Para aumentar la realidad, impresoras 3D

Las promesas incumplidas de la Realidad Virtual fueron remplazadas de forma parcial por versiones más posibilistas como los juegos MMORPG (massively multiplayer on-line role-playing game) o el incipiente porno en 3D. Pero la Realidad Aumentada ya se puede «tocar» y «descargar»

Para aumentar la realidad, impresoras 3D

24 febrero 2010

LÓGICA DISCRETA #227
Los lectores con más edad recordarán la publicidad que, a comienzos de los 90, se dio a la Realidad Virtual. El acceso doméstico a Internet aún estaba reservado a unos pocos, y las revistas de papel como Mondo 2000 nos describían un mundo en el que todos llevaríamos un par de gafas con monitores en los ojos, y pasaríamos el tiempo dentro de mundos sintéticos en 3D, interactuando con marionetas digitales y teniendo relaciones cibersexuales mediante ingenios «teledildónicos».

Es uno de los muchos futuros que no fueron, como el de los coches voladores y las mochilas-cohete. Las promesas incumplidas de la Realidad Virtual fueron remplazadas de forma parcial por versiones más posibilistas como los juegos en red, las comunidades virtuales y el porno de toda la vida, pero a través de Internet. Si uno guiña los ojos y tuerce la cabeza, puede ver la herencia de la Realidad Virtual prometida en los juegos multijugador masivo en plan World of Warcraft o en los mundos virtuales como Second Life.

La Realidad Aumentada es otra «falsa realidad» manufacturada, consistente en la inserción de elementos sintéticos en imágenes del mundo real. Cada vez que vemos esos carteles pintados digitalmente, con perspectiva perfecta, sobre el césped de los estadios durante los partidos de fútbol o en las canchas durante los partidos de baloncesto, estamos viendo un caso de aplicación de la Realidad Aumentada.

La tecnología de la Realidad Aumentada también se lleva tiempo aplicando comercialmente en la industria aeroespacial (proyectando planos de construcción sobre los aviones durante su montaje), y técnicamente es un problema resuelto. La novedad reciente es su abaratamiento hasta el punto de convertirse en una tecnología de consumo. Los juegos EyeToy para PlayStation o el reciente Invizimals son ejemplos de cómo los procesadores de vídeo capaces de realizar efectos de Realidad Aumentada son cada vez más pequeños, más baratos.

El último ejemplo, sin embargo, son los teléfonos móviles de última generación, como el iPhone o los Android, que incorporan servicios basados en la localización geográfica: usando la cámara, el receptor GPS y la brújula, pueden mostrar direcciones, consejos y otras informaciones sobreimpuestas directamente en una imagen del lugar donde se encuentra el usuario. El potencial para videojuegos móviles dependientes de la localización geográfica de los jugadores es también enorme.

Cambiando aparentemente de tema, lo que está realmente de moda ahora mismo son las impresoras 3D, que imprimen objetos físicos en vez de imágenes sobre páginas. El último número de la revista MAKE: está dedicado a estas tecnologías, y en su portada aparece el Makerbot, una impresora de 700 dólares capaz de imprimir objetos de hasta 10 x 10 x 15 centímetros. Algún día tendremos en nuestras casas aparatos del tamaño de un horno de microondas con el que podremos imprimir nuestro propio mando a distancia, nuestra propia joyería, nuestro propio teléfono móvil. Algunos los diseñarán ellos mismos, pero la mayor parte de nosotros los descargaremos de la Red: habrá relojes de pulsera libres igual que ahora hay software libre. O eso vaticinan revistas como Make:.

Es fácil desconfiar de estos vaticinios tan específicos. Pero yo solo desconfiaría de la especificidad. Las promesas de la Realidad Virtual no se cumplieron en su momento, sobre todo porque, como dijo el investigador y escritor Brenda Laurel, «los cacharros no estuvieron a tiempo para las compras de Navidad». Sin embargo, 20 años más tarde, la Realidad Aumentada está dando más resultados que los prometidos en sectores tan diversos como la manufactura, los servicios de información y el entretenimiento.

Hagan el mismo cálculo para las impresoras de sólidos: puede que dentro de 20 años no tengamos específicamente lo que sus partidarios prometen ahora. Las promesas de la tecnología son siempre transversales: en algunos casos prometen más que cumplen, y en otros cumplen más que prometen. Solo el tiempo nos dirá en qué la impresión 3D doméstica sobrepasará sus promesas del mismo modo en que la Realidad Aumentada está sobrepasando las promesas de la Realidad Virtual.
Por Javier Candiera, columnista habitual en PC Actual

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