Servicios de radio streaming: Tu música en la nube

Las posibilidades de deleitarse con todo tipo de géneros musicales se han multiplicado tras la aparición de servicios legales que transmiten nuestra música preferida a través de Internet por costes nulos (o casi) y con opciones muy potentes

Servicios de radio streaming: Tu música en la nube

17 agosto 2009

La posibilidad de acceder a emisoras de radio a través de Internet no es en absoluto nueva. Muchos reproductores multimedia la contemplaron desde sus primeros tiempos (Nullsoft y su SHOUTcast, accesible originalmente desde Winamp, fue uno de los ejemplos más célebres), pero poco a poco dicha opción se fue implantando en emisoras de radio tradicionales que ofrecían su programación a través de Internet. Sin embargo, la aparición de los primeros servicios web destinados expresamente a ofrecer emisoras personalizadas por los propios usuarios tardó algo más en llegar.

Precisamente, en este terreno es en el que nos hemos centrado a la hora de realizar esta comparativa, que deja a un lado los servicios musicales tradicionales y se centra en ofertas más «Web 2.0», que además de la emisión de radio vía streaming, también disponen de características sociales y de una vocación más participativa de sus usuarios.

La recomendación, un éxito

Es obvio que el catálogo musical de estos servicios es una de las claves de su popularidad, pero en los últimos tiempos se han impuesto también los servicios que mejores motores de recomendación tienen. Dichos sistemas permiten no solo disfrutar de nuestra música preferida, sino que además se aprenden nuestros gustos para descubrirnos artistas y temas que pueden gustarnos según esas preferencias aprendidas.

El segmento de los servicios de recomendación está teniendo especial impacto en Internet. De hecho, muchos sitios de comercio electrónico los utilizan hábilmente para sugerirnos nuevos productos a partir de otros que hemos comprado o sobre los que hemos investigado. Amazon es el ejemplo perfecto, y su sistema de recomendación es uno de los más pulidos, gracias a la ingente cantidad de datos que proporcionan los usuarios.

Pues bien, lo mismo ocurre con la recomendación musical, aunque, en este caso, cada servicio apuesta por su propia tecnología de recomendación. Las dos más avanzadas son las propuestas por Pandora, parte del Music Genome Project, y la incluida en el famoso Last.fm. Aunque ya hemos hablado de ellas en anteriores números de PC Actual, conviene recordar los principios en los que se basan.

En el caso de Pandora, cada canción es analizada independientemente por distintas personas que se encargan de «parametrizarla» y catalogarla en base a decenas de características distintas. Esos análisis son más costosos en tiempo y esfuerzo que los realizados por otros sistemas y, por lo tanto, puede que el catálogo de Pandora sufra al respecto. No obstante, a cambio, obtenemos un sistema con intervención humana que da muchas más garantías teóricas a la hora de recomendarnos música.

Por otro lado, Last.fm hace uso de nuestras preferencias musicales y las mezcla con las de sus miles de usuarios para llegar a una conclusión sobre las canciones que nos pueden llegar a gustar. El componente AudioScrobbler que se instala en nuestros reproductores multimedia permite a los servidores de Last.fm saber qué música escuchamos en cada momento, y en base a eso construye nuestro perfil de gustos. Obviamente, aquí tenemos que «ceder» parte de nuestra privacidad (que se sepa qué música escuchamos) para que nos podamos beneficiar del sistema de recomendación, pero el resultado es igualmente destacable.

De hecho, la idea ha sido puesta en práctica por otro de los grandes de la industria, Apple, que hace pocos meses incluyó en iTunes la característica Genius, que precisamente se nutre de las reproducciones que realizamos en su programa para realizar recomendaciones de compra, pero también para poder generar listas de reproducción aleatorias que reúnan canciones del mismo estilo al que elegimos en toda nuestra biblioteca local.

Aunque estos dos servicios son ejemplos claros de este comportamiento, no todos siguen esos patrones. Así, en otros nos encontramos con que el sistema de recomendación no está basado en nuestra intervención, sino que depende únicamente de un análisis propio de los responsables del servicio, no siendo tan detallado como el que realizan por ejemplo en Pandora.

En estos casos, los sistemas de etiquetado, los géneros musicales y las relaciones de semejanza entre artistas permiten ofrecernos sugerencias bastante válidas, aunque más genéricas, sobre canciones que nos pueden gustar. No obstante, aquí el descubrimiento de nuevos artistas es más infrecuente, ya que las tecnologías de recomendación son más simples.

El componente social

Otro de los aspectos más destacados de estos nuevos servicios es su vocación social, que nos permite no solo descubrir nueva música, sino también compartir nuestros gustos y preferencias con otros usuarios de esos servicios.

El apartado de comunidad o red social que se genera en torno a estos desarrollos está muy acentuado en opciones como Last.fm, que potencia la comunicación con amigos y vecinos (usuarios que el servicio detecta como afines a nuestros gustos), pero que también permite disponer de un blog integrado en nuestra cuenta, apuntarnos a grupos de usuarios o mantenernos informados de eventos musicales.

Aunque no lo hemos analizado por ser menos popular entre los usuarios españoles y por estar orientado a compras, MyStrands es otro de los servicios que más integrada tiene esa faceta social, que es motor de su comunidad de usuarios.

Aunque no dispone de una radio tan potente como la de su competencia, sí que ofrece recomendaciones muy válidas, aunque más dirigidas a la compra de canciones que a poder escucharlas libremente, y sobre todo una radio de artistas independientes (http://indie.mystrands.com) con una calidad y prestaciones notables.

Sin embargo, esa prestación de servir como nexo de unión con otros usuarios no está presente en algunos servicios. Es realmente extraño que, por ejemplo, no forme parte de Pandora, un servicio ya muy veterano pero que descuida este aspecto, pero también Spotify, el verdadero fenómeno de masas que en los últimos meses ha logrado una popularidad extraordinaria. No parece que sus responsables tengan especial interés en aportar una faceta social a su servicio, porque de hecho el cliente de Spotify (que no está disponible a través de un navegador) ni siquiera contempla esa opción.

La única faceta social de este servicio –que eso sí, es muy «viral»– consiste en la generación de listas de reproducción que luego podemos compartir con otros usuarios gracias a la estandarización del protocolo spotify:, que se asocia con la aplicación y que enriquece las opciones de este desarrollo y le da ciertos toques de sistema de recomendación, aunque sea de forma indirecta.

Radio como canal de venta

La industria musical parece que empieza a darse cuenta de que estos servicios son un útil instrumento para impulsar las ventas de música a través de Internet. La caída de las ventas de CDs tradicionales parece imparable, pero estos servicios pueden significar una importante fuente de ingresos para las discográficas.

Es obvio que las descargas en redes P2P y en otros servicios de descarga directa están siendo en parte responsables de ese descenso de ventas, y aunque nos gustaría que la industria comprendiese que hay que cambiar de modelo, por ahora la migración es lenta.

Como comentaremos en el apartado Licencias de radio prohibitivas, las entidades que controlan los derechos de autor siguen con una actitud demasiado defensiva, pero algunas comienzan a vislumbrar las posibilidades de las descargas y de la compra de música en Internet.

iTunes es un perfecto ejemplo del éxito de esas tiendas on-line, al tiempo que Amazon también está defendiendo ese modelo, al que sin duda podrán contribuir de forma importante estos servicios de radio vía streaming en Internet. Si se logra canalizar gradualmente a los usuarios hacia acciones de compra de aquellos títulos y temas que les interesan, se dará un importante paso en la evolución de ese modelo.

Reproductores multimedia con mucha onda

Aunque en este reportaje nos hemos centrado en los servicios que proporcionan emisoras de radio en Internet, muchas aplicaciones de reproducción multimedia incluyen herramientas para facilitar el acceso a estas emisoras. No hablamos ya de los canales de radio disponibles en Winamp, iTunes, Windows Media Player y otras muchas soluciones, sino al acceso desde estos mismos reproductores a los servicios de los que venimos hablando.

Algunas herramientas proponen sus propios clientes, Last.fm y Spotify son dos grandes ejemplos, para instalar en nuestro ordenador, pero en el caso de Last.fm podremos también gestionar el servicio desde reproductores multimedia de diversas plataformas, como sucede con Listen, Amarok o Banshee (GNU/Linux), VLC (multiplataforma) o Songbird.

Es el mejor ejemplo, pero no es el único, ya que estos servicios van proponiendo gradualmente APIs y plugins que expanden sus posibilidades. Por ello, os recomendamos tener en cuenta este apartado para no depender exclusivamente del navegador a la hora de disfrutar de estas fantásticas emisoras de radio en Internet.

Licencias de radio prohibitivas

Desafortunadamente, no todo es de color de rosa en el mundo de la radio on-line. Tras la aprobación en octubre de 1998 de la Digital Millenium Copyright Act (DMCA), en Estados Unidos se estableció el pago de licencias especiales a las emisoras de radio a través de Internet. Mientras que las de radio convencionales pagan una «tarifa plana», las que lo hacen en Internet pagan según su rendimiento, esto es, según el número de usuarios que tienen.

Esto supuso un problema real para muchas emisoras (y, por extensión, a todos los usuarios del resto del mundo), que no podían hacer frente al increíble coste de las nuevas licencias para poder emitir legalmente las canciones que antes distribuían vía streaming. Pandora fue una de las más afectadas y pronto limitó sus actividades a IPs estadounidenses.

A pesar de las protestas de muchas empresas, que se manifestaron a través de la web SaveNetRadio.org, el gobierno de ese país ha seguido forzando este tipo de cambios en el pago de licencias. Hoy en día, hay ciertas modificaciones que benefician a las emisoras más pequeñas, con menor número de usuarios concurrentes; pero, las importantes parecen tener un futuro más comprometido.

Superando las barreras de la industria

Últimamente, estamos viendo cómo ciertos servicios web imponen restricciones al tipo de IPs que pueden acceder a sus prestaciones. Ya comentábamos que Pandora, una de las leyendas en cuanto a servicios de radio, ha sido particularmente clara en dicha actitud y no permite escuchar sus emisoras a nadie que no disponga de IPs estadounidenses.

Lo mismo ocurre con otros servicios de vídeo, como Hulu, que también hace uso de esas limitaciones para cumplir con los requisitos de las grandes productoras y cadenas televisivas con las que ha llegado a acuerdos de distribución. Como muchos sabréis, los rangos de IP se conceden en base a regiones y zonas geográficas, y los servicios pueden habilitar o no el acceso a los usuarios con tan solo revisar la IP de la petición de origen.

No obstante, hay servicios que precisamente están orientados a superar esas barreras. Uno de los más extendidos es el que ofrece AnchorFree con su aplicación Hotspot Shield (http://hotspotshield.com). Gracias a ella, podremos acceder a una red privada virtual (VPN) que, entre otras, cosas se encarga de ocultar la procedencia de nuestras peticiones. De hecho, una vez esté funcionando, podremos acceder a servicios como Pandora o Hulu, aunque se añada un pequeño retardo a cada una de las operaciones de carga de páginas que realizamos.

Servicios de radio streaming analizados

* Jamendo

* Last.fm

* Pandora

* Rockola.fm

* Spotify

* Yes.fm

La opinión de PC Actual: nunca tuvimos la música tan cerca

Tras el análisis de estos servicios, que son solo una muestra representativa de los más populares, parece evidente que estamos ante una oferta inigualable a la hora de escuchar a través de Internet nuestra música preferida de forma gratuita.

Y no solo eso, los servicios están luchando por un mercado tan competitivo que las ventajas para los usuarios son muchas, con sistemas de recomendación que permiten descubrir y redescubrir a numerosos artistas y grupos musicales.

Vocación social

En la mayoría de los casos, los servicios analizados cuentan con un fuerte componente social. La presencia de las emisoras de radio con mayor o menor potencia a la hora de configurarlas y parametrizarlas se ve acompañada de esa vocación por tratar de que disfrutemos de estos servicios y, además, que los compartamos con nuestros amigos y conocidos, ya sean reales o virtuales.

Last.fm es probablemente el ejemplo más importante en este sentido, y su comunidad de usuarios no solo es fuente de posibles contactos de interés, sino que es el propio origen del sistema de recomendación que tan bien les ha funcionado y al que lamentablemente ahora quieren sacar partido a través de una modificación de su modelo comercial.

Curiosamente, no todas las soluciones analizadas aprovechan el potencial del componente social. Pandora y Spotify son ejemplos de esa actitud, y parece que en ambos casos sus responsables prefieren centrarse en lo que mejor saben hacer para olvidar un poco el apartado de comunidad.

Puede que sea una equivocación, pero no hay muestras de que eso les esté perjudicando. De hecho, en Spotify se han ido generando comunidades paralelas que están dedicadas a la creación de las famosas listas de reproducción que podemos enlazar directamente con el cliente de Spotify.

Cambios en la industria

Aunque en muchos apartados estamos sufriendo los embates de la industria audiovisual, parece que poco a poco se están imponiendo nuevas filosofías en la venta y distribución de contenidos de audio y vídeo en Internet. Estas emisoras de radio vía streaming a través de Internet son un perfecto ejemplo de ello, y en todos los casos se apuesta por llegar a acuerdos comerciales con las discográficas y artistas para que los usuarios puedan disfrutar de la música y, si están interesados, comprarla para disfrutar de sus melodías preferidas cuándo, cómo y dónde lo deseen.

Así pues, nos enfrentamos a una serie de servicios que probablemente están marcando un punto de inflexión en este segmento. Nos ha gustado especialmente Spotify, un desarrollo que, a pesar de depender de un cliente instalado en el PC o portátil, es el ejemplo de potencia, versatilidad y buena ejecución a la hora de disfrutar de la música vía streaming de audio. Su catálogo es asombroso y sus prestaciones lo hacen más recomendable que el que había sido probablemente líder indiscutible de este segmento: Last.fm.

Este servicio sigue manteniendo sus valores, pero su vertiente comercial puede suponer un problema para muchos usuarios. El resto de contendientes se sitúan en una línea muy similar y no hay claros ganadores ni perdedores, aunque sí es importante destacar el notable papel de alternativas españolas como Yes.fm o Rockola.fm, sin dejar de olvidar a un legendario aunque restrictivo Pandora y a la propuesta más liberadora del mercado, Jamendo.

Lo mejor: Calidad y versatilidad

La oportunidad de escuchar todo tipo de música de forma gratuita y libre a través de Internet se ve aún más reforzada por el hecho de que en muchos casos estos servicios nos descubren nuevos artistas y canciones que no conocíamos.

Lo peor: Evolución prometedora

No hemos encontrado grandes puntos en contra de estos desarrollos, ya que las limitaciones en temas como el catálogo de música española o la ausencia de comunidades de usuarios con las que interactuar están siempre resueltas de forma más que aceptable en otras propuestas. Combinar unas y otras resulta muy recomendable si se quiere sacar todo el jugo a estos servicios.

Temas Relacionados