poder cambiar, por lo que habrá que ser tolerantes con el uso de los móviles. No obstante, sí que habrá que luchar contra el aislamiento social al que contribuyen los smartphones. Para nadie es agradable tener que estar dos horas callado cuando hay gente a su alrededor, así que normalmente una persona intentaría hablar con los demás. El smartphone nos permite no tener que hablar con otro para encontrar entretenimiento, y sí deberíamos acabar con eso. Aunque los smartphones y tablets nos permitan aislarnos de manera sencilla, también pueden ser útiles en el sentido contrario. Podemos utilizarlos para mostrar vídeos, fotos, o para escuchar canciones. Incluso podemos utilizarlos para jugar a videojuegos colectivos, o para concretar información de un tema del que estamos hablando, pero la dirección será siempre la de compatibilizar el uso de los smartphones con las relaciones sociales convencionales. Si se intenta avanzar por estos caminos de manera independiente, es decir, sin compatibilizarlos, nunca se llegará a ningún sitio.