¿Es un teléfono o una cámara?

La miniaturización de los sensores fotográficos y las crecientes demandas de funcionalidades en los teléfonos móviles han originado la aparición de dispositivos con avanzadas capacidades fotográficas que se asemejan extraordinariamente a las cámaras digitales ultracompactas

¿Es un teléfono o una cámara?

21 junio 2008

Hace poco más de seis años los teléfonos móviles que incorporaban cámara de fotos eran una novedad absoluta y auténtico objeto de deseo, a pesar de la nefasta calidad de las imágenes capturadas. Bien es cierto que el destino de aquellas pequeñas fotos era su envío a través de mensajes multimedia MMS, de unos pocos kilobytes, y que la capacidad de almacenamiento de los terminales era realmente escasa. Así, la baja calidad de las instantáneas obtenidas se encontraba acorde con la tecnología del resto del conjunto.

 

Con el paso de los años, los teléfonos móviles han ido incorporando una buena cantidad de tecnologías heredadas de aparatos más complejos, transcendiendo de su origen como dispositivo de comunicación hasta convertirse en un ingenio que reúne en un solo elemento todos aquellos gadgets que normalmente ocupaban varios bolsillos de nuestras prendas. No cabe duda de que gran parte de este vertiginoso desarrollo se debe a la necesidad de hacer que los usuarios sientan que sus terminales quedan anticuados en poco tiempo, incitándoles así a renovar su teléfono y generando un ciclo de movimiento del mercado constante. Pero no es menos cierto que este rápido avance nos permite contar con versátiles y potentes herramientas multifuncionales en cualquier bolsillo.

 

La cámara siempre encima

Nos encontramos en un punto en el que los teléfonos móviles cuentan con sistemas de almacenamiento masivo capaces de guardar grandes cantidades de información, procesadores razonablemente rápidos, aptos para mover con soltura archivos grandes, y, sobre todo, con sensores fotográficos de una calidad suficiente como para tomar en serio las instantáneas que captan. La práctica totalidad de teléfonos móviles actuales cuentan, al menos, con una cámara, pero son pocos los que pueden presumir de tutearse con las cámaras de fotos ultracompactas. Estos terminales despliegan funciones propias de la fotografía, como distintos sistemas de medición de luz, ajuste de blancos, flash e, incluso, zoom óptico, autofocus o estabilizador de imagen.

 

Para un aficionado a la fotografía es una bendición contar siempre con una cámara a mano, pero no resulta menos atractivo para cualquier usuario que desee congelar momentos de su vida sin tener que contar con dos dispositivos distintos. Con todo, por bueno que sea el concepto, de poco sirve la teoría si las imágenes capturadas no tienen la calidad suficiente como para ser tomadas en serio y, lamentablemente, los teléfonos móviles todavía se enfrentan a una serie de limitaciones inherentes a su  naturaleza que restringen mucho sus capacidades fotográficas.

 

El lastre del tamaño

Generalmente, se considera como algo positivo que un teléfono móvil tenga un tamaño pequeño, ya que así resulta más portable y menos molesto. Sin embargo, esta miniaturización, aplicada a los móviles concebidos como híbridos entre teléfono y cámara, suele tener como consecuencia una menor calidad final de imagen por motivos relacionados con el sensor y con la lente.

 

Un sensor fotográfico es básicamente un panel de celdas sensibles a la luz (fotodiodos) que convierten a ésta en una señal eléctrica de acuerdo a la cantidad lumínica que reciben. Cuanto más pequeño es el sensor (y los móviles utilizan los sensores más pequeños), más próximas están unas celdas de otras y más se contaminan las celdas anexas. Es decir, que si una celda está recibiendo una alta cantidad de luz, el mayor voltaje de ésta afectará de forma residual a sus aledañas generando aberraciones en la imagen que normalmente se conocen como ruido. Por el contrario, cuanto mayor sea el tamaño de cada celda menor será la contaminación que genere en sus contiguas y, por tanto, la calidad será mayor. Este problema se evidencia aún más a altas sensibilidades o en escenas oscuras, donde el voltaje del sensor aumenta para captar más luz.

 

El otro factor que sufre los efectos de la miniaturización es la lente. Dada su proximidad al sensor, ésta tiene que desviar los rayos de luz en un ángulo muy abierto, haciendo que estos no incidan en el sensor de forma perpendicular y generando, como consecuencia, una imagen de calidad poco uniforme, siendo habitualmente más oscura en los bordes que en el centro. Además la simplicidad de las ópticas de las cámaras de la mayoría de teléfonos móviles genera aberraciones cromáticas y de proporción notable, limitando su uso a situaciones donde estos fallos se evidencian menos.

 

Por último, resulta muy complicado introducir elementos ópticos complejos como zoom ópticos o lentes con autoenfoque en un espacio tan reducido como son los apenas quince o veinte milímetros que suele tener el grosor de un móvil. Estos elementos son móviles, ya que funcionan mediante el acercamiento o alejamiento de distintas lentes para variar el plano focal de la imagen, y requieren además motores que los desplacen hacia adelante y atrás. Necesitan, pues, un espacio considerable para alojarse con comodidad, además de tener una construcción considerablemente mayor que las lentes simples.

 

La élite de los móviles fotográficos

Afortunadamente, los teléfonos con que contamos para esta comparativa, si bien están sujetos en mayor o menor medida a estas limitaciones, son los que mejor representan las grandes ventajas de contar con una cámara de verdad en nuestro inseparable móvil. Disponen de procesadores capaces de trabajar con imágenes de hasta cinco megapíxeles en un tiempo muy razonable, integran lentes de buena calidad, tienen flashes que pueden ayudarnos a salir de algún aprieto en algunas condiciones y determinadas opciones de control de la imagen propias de cualquier cámara ultracompacta del mercado. Obviamente, no podremos hacer un uso totalmente manual de la cámara, pero sí podremos resolver con dignidad la mayoría de las situaciones de uso común y obtener fotografías que, por fin, pueden rivalizar con las «cámaras convencionales».

 

El banco de pruebas

Para comprobar la calidad fotográfica de estos dispositivos los hemos sometido a una serie de tests que repoducen situaciones contidianas. Hemos puesto especial énfasis en la calidad del ajuste automático de blancos, en el detalle de las fotos en modo macro y en el nivel de ruido generado en escenas con iluminación leve. También hemos analizado la potencia de los flashes y, finalmente, la velocidad de los sistemas de autofocus.

 

Grabación de vídeo

Todos estos móviles son capaces de grabar vídeo y, como consecuencia de las buenas ópticas con las que cuentan, lo hacen notablemente bien. Eso sí, es importante tener en cuenta qué queremos grabar y dónde vamos a publicar el vídeo, ya que, dependiendo de esto, tendremos que configurar las características de grabación de una forma u otra.

 

Si el destino va a ser una página tipo YouTube no es necesario utilizar una resolución muy alta. Algunos terminales son capaces de grabar incluso en formato PAL, y configurar la grabación a una resolución superior al destino sólo logrará que tengamos que reducir el tamaño en un paso posterior. Si, por el contrario, queremos ver el vídeo en una televisión o en un ordenador a pantalla completa, deberemos seleccionar el mayor tamaño posible y con la mejor calidad de imagen.

 

Si deseamos grabar algún acontecimiento deportivo o a nuestro gato saltando de mueble en mueble, sería aconsejable registrar una alta tasa de fotogramas por segundo. El tamaño del archivo será mayor, pero el movimiento quedará mejor reflejado. Por último, algunos teléfonos permiten comprimir los vídeos al vuelo. Esto es muy útil porque los archivos ocuparán menos, pero cuidado con la pérdida de calidad de imagen.

 

Adáptate lo mejor que puedas a tu cámara

Existen ciertos trucos para sacar el máximo provecho de una cámara de móvil minimizando sus defectos en la medida de lo posible. Son consejos aplicables a cualquier cámara compacta, pero que cobran mayor importancia en un dispositivo de esta naturaleza.

 

Usa sólo el zoom óptico y muévete: de hecho el término «zoom digital» es incorrecto y debería sustituirse por «ampliación digital», ya que consiste en aumentar una zona de la imagen mediante un proceso digital con la consiguiente pérdida de calidad. El zoom óptico, por el contrario, cambia el plano focal en el que se genera la imagen. Esto tiene como consecuencia un alejamiento o acercamiento de lo mostrado, además de otras consecuencias ópticas como aplanamientos o deformaciones que bien aprovechadas pueden ser beneficiosas.

 

Por tanto, es recomendable alejarse dos pasos del sujeto fotografiado y utilizar el teleobjetivo para hacer retratos. De este modo, las caras aparecen más geométricamente correctas y el fondo más difuminado, centrando la atención sobre el retratado. Para paisajes, es recomendable utilizar el gran angular: los defectos geométricos no se evidencian tanto y la toma se asemeja a lo que percibe nuestro campo visual. Podemos hacer un uso creativo del teleobjetivo y del gran angular. Así, si queremos realizar una foto de detalle, podemos utilizar el teleobjetivo si pretendemos que la imagen sea fiel a lo fotografiado o podemos usar el gran angular si deseamos acentuar la perspectiva.

 

Procura realizar las tomas en lugares bien iluminados: cuanto mejor sea la luz del entorno, menos se tendrá que esforzar el sensor y mayor será la calidad de la imagen.

 

No te fies de la pantalla: si no estás seguro de haber enfocado bien, o si crees que la foto ha salido movida, haz otra aunque al revisar la toma en la pantalla la veas bien. La resolución de la pantalla de los móviles no es lo suficientemente alta como para mostrar ese tipo de defectos y te llevarás una desagradable sorpresa al verla en el ordenador.

 

La opinión de PC Actual

La ventaja de tener en un mismo aparato dos dispositivos distintos pero con la misma vocación portable cuaja entre los fabricantes, que han desarrollado productos que resuelven bien su doble faceta.

 

Aunque suene a tópico, es increíble comprobar el tremendo avance que han vivido tanto la telefonía móvil como la fotografía digital en apenas cinco o seis años. Entonces era inconcebible la existencia de dispositivos tan capaces como los de ahora, y mucho menos imaginar que los dos mundos pudieran cohabitar en un mismo cuerpo de forma tan natural. A pesar de los problemas propios de la fotografía asociada a dispositivos tan pequeños, la gran mayoría de terminales de esta comparativa han demostrado que es perfectamente viable usar un móvil como cámara fotográfica portable. Evidentemente, no puede compararse la calidad de las instantáneas tomadas con las una cámara fotográfica de gama media, pero sí con ultracompactas de tamaño similar al de estos «combis».

 

Si bien todos los teléfonos analizados (algunos de ellos ya habían pasado por nuestro Laboratorio, por cierto) comparten ciertas características, son las diferencias entre unos y otros los que deben servir para decidirse por un modelo u otro. Todos tienen los mismos sistemas de conectividad, por Bluetooth y USB, todos tienen radio, todos graban vídeo... Pero hay grandes diferencias de tamaño entre ellos, además de contar cada uno de ellos con características bien diferenciadas.

 

En el lado más fotográfico tenemos, haciendo gala de su zoom óptico, al Samsung SGH S800, con la mejor y más completa cámara de toda la comparativa y un precio muy atractivo. Como contrapartida, su óptica hace de éste un móvil considerablemente voluminoso, además de no estar al mismo nivel como teléfono que como cámara. En calidad de imagen le seguiría el Sony Ericsson k850i que, a pesar de tener una cámara de calidad espectacular, falla rotundamente en su construcción. Aun así es recomendable por su versatilidad.

 

Tendríamos después el impresionante Nokia N95 8GB que hace absolutamente de todo. Su cámara es fantástica y sólo le faltan un par de detalles para ser insuperable… lástima su tamaño (y precio).

 

No menos destacable es el elegante LG Viewty, un ejemplo de diseño estético, funcional y de interfaz al servicio del usuario. Su enorme pantalla táctil sirve para que podamos movernos con comodidad por el teléfono, incluyendo su notable cámara fotográfica. También nos ha gustado mucho el Sony Ericsson c902, con un tamaño compacto y un diseño muy estético que encierra todo lo que necesitamos en un teléfono. Su cámara, sin ser sobresaliente, funciona perfectamente y puede suplir a cualquier ultracompacta.

 

Por último, no sale tan bien parado el Motorola Z8, lleno de buenas ideas pero mal llevadas a cabo. Tiene un diseño interesante que se queda en algo anecdótico a los pocos minutos y no destaca en ninguna faceta. Y como cámara es, definitivamente, el peor de los aquí presentes.

 

Lo mejor

El zoom óptico del Samsung SGH S800 es sorprendente. Destacan la calidad de las imágenes capturadas por el Sony Ericsson k850i, el Nokia N95 y el propio Samsung. Nos ha encantado la pantalla táctil del LG Viewty y el compacto pero robusto diseño del Sony Ericsson c902. Lo cierto es que es un placer descubrir cómo podemos fiarnos de la calidad fotográfica de la cámara de un teléfono móvil.

 

Lo peor

No hemos encontrado un producto absolutamente redondo. Los que mejor calidad fotográfica ofrecen o son demasiado grandes o fallan como teléfono. Destacamos en el aspecto negativo la innecesariamente compleja interfaz del Motorola Z8 y la frágil construcción del Sony Ericcson k850i.

 

Modelos analizados

 

* LG Viewtyhttp://www.pc-actual.com/productos/producto/2008/06/02/LG-Viewty

 

* Motorola Z8http://www.pc-actual.com/productos/producto/2008/06/05/Motorola-Z8

 

* Nokia N95 8Gbyteshttp://www.pc-actual.com/productos/producto/2008/06/08/Nokia-N95-8Gbytes

 

* Samsung SGH S-800http://www.pc-actual.com/productos/producto/2008/06/12/Samsung-SGH-S-800

 

* Sony Ericsson c902: http://www.pc-actual.com/productos/producto/2008/06/16/Sony-Ericsson-c902

 

* Sony Ericsson k850i: http://www.pc-actual.com/productos/producto/2008/06/19/Sony-Ericsson-k850i