Si me quieres, libérame

Aprovechamos estos meses vacacionales para recopilar las contribuciones a PCA de uno de los indiscutibles amos de la blogosfera hispana: con ustedes, la dosis diaria de Javier Candeira, uno de los principales artífices de Barrapunto

Si me quieres, libérame

10 agosto 2008

LÓGICA DISCRETA (#188, SEP2006)

Últimamente, está de moda tratar a Google como «el nuevo monopolio», equiparándolo a empresas como Microsoft y Adobe en su capacidad de tener presos a sus clientes, sin que estos tengan una manera fácil de huir a la competencia.

 

En la informática «tradicional», o quizá deberíamos decir «de escritorio», existe un fenómeno de control de los clientes denominado lock-in, o «cerrojazo». Cuando un diseñador ha gastado miles de horas en aprender a usar los programas de Adobe, y tiene todos sus datos encerrados en formatos de los que no los puede exportar, eso es lock-in. Cuando un melómano se ha gastado cientos de dólares en comprarse canciones de iTunes, que ahora no puede escuchar en su siguiente reproductor de audio porque están en el formato propietario de Apple, esto es lock-in. Cuando un ayuntamiento tiene que considerar cuidadosamente la migración a un sistema operativo libre porque requerirá formación del personal, exportación de los datos y pérdida de compatibilidad con sus propios servicios (pagados) porque el fabricante no proporciona los datos para la interoperabilidad, esto es lock-in.

 

Este cerrojazo al cliente está menos presente en servicios web como las búsquedas, entre otras cosas porque es prácticamente imposible. La búsqueda es principalmente un servicio anónimo, con una interfaz sencilla, y si los usuarios permanecen en Google, Yahoo! o en su buscador de cabecera, lo harán sólo por la calidad del servicio recibido. Del mismo modo que abandonaron Excite por Altavista, y Altavista por Google, podrían cambiar mañana a Google por otro que les ofreciera mejores resultados.

 

Esta misma táctica siguen del.icio.us y Flickr, los dos abanderados de la llamada Web 2.0, aunque para ello tengan que hacer un esfuerzo extra. Desde sus comienzos, del.icio.us ha dado facilidades para que los usuarios se lleven sus datos, sea para hacer una copia de seguridad o para abandonar el servicio. Y recientemente Stewart Butterfield, creador y director de Flickr, declaró que permitirá que otros servicios on-line de fotos usen la API de Flickr para importar y exportar instantáneas, mientras la relación sea recíproca, y Flickr pueda también acceder a los otros servicios.

 

En palabras llanas, ha decidido llevar a la práctica el «que gane el mejor», y está dispuesto a dar facilidades a los demás para que les roben clientes, mientras los demás les permitan la misma cortesía. Y los clientes, encantados: si siguen en Flickr, en del.icio.us o haciendo sus búsquedas en Google es porque les viene bien, les gusta el servicio y porque la relación con estas empresas es de mutua confianza y beneficio.

 

El opuesto de esta relación es, seguro que ya lo han pensado, la que tiene Microsoft con sus clientes. Pese a los chistes sobre pantallazos azules y a los frecuentes ataques del malware, la mala prensa que tiene Microsoft en las empresas no sólo se debe a sus productos, que durante años han dado servicio a millones de usuarios, sino a sus políticas comerciales.

 

¿Recuerdan la introducción de Word 97, cuyo formato era incompatible con el de Word 95, obligando a muchas empresas a actualizar de forma forzosa un software que les valía perfectamente? Para estas empresas, cuyo modelo de negocio es el abuso, el cerrojazo a sus clientes les permite explotarlos como a ganado, ordeñándolos a base de licencias anuales y actualizaciones forzosas. Comparado con éstas, los servicios web como Google y Yahoo! (propietario de del.icio.us y Flickr) son gigantes bondadosos que van a lo suyo canturreando una canción de Sting: If you want somebody, set them free.