El placebo cultural del siglo XXI

La llegada del libro electrónico, con sus posibilidades de personalización, será el impulso definitivo hacia el hábito de la lectura

El placebo cultural del siglo XXI

8 enero 2009

 LA OPINIÓN DEL EXPERTO

La sociedad actual está viviendo, una vez más, otra revolución tecnológica. Como sucediera en la industria discográfica –del vinilo al cassette y de éste al CD-, en la industria del libro irrumpe ahora un nuevo soporte, capaz de fomentar la cultura y hacer temblar el negocio de las editoriales si éstas no son capaces de adaptarse a los nuevos tiempos: el libro electrónico.

 

La llegada de este nuevo dispositivo ha de servirnos para abrir nuestras mentes y entender que las obras de los autores no se destruyen ni se minimiza su valor por cambiar de soporte. El cambio no se produce en la obra, sino en el modelo de negocio tradicional de las editoriales, que han de adaptarse a la experiencia vital del lector, un lector del siglo XXI que poco o nada tiene que ver con el de siglos pasados. No se trata de desterrar el papel, sino de complementarlo al nuevo contexto que vivimos.

 

Las tecnologías siguen avanzando en su continua evolución; algunas son responsables con el medio ambiente y otras no, algunas fueron creadas para satisfacer necesidades reales ya existentes y otras para, paradójicamente, generárnoslas con altas dosis de dependencia.

 

España precisa del fomento de la lectura, como evidencia el último Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros al exponer que un 33,7% de los españoles no lee nunca. En ese sentido, un libro electrónico no hace más que facilitar el impulso a la lectura y, con ello, de la cultura.

 

Si nunca hay excusa para quienes no se llevan bien con los libros, sea el formato que sea, con el e-book, además, la curiosidad tecnológica hace investigar el producto novedoso de antemano. Es la ‘trampa de cacharro nuevo’: con el libro tradicional de papel, podría decirse, simplificando el razonamiento, que no hay otra cosa que hacer que leer.

 

En realidad éste es el objetivo, pero a día de hoy, ¿es suficiente estímulo para la lectura? En determinadas circunstancias, ¿no será necesario buscar una especie de ‘placebo cultural’?

 

François Mauriac decía que “escribir es recordar, pero leer también es recordar”, de modo que si en un soporte como una tarjeta SD de un giga hay quinientas obras clásicas, es muy probable que una persona se vea tentada a elegir al menos una obra y decida revivir por unos instantes o varios, aquellos autores que marcaron la literatura y hacían reflexionar.

 

Quizás al cabo de unos pocos minutos, la persona decida cerrar el libro y encienda la TV, pero al menos se habrá intentado por otro medio, acercarle una biblioteca a su casa y por defecto, hacer llegar la cultura a sus pies.

 

Con la biblioteca a cuestas

Tener una biblioteca portátil es el sueño para los amantes de la lectura y del conocimiento. Muchos autores ya están entendiendo que esta nueva tecnología les ayuda a extender sus obras más allá de lo que lo haría el papel por sí solo, puesto que al eliminar todos los procesos logísticos y de producción ligados al papel, la difusión de las obras es infinitamente más instantánea y amplia. A medida que la tecnología se va extendiendo, al igual que sucedió con los reproductores de MP3, su precio en el mercado se abaratará.

 

¿Dónde se encuentra la resistencia a la llegada del libro electrónico? Hay dos agentes principales; por un lado, los lectores más arraigados a la cultura del papel, inexpugnables en su sentimiento romántico de lectura del libro tradicional.

 

Por otro, las editoriales, cuyos intereses comerciales se verían un tanto truncados con el nuevo modelo de negocio a adoptar, puesto que el libro electrónico trae consigo un reparto más equitativo entre autor, editorial y distribuidor de los ingresos por libro vendido.

 

De cara al primero de los casos, la gran ventaja del e-book se concreta en haber convertido en la solución a tres necesidades actuales: elimina el sobrepeso en la mochila de los jóvenes; reduce el coste en la compra de libros (por eliminación de costes de papel, almacenaje y distribución) sin por ello menguar el consumo de lectura; y cuida el medio ambiente, por disminución de la tala de árboles con los que producir papel. Hasta no hace mucho tiempo, saltar de la máquina de escribir al ordenador parecía descabellado, hoy estamos ante esto otro reto.

 

Para decidir incorporar el hábito de la lectura a través de un soporte electrónico, es necesario conocer de antemano el producto, verlo para desterrar mitos. Leer en un libro electrónico no es igual que hacerlo en la pantalla del ordenador, puesto que no cansa la vista al contar con una tecnología e-ink (tinta electrónica sin luz que no daña la vista).

 

Así las cosas, es necesario un cambio de mentalidad, la costumbre lleva al hombre a tener comportamientos establecidos, es decir, si una persona está habituada a tocar el papel mientras lo lee o, por ejemplo, a disfrutar del olor a tinta o a libro viejo, seguramente no querrá saber nada del ‘fantasma’ de los libros electrónicos y hasta es posible que siga con la idea de que un e-book es igual a una pantalla de móvil.

 

Están equivocados. Ante estas costumbres tan asentadas, sólo nos queda advertir que los que más salen favorecidos ante este cambio son los autores y los consumidores.

 

El libro, más personal que nunca

La piratería se presenta como el gran miedo de las editoriales cuando surge el libro electrónico. Sin embargo, es necesario aceptar que el problema de la piratería no es culpa de los soportes digitales; éstos llegan sin preguntar quién sale ileso y quién sufre. En el caso de haber afectados, se debe exclusivamente a la falta de alternativas o soluciones para crear un nuevo modelo de negocio que amortigüe la llegada de una nueva tecnología.

 

Si se le exige al usuario que pague por un libro digital, cuando también tiene la opción de descargárselo gratuitamente, debemos ofrecer un mejor coste y concienciar sobre la importancia de pagar las ideas para que opte por la primera de las opciones.

 

El camino para ello es ofrecer servicios añadidos a los que sólo se puede acceder a través de la compra del e-book como encuentros digitales con el autor, dedicatorias personalizadas, adquisiciones parciales de capítulos concretos, incluso, impresiones en papel como ediciones únicas y limitadas, etc.

 

El soporte seguirá cambiando, como ha pasado de una piedra al papiro hasta llegar al papel, lo importante es proponer alternativas para cuidar los derechos de los autores, modelos más equitativos, en donde se beneficie el autor, lector y distribuidor.

 

Hay que recordar que ganar menos no significa perder. No hay otra opción, las editoriales deberán ceder un poco para no perderlo todo y el cambio de mentalidad se producirá cuando las personas se aferren al contenido de una obra y no al soporte.

 

Por Juan González de la Cámara, fundador y director general de Grammata