Obama, presidente de Internet

Obama ha roto esquemas. La campaña electrónica que desplegó su equipo durante casi dos años y que le permitió contar con el respaldo y el dinero de millones de votantes marcará un antes y un después. En estas páginas analizamos las claves

Obama, presidente de Internet

4 mayo 2009

Si Roosevelt fue el presidente de la radio y Kennedy lo fue la de la televisión, Obama ya es el presidente de Internet». Es lo que se ha dicho en estos meses de entusiasmo alrededor de la llegada a la presidencia de los Estados Unidos de Barack Obama.

 

Desde luego, son muchos los analistas que aseguran que el planteamiento de su campaña electoral ha supuesto un hito en el manejo de Internet como agitador social y que probablemente cambiará la forma de hacer política en los años venideros.

 

De todas formas, conviene no caer en exageraciones: Obama no ganó únicamente por Internet. Su carisma personal, su mensaje de cambio y de esperanza frente al de continuidad de Hillary Clinton, la crisis económica, la legislatura desastrosa de George W. Bush, que lastró siempre la campaña de John McCain o el hartazgo que en la sociedad americana ha producido la guerra de Irak son factores que también han jugado a su favor.

 

«La victoria de Obama se funda en el uso de la esperanza sobre conceptos económicos y políticos. El buen uso de Internet fue un acierto, pero con un uso similar McCain no hubiera ganado», explica Fermín Bouza, catedrático de Opinión Pública en la Universidad Complutense.

 

Por su parte, Luis Arroyo, asesor político y hasta octubre miembro del gabinete de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, reconoce que Internet fue un elemento de movilización de los jóvenes portentoso, pero recuerda que Obama también brilló en terrenos más convencionales como el de la televisión, comprando espacios muy caros en prime-time, el discurso público o la fotografía. 

 

Sin embargo, nadie puede negar que el uso de Internet en la campaña fue imprescindible para que un candidato en principio marginal al final se alzara con la presidencia. Ningún otro aspirante se le acercó ni en cobertura ni sagacidad a un Obama que cinco años antes ni siquiera tenía credencial para entrar en los congresos de su propio partido.

 

Al hoy presidente le vino bien su experiencia como organizador vecinal en los barrios negros de Chicago. «Internet fue claramente decisivo. Pudo movilizar partidarios convirtiéndolos en activistas, lo que le permitió barrer en el segmento de población joven y le dio financiación más que suficiente para el resto de la campaña.

 

Eso sin contar con la frescura que aportó a su imagen de líder de este siglo XXI», señala Luis Salvador, portavoz de la Comisión de Ciencia del Senado del PSOE y uno de los responsables de la campaña on-line de Zapatero en las últimas elecciones.

 

Millones de donaciones

Obama llegó a recaudar hasta 700 millones de dólares sin la ayuda de los lobbies. Pero lo más sorprendente es que, de esa cantidad, que superaba en un 40% lo recaudado por Bush en 2004, el 90% llegó en forma de pequeñas aportaciones (200 dólares de media) realizadas por millones de simpatizantes a través de Internet. Esas cifras le permitieron renunciar a la financiación pública y centrarse en comunicar y no tanto en recaudar.

 

Todo fue articulado gracias a la plataforma de redes sociales www.my.barackobama.com (integrada en el sitio oficial del candidato www.BarackObama.com), que llegó a sumar varios millones de usuarios registrados y estaba perfectamente sintonizada con redes como Facebook, MySpace o Twitter.

 

En contraste, McCain también movilizó redes de apoyo, pero en este caso fueron fundamentalmente «analógicas», como las iglesias cristianas conservadoras. Además, la movilización que produjo Internet permitió a Obama reducir el alto abstencionismo que suele sufrir EE UU y convertir en determinantes a colectivos tradicionalmente alejados de la política como los jóvenes y los hispanos (2 de cada 3 votaron por él), los negros (9 de cada 10) o las mujeres (56%). Su logro fue animar lo que los expertos han denominado el «voto de la diversidad», que, como resultado, dio lugar a una participación superior al 60%, más de 10 puntos por encima de lo habitual.

 

Si los jóvenes se volcaron con el senador de Chicago fue, en parte, porque quienes diseñaron y mantuvieron la campaña por Internet era gente que les entendía. Así, uno de sus secretos de Obama es que se supo rodear de un grupo de entusiastas de entre 25 y 40 años que entendía las demandas y hábitos de la nueva generación de los cibernautas, y que vehiculó toda la campaña on-line por poco más de dos millones de dólares. Entre los miembros de ese grupo estaba Chris Hughes, uno de los fundadores de Facebook.

 

Accionistas de un proyecto

La puesta en escena de Obama en Internet fue sencilla, pero muy funcional y cercana a los electores. Como dice Luis Salvador, senador del PSOE, fue capaz de hacer sentir importante a la gente, convirtiendo a cada persona «en un accionista de su proyecto de país». Esto se ve a las claras en el sitio My.barackObama.com. «Instrucciones precisas, letras grandes, posibilidades interactivas… No sé si es una novedad absoluta, me falta el día a día de EE UU, pero parece que es así», destaca Fermín Bouza.

 

Otro de los aciertos de la campaña on-line fue el diseño de archivos que pudieran rodar fácilmente por la Web. Un ejemplo de ello fue el vídeo Yes we can, que se ha convertido en la pieza de comunicación electoral más vista de la historia, con 14 millones de visitas y 80.000 comentarios en YouTube hasta el momento de las elecciones.

 

Además, sorprendentemente (no es la costumbre en política) la gente de Obama atajó sin dilaciones desde el ciberespacio cualquier ataque que sufrió en campaña. Lo hizo desde www.FightTheSmears.com a través de desmentidos que se expandían como un virus por la Red y acababan en periódicos y televisiones.

 

Al margen de usar Internet para difundir el mensaje, captar voluntarios y engordar sus arcas, Obama logró, gracias al trabajo de la consultora Spotlight Analysis, algo si cabe más importante: comprender los datos que le llegaban masivamente para así afinar el mensaje lo más posible. Lo desvelaba en un artículo de la revista Business Week el periodista Stephen Baker.

 

De esta forma, su equipo pudo segmentar a la ciudadanía en 10 grupos que iban más allá de los tradicionales parámetros de «ingresos» o «raza», y que tenían en cuenta datos como el número de hijos en el colegio, las suscripciones a revistas, el estado de la hipoteca o incluso si el potencial votante tenía perro o gato. Fue una herramienta crucial para ganar sobre todo en los territorios más disputados.

 

En definitiva, aplicaron las técnicas de análisis de la información a las que recurriría cualquier empresas para satisfacer a sus potenciales clientes. Es lo que los informáticos llaman CRM (Customer –citizen en este caso– Relationship Management).

 

Otra forma de ejercer el poder

En definitiva, lo ocurrido en EE UU, como recordaba hace unos meses Manuel Castells, una de las personas que más ha estudiado en el mundo el impacto social de Internet, debe llevar a replantear a las instituciones el modo en que ejercen el poder. Para Castells, empieza a perder vigencia un sistema donde los flujos siempre van de arriba hacia abajo y donde el control de la información es pieza fundamental.

 

En el mundo de la Web 2.0, este planteamiento salta por los aires. De ahí que las empresas y los gobiernos deban adaptarse para prestar más atención a lo que las redes y los foros (de consumidores, electores o simpatizantes) dicen, así como los bloggers, los líderes de opinión del futuro.

 

«Es posible que estemos asistiendo a algo nuevo, como una tormenta silenciosa que está socavando la vieja y fea costumbre de hacer política desde y para las élites», remacha Fermín Bouza. «El verdadero poder de las redes sociales está todavía por llegar, lo que sucederá cuando la mayoría de la población las utilice y vuelque en ellas, de manera colectiva, su conocimiento».

 

Por su parte, Luis Arroyo tiene sus dudas sobre el poder de Internet como catalizador de movimientos sociales y está convencido de que los medios de masas tradicionales, especialmente la televisión, seguirán jugando un papel fundamental. «Preguntemos a nuestros lectores cuántos han visitado alguna de las webs o redes de Obama y cuántos se han enterado de sus acciones a través de los medios convencionales». En fin, el debate no ha hecho más que empezar.

 

La modernidad llega a la Casa Blanca

Cuentan las crónicas que cuando el equipo de Barack Obama llegó a la Casa Blanca a finales de enero se encontró con una informática del Pleistoceno. Windows 2000 en muchos ordenadores, sobremesas que sólo servían para una tarea, carencia casi total de portátiles, cortafuegos que impedían el acceso a cuentas de correo no oficiales o a las redes sociales del momento…

 

En fin, era, como dijo un portavoz, «como pasar de la Xbox a una Atari». Si se echa un vistazo al discurso de Obama y se tiene en cuenta el protagonismo de Internet en su campaña, se puede decir que el Gobierno estadounidense recupera la fe en el sector de las nuevas tecnologías, después de las dos legislaturas de Bush, un presidente muy vinculado al lobby petrolero. Son buenas noticias para el mundo informático.

 

 

Las webs de Obama

 

http://my.barackobama.com

Verdadero centro de operaciones de la campaña en Internet y todo un ejemplo de red social ad hoc. Se registraron más de dos millones de simpatizantes, que formaron más de 20.000 grupos diseminados por todo el país. Desde la página, que sigue operativa, se proporcionó al usuario herramientas para pedir financiación a amigos y allegados, contactar con votantes indecisos o crear un blog personal. Todo muy horizontal y personalizado. Su lema: Because it´s about YOU.

 

www.barackobama.com

La página del candidato Obama ahora lo es del presidente de los EE UU. Destaca, como las otras, por un diseño muy clarito y por no atiborrar con información al cibernauta. Eso sí, desde ella es muy fácil saltar a otras redes donde también tiene presencia Obama. Además, cuenta con una tienda con cientos de artículos de merchandising.

 

www.FightTheSmears.com

Esta página, que se podría traducir por «combate las calumnias», fue toda una audacia del equipo de Obama. Yendo contra el principio de comunicación política que aconseja no contestar a la difamación para no contribuir a su difusión, Obama pudo hacer desmentidos que recorrieron la Red como un virus y finalmente llegaron a los medios tradicionales.

 

www.whitehouse.gov

Fue completamente renovada el mismo día de la toma de posesión de Obama. Destaca por un diseño muy diáfano y cercano. Las entradas al blog y a las áreas que son responsabilidad del presidente (economía, derechos civiles, energía, tecnología…) están escritas con un lenguaje muy claro.

 

Un detalle: está sujeta a una licencia Creative Commons Attribution, lo que permite a cualquiera utilizar datos de la página citando la fuente. Además, el pasado febrero se hizo el primer relato en vivo, minuto a minuto, de una reunión presidencial.

 

 

¿Es trasladable la experiencia de Obama a España?

Para contestar a esta pregunta hay que tener en cuenta que en España los partidos dependen en gran parte de la financiación pública para organizar las campañas y no se ven obligados a convertirse en máquinas de captación de fondos, como en EE UU, lo que no hace imperiosa la necesidad de lanzarse, por Internet u otros medios, a conquistar el corazón (y el bolsillo) del elector.

 

No obstante, la experiencia por el momento indica que la clase política nacional está a años luz de la estadounidense (o por lo menos de Obama) en el ámbito del ciberespacio. «En España -asegura en su blog el profesor Enrique Dans (www.enriquedans.com)- las experiencias han resultado tímidas, vacías, falsas, manipuladas y, lo que es peor, con apariencia de servir únicamente para entretener peleas de alborotadores y exaltados de uno y otro bando, con un valor real de cara a la obtención de votos nulo o escaso».

 

La movilización electrónica más significativa hasta la fecha en este país fue la que se produjo en la jornada previa a las elecciones de 14 de marzo de 2004 y tuvo como vía de contagio el móvil, y no Internet. Para Dans, el político mitinero de autobús y bocadillo no funciona en la Web 2.0, y cree que deberemos esperar a un cambio generacional para ver otro acercamiento a Internet.

 

Por su parte, Fermín Bouza se queja de que los políticos españoles tienen «una idea poco eficiente de una página web y carecen de imaginación». Las cifras también hablan solas: Rajoy tiene en Facebook 14.000 «partidarios», mientras que Zapatero no tiene siquiera perfil oficial, aunque el grupo más numeroso de fans ronda los 15.000 miembros. Nada que ver con Obama, que anda por los 5 millones de partidarios (y subiendo).

 

Sin embargo, a juicio de Luis Salvador, del PSOE, la audiencia está preparada para ese cambio. «Nuestros jóvenes, los nativos digitales, tienen los mismos hábitos de los jóvenes estadounidenses, por lo que la lucha está ganada de antemano y Obama acelerará esa victoria».

 

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