Nueve sellos discográficos virtuales a examen

En la sempiterna confrontación entre las discográficas tradicionales y los internautas, no siempre se tiene en cuenta un fenómeno que lleva ya años en auge: la proliferación de las netlabels

Sergi Puertas

Nueve sellos discográficos virtuales a examen

1 junio 2010

Desde hace años, asistimos a un encarnizado debate acerca de cuál será el modelo que se adoptará en el futuro para la distribución y adquisición de música. A estas alturas, la inmensa mayoría de músicos y la comunidad de internautas parecen coincidir en que el modelo tradicional está obsoleto y carece de futuro. Más allá de la polémica, no cabe duda de que Internet se ha convertido en uno de los principales vehículos de promoción. A día de hoy, la inmensa mayoría de grupos ponen a disposición del público temas y álbumes para escuchar en streaming, bien desde sus propios web­sites, bien desde cuentas en sitios como Myspace o GarageBand.

Netlabels, una tercera vía

Los sellos discográficos virtuales constituyen una de las opciones más interesantes tanto para el melómano inquieto como para el músico que trata de radiar su propuesta. Al primero le permiten obtener álbumes, a menudo de indudable calidad, con coste cero. Al segundo, por su parte, le ofrecen una plataforma desde la cual difundir su material sin que se vea obligado a costear el proceso mediante la autoedición. Los lanzamientos de nuevos discos en netlabels de prestigio acostumbran a tener resonancia en blogs, publicaciones web e incluso en revistas y periódicos en papel.

Si el material resulta lo suficientemente interesante, el efecto viral bien puede acabar consolidando una pequeña legión de fans que tal vez no paguen por el disco, pero que estarán dispuestos a desembolsar dinero por el concierto. Por otra parte, el músico no cede el copyright de sus canciones, pues la música se distribuye bajo licencias que animan al libre intercambio y difusión pero que protegen la autoría, como Creative Commons. Con frecuencia, la interacción entre artista y oyente se completa sin que medie soporte físico. Sencillamente, son ficheros en formato MP3, OGG o FLAC.

Monigote_large

Ediciones muy limitadas

¿Debemos inferir, a partir de ahí, que el soporte físico queda fuera de la ecuación? No del todo. Algunas discográficas virtuales ofrecen la posibilidad de adquirir copias físicas del álbum a través de pequeñas tiradas en vinilo, en CD o incluso en CDR grabados e impresos artesanalmente. Algunos sellos ubicados en nuestro país, como Moonpalace Records o Error! Lo-Fi son dos buenos ejemplos de esta práctica. La experiencia parece demostrar que, pese a que los formatos digitales han barrido prácticamente con todo, queda todavía un nutrido grupo de entusiastas del soporte físico dispuestos a desembolsar dinero por él, especialmente si se trata de uno que, pasado cierto tiempo, resultará muy difícil de obtener.

La música, el epicentro

Además de los aspectos más puramente mercantiles o técnicos del panorama que nos ocupa, cabe preguntarse cuál es la repercusión del fenómeno de la difusión de discos a través de Internet desde un punto de vista estrictamente musical. Todo aquel que está habituado a escuchar grupos y músicos que distribuyen su música a través de netlabels toma conciencia por sí mismo de hasta qué punto ha contribuido la Red a poner al alcance del consumidor una variedad de estilos inimaginable apenas dos décadas atrás.

Por una parte, los artistas no se ven tan constreñidos como antaño por las leyes de mercado a la hora de componer y producir su material. Están más dispuestos a correr riesgos, a no restringirse a un género. No es de extrañar, pues a menudo las declaraciones de principios que podemos encontrar en los sitios web de las netlabels mencionan explícitamente que el principal fin del proyecto es difundir material por el que ninguna discográfica al uso se atrevería a apostar.

Por otra parte, el gran público está habituándose poco a poco a escuchar lo que en otro tiempo habría percibido como excentricidades musicales. Tras nutrirse con regularidad de artistas de países muy distintos, de estilos muy variopintos, el oyente medio va liberándose progresivamente de su pleitesía a géneros concretos, ampliando su elenco de preferencias. Se produce, en definitiva, un enriquecimiento a todos los niveles.

puzzle

Una pequeña muestra

Los sellos discográficos virtuales se cuentan hoy día por centenares. En ocasiones se centran en géneros concretos, pese a que por lo general suelen hacer gala de gran flexibilidad a la hora de llevar a cabo nuevos fichajes. A menudo la única exigencia es que el artista aspirante sea lo suficientemente bueno. A través de las siguientes páginas hemos intentado destacar algunas de las discográficas más interesantes, una labor nada sencilla dada la abundancia de material. Apenas un breve tramo de un recorrido muchísimo más amplio que desde aquí animamos a emprender partiendo de índices como los que puedes hallar en páginas como Netlabels o Netlabel Review.

La opinión de PC Actual: la calidad frente a la cantidad

No hay datos objetivos en los que basarse cuando se trata de juzgar material artístico, especialmente cuando la comparativa está compartimentada en diversos estilos. Así pues, las puntuaciones que hemos concedido a las discográficas incluidas en esta muestra son resultantes de una ecuación imposible que contempla tanto nuestra percepción de la música como la evaluación del sitio web y resultan escasamente significativas. En otras palabras: la única manera de descubrir artistas que coincidan con tus propios criterios consiste en que navegues por el panorama de netlabels. No obstante, hemos querido dejar constancia del altísimo nivel de sus fichajes y reflexionar acerca del papel que juegan en el amplísimo colectivo que integran los músicos que no han firmado por ninguna discográfica convencional.

Democratización

No es de extrañar que haya tantos, pues como en tantas otras disciplinas, la informática aplicada a la música ha comportado una democratización en el proceso de creación. A día de hoy, un ordenador personal con una tarjeta de sonido de gama media es capaz de reemplazar los costosísimos estudios de grabación. Las antiguas cajas de acero para modular el sonido y aplicarle efectos siguen estando presentes en los equipos de muchos músicos. Otros, sin embargo, las han sustituido por software capaz de procesar en tiempo real las señales de sus instrumentos y ofrecer resultados igualmente excelentes. Los instrumentos virtuales VST y RTAS con los que contamos en los días que corren son capaces de emular con gran fidelidad una sección de cuerda, una orquesta y prácticamente cualquier sintetizador del mercado. Así pues, el abaratamiento de los equipos y las enormes facilidades para la composición, interpretación, edición y producción que proporcionan los ordenadores, han alentado a muchos a embarcarse en esta aventura. ¿El resultado? Nosotros, el público potencial, nos vemos desbordados por la oferta.

Aper

Contra la sobresaturación

Aquí es donde la discográfica virtual debe hacer su trabajo y aplicar rigor. La experiencia demuestra que la mayoría de netlabels que cuentan con cierto reconocimiento poseen un catálogo relativamente reducido. Sellos como Smell The Stench ofrecen discos interesantes, sí, pero no es sencillo dar con ellos en un listado de casi 500 álbumes. Y en eso debe consistir el trabajo de la netlabel: en realizar una criba comparable muchos sentidos a la que llevaría a cabo una discográfica tradicional, pero con la ventaja de no padecer las limitaciones a las que obliga la búsqueda de la comercialidad. Cabe decir que buena parte de ellas lo están haciendo bien.

Un mapa que se desdibuja

Las netlabels tienen muchas bazas a favor. Una de las principales es que la música resulta mucho más apta para el disfrute de ciudadanos de diversos países donde se hablan distintos idiomas que, pongamos por caso, el cine o la literatura. Partiendo de esta premisa, no es de extrañar que en este panorama podamos encontrar un sello afincado en Polonia pero que está especializado en dub y reggae o más de una discográfica rusa centrada en el ambient, como la excelente Otium Netlabel. Y, si bien existen unas pocas netlabels exclusivamente dedicadas a músicos locales, en la gran mayoría de catálogos conviven artistas canadienses con españoles, grupos chinos con grupos noruegos.

Una vez más, Internet pone de manifiesto su potencial para derribar fronteras. Fronteras que, aunque no fuéramos conscientes de ello hasta hace poco, estaban derribadas de antemano. Las netlabels dejan constancia de que la música es un vehículo de expresión universal que no requiere del conocimiento de ninguna lengua.

Lo mejor: La libre circulación de la cultura

La posibilidad de que artistas geográficamente distantes y alejados de los estilos más comerciales den a conocer su material a través de sitios web de prestigio. También la que se le ofrece al gran público de disfrutar de material al que de otro modo no tendría acceso.

Lo_mejor

Lo peor: La sobresaturación

El aluvión de información que se pone a nuestra disposición a través de Internet a menudo provoca que propuestas interesantes pasen desapercibidas. Un hecho al que contribuyen las netlabels que no ejercen una criba rigurosa.

Temas Relacionados
Loading...