El Robin Hood de la Red

Olvidados ya casi los pasados días de vacaciones, rematamos la recopilación de tribunas escritas por Javier Candeira y publicadas en PC Actual en su Lógica Discreta hasta la fecha

El Robin Hood de la Red

12 octubre 2008

LÓGICA DISCRETA (#211, OCT2008)

Si algo caracteriza la estrategia comercial de Google es la frase «La carta robada». El título del relato de Poe se ha convertido en una frase hecha que significa «esconder algo a vista de todos», y eso es lo que lleva haciendo Google desde el comienzo: su estrategia comercial, su modelo de negocio y sus prácticas son necesariamente abiertas, y si bien conservan secretos (como todo el mundo), es posiblemente una de las empresas más transparentes, a base de tomar siempre la decisión lógica.

 

Consideren si no la forma en que casi todos los rumores sobre Google acaban por convertirse en realidad. El teléfono móvil, el navegador, el patrocinio de las redes abiertas en EEUU, todos estos rumores eran estrategias cantadas, porque desde el principio Google ha basado su estrategia de negocio en: a) facilitar el acceso de la gente a la información y los servicios; b) vender servicios de publicidad al por mayor a partir de espacios de medios minoristas; y c) ganar poquito por cada cliente, pero agregar mucho volumen.

 

En estas circunstancias, Google tiene las de ganar con sólo hacer en cada momento lo más razonable. Darío Pescador (coordinador de la web de Público) y yo solemos comentar que, muchas veces, no hace falta mirar la documentación de Google. Basta con preguntarse: «Si nos contrataran para hacer X, y hubiera que hacer lo obvio, ¿qué haríamos?» Y el 90% de las veces acertamos, porque, dadas las condiciones del problema, Google hace lo obvio.

 

Por supuesto que Google tiene otra arma secreta: una ejecución implacable y basada en los datos. Empezando por el orden de resultados en su servicio de búsqueda y acabando por la usabilidad de sus servicios de correo web o de ofimática on-line, Google está constantemente recabando datos y refinando las prestaciones, en un agilísimo bucle de realimentación al lado del cual las actualizaciones de software de escritorio parecen venir como las eras geológicas.

 

Por estas dos razones, a nadie debería sorprender la existencia de Chrome, ni su enfoque a la ejecución de aplicaciones on-line. Los personajes que levantan el grito de sorpresa parecen como Claude Rains en Casablanca, que apenas le está diciendo a un militar alemán «¡Qué horror, acabo de descubrir que en este local... se juega!» cuando al mismo tiempo le hacen entregada de sus ganancias.

 

Pero es que, además de estar escondida a vista de todos, la estrategia de Google acerca de Chrome está declarada en la página de descargas del navegador: «Para la mayoría de los usuarios el navegador no es lo más importante en su experiencia en la Red: sólo es una herramienta donde visualizar y ejecutar los sitios, páginas web y las aplicaciones que la conforman. Al igual que la página de inicio de nuestro buscador, Google Chrome es rápido y fácil de utilizar. Su objetivo es que los usuarios obtengan la información que buscan y accedan a los sitios web con la mayor rapidez posible».

 

La traducción de esto es: «Queremos tener una relación directa con la gente, y que no haya intermediarios». A Google no le importa compartir la Web con sus usuarios. Ni con otros proyectos de software libre como Firefox, que al final representa a los usuarios. Pero si amenazas con cortarle el acceso, Google te robará la Web, y se la dará a tu público, que ahora es el suyo. Como Robin Hood, Google saca beneficio de sus robos. Pero quien le odia es el sheriff de Nottingham. El pueblo vive contento en el bosque de Sherwood, y no tiene queja.