Análisis

Parallels Workstation 6, renovado y con aspiraciones

Disponible para Windows y Linux con interfaz en inglés, permite crear máquinas virtuales y ofrece un buen nivel de posibilidades de configuración con opciones para integrarse con el equipo anfitrión

Parallels

30 enero 2013

Recién lanzado, Workstation 6 es la alternativa de Parallels a la virtualización de escritorio sobre Windows y Linux. Quizá es algo menos maduro que otros, pero ofrece una interminable lista de posibilidades, sobre todo para usuarios avanzados que pueden utilizar Parallels Transporter o la consola de gestión para mover máquinas virtuales y gestionar entornos de producción mediatamente serios.

Para usuarios más comunes, es una alternativa de pago más fácil de exprimir que la de VMware y con mayores posibilidades que los gratuitos como VirtualBox. Su nivel de prestaciones no es malo, aunque está por detrás de las cifras logradas por VMware, y con opciones tan interesantes como la posibilidad de aislar por completo las máquinas virtuales del anfitrión para máxima seguridad, la posibilidad de controlar qué aplicaciones abrirán por defecto determinados tipos de archivo (al margen de la máquina virtual en la que se encuentre la aplicación que los abre), u opciones para mejorar la integración entre equipo anfitrión e invitado.

Se nos presenta como una herramienta de virtualización realmente potente, pero debidamente disfrazada con una interfaz fácil y accesible al alcance de cualquiera. Tanto es así que incluso en un primer momento parece demasiado básica, aunque es una sensación que se disipa con el uso. ¿Su precio? Razonable para el que busca una solución premium.

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