¿Sabes desconectar?

Dos investigadores canadienses analizan cómo afecta el uso del móvil al estado de salud y la calidad de vida. En su estudio mantienen que las nuevas tecnologías impiden que podamos separar la vida personal de la laboral

¿Sabes desconectar?

13 marzo 2008

Jamie Spiegelman y Allan Detsky, de la Universidad de Toronto en Canadá, se han hecho preguntas relacionadas con nuestra vida cotidiana para averiguar hasta qué punto influyen las nuevas tecnologías en nuestra salud y calidad de vida.

 

¿Eres de los que pone el móvil encima de la mesa mientras está en un restaurante? ¿No puedes apagar la PDA los fines de semana? ¿Te sientes incapaz de escuchar el aviso de un nuevo SMS y no lanzarte a ver de qué se trata?

 

Estos investigadores canadienses reconocen en la revista Journal of the American Medical Association que las nuevas formas de comunicación han traído ventajas al mundo de los negocios, de la salud o de la vida privada. Permiten comunicar información “con gran rapidez en cualquier lugar y situación”, destacan, y han facilitado además la comunicación entre científicos de todo el mundo, que pueden trabajar juntos desde distintos laboratorios a miles de kilómetros de distancia. O compartir las imágenes de una radiografía con otros colegas a través del ordenador para conocer su opinión…

 

Pero, ¿qué ocurre cuando el uso de la tecnología deja de ser “funcional” y empieza a inmiscuirse en el día a día? Spiegelman y Detsky analizan en su artículo cuáles son algunos de los problemas que puede provocar este fenómeno, que tiene menos de 20 años de antigüedad y al que la agenda sanitaria deberá empezar a prestar atención a partir de ahora.

 

¿Una ventaja o una esclavitud?

Los investigadores destacan que las tecnologías móviles impiden a muchas personas “mantener las fronteras entre su vida laboral y personal”, porque la ventaja de estar conectado permanentemente se ha convertido en una especie de “esclavitud”. Esta incapacidad para equilibrar el trabajo con la vida privada puede tener muchas consecuencias negativas, subrayan, “desde absentismo laboral hasta baja productividad, elevados niveles de estrés o incapacidad para mantener relaciones con la familia, los amigos o disfrutar de las actividades de ocio”.

 

Además, desde otro punto de vista, Spiegelman y Detsky sostienen que esta nueva era está cambiando nuestra percepción del tiempo, provocando una necesidad artificial de estar siempre conectados y convirtiéndonos en seres capaces de hacer varias tareas al mismo tiempo (escribir un mensaje de móvil mientras mantenemos una conversación, por ejemplo).

 

“Esta necesidad de estar permanentemente disponibles hace que muchos individuos se sientan inseguros cuando se ven separados de sus aparatos por algún motivo”, apuntan, “y esto puede tener diferentes consecuencias en nuestro bienestar emocional”.

 

En su comentario, los autores se preguntan: “¿Es posible que la necesidad compulsiva de leer un nuevo mensaje de texto, independientemente de lo que se esté haciendo, sea insana? (...) ¿Se puede considerar un trastorno la compulsión por estar siempre en contacto? ¿Cómo se puede medir el uso apropiado o inapropiado del móvil?”.

 

La respuesta, añaden, “tendrá que estar en la agenda de los investigadores a partir de ahora”. Porque quizás ha llegado el momento de establecer “la importancia de estar desconectado”.