¿Qué televisor me compro?

Todo esto de la tecnología está muy bien, ya sabemos cómo funcionan los televisores planos más vendidos, los de tecnología plasma y los LCD. Incluso conocemos algo del futuro y de las características que van a tener las TV que tendremos en las tiendas mañana pero, si quiero comprar un televisor ahora, ¿cuál elijo?

¿Qué televisor me compro?

7 septiembre 2007

Lo cierto es que el desarrollo tanto de los LCD y los plasma y la aparición de alternativas tan interesantes como los proyectores hacen que la respuesta sea el proverbial «depende». Pero no desesperéis, vamos a ver qué factores influyen en la compra de un televisor de pantalla plana y cómo valorarlos en nuestro caso.
A la hora de elegir un televisor, como por otro lado sucede en general con cualquier dispositivo electrónico, es necesario comprobar que las características de lo que vamos a comprar cubren las necesidades que tenemos. Ya hemos visto las posibilidades y características en general de los televisores de pantalla plana y ahora es el momento de analizar sus puntos fuertes y débiles en detalle. En primer lugar es necesario tener en cuenta todos los parámetros que van a intervenir en la decisión de compra de un televisor u otro y veremos paso a paso qué prestaciones ofrecen las pantallas LCD y de plasma en cada caso.
Hay que apuntar que existen muchos mitos o informaciones erróneas al respecto de las características de uno y otro, en algunos casos por la difusión de información mal interpretada, y en otros porque la tecnología en ambas pantallas ha evolucionado y solucionado algunos de los problemas que presentaba al principio. De hecho se puede decir que, con el tiempo, la decisión entre LCD o plasma se ha complicado, y mucho.
Brillo, contraste y calidad de las zonas oscuras
Uno de los factores importantes a la hora de disfrutar de un televisor de buena calidad es la respuesta de la pantalla en cuanto a brillo y contraste. No hay que olvidar que en nuestro televisor vamos a ver todo tipo de programas que ofrecerán todo tipo de gamas de luminosidad en la imagen. Es decir, que en la misma pantalla podremos disfrutar de un documental sobre Egipto, en el que abundarán escenas con mucha luz, pero también de películas de cine negro en las que las tomas estarán menos iluminadas. Precisamente para que la visualización de este tipo de contenidos sea perfecta, tenemos que procurar que el televisor que compremos tenga una buena relación de contraste. Este término establece la proporción de luminosidad que existe entre puntos iluminados y puntos oscuros. Cuanto mayor sea la relación de contraste mayor será la escala de luminosidad que tendremos a disposición y podremos, por ejemplo, distinguir colores oscuros sobre fondos oscuros.
El brillo, por su parte, mide la luminosidad máxima de los puntos de la pantalla. Normalmente se expresa en cd/ m2 es decir, candelas por metro cuadrado. La tecnología de fabricación de las pantallas influye, en este caso, tanto en el brillo como en el contraste. En el caso de las pantallas de plasma, la propia tecnología de fabricación, en la práctica miles de pequeñas lámparas de colores, favorece tanto la intensidad de brillo como el contraste. Es habitual encontrar televisores de plasma con una luminosidad de 1200 cd/m2 y relaciones de contraste de hasta 10.000:1.
Por su parte, los televisores basados en paneles LCD cuentan para iluminar la pantalla con una luz trasera que atraviesa el cristal líquido, con lo que tanto el brillo como el contraste se ven penalizados. Una cifra típica para el brillo de estas pantallas sería de 450 cd/m2 mientras que la relación de contraste no suele superar el 5.000:1 (aunque Sharp ya anuncia la disponibilidad de televisores LCD con relación de contraste de hasta 1.000.000:1).
Con respecto a la calidad de las zonas oscuras, la técnica de fabricación también entra en juego. Las zonas negras en el caso del plasma se crean «apagando» los píxeles correspondientes, mientras que en el caso del LCD es necesario enmascarar la luz trasera haciendo rotar las moléculas de cristal líquido para conseguirlo. El resultado son unas zonas negras más convincentes para el plasma. Por tanto, a primera vista los televisores de plasma ganan por goleada en brillo, contraste y zonas negras, pero lo cierto es que esto sólo es cierto en condiciones ideales. En habitaciones iluminadas, los LCD recuperan mucho terreno por el tipo de cristal antirreflectante que utilizan, lo que les permite ofrecer buenos niveles de contraste sin tener que competir con la iluminación ambiente.
Por otro lado, los principales fabricantes, tanto de televisores LCD como de plasma, aplican distintas soluciones técnicas para mejorar estas características. En particular, los televisores LCD más punteros ofrecen soluciones de alta tecnología para mejorar brillo, contraste y zonas oscuras. Por todo ello es bueno no confiar al cien por cien en las características que proporciona el fabricante y lo mejor es ver cómo funciona el televisor que nos interesa en condiciones reales. Así que lo ideal es acudir a un establecimiento especializado y observar el comportamiento de las pantallas en las que estemos interesados en una zona con una iluminación, si es posible, lo más parecida a la que va a haber en el lugar en el que instalemos el televisor (luz natural, luz artificial directa o indirecta...).
Además es conveniente pedir al vendedor que ponga en los televisores imágenes con brillo e imágenes oscuras para poder comprobar la eficacia del contraste. Lo ideal sería poder ver el comportamiento de los televisores que nos interesan uno junto a otro y con los controles de brillo y contraste ajustados de la forma más parecida posible. Se trata de una de las características más importantes del televisor que vamos a comprar, así que dejemos que sea nuestro ojo, y no las características técnicas, el que tome la decisión final.
Calidad de los colores y frecuencia de refresco
Existen otras características propias de la pantalla que son muy importantes para tomar la decisión de compra de un televisor plano. Una de ellas es la calidad del color. No se trata de un parámetro que sea directamente medible, al contrario que el brillo o la relación de contraste, pero es necesario tener en cuenta algunas consideraciones que pueden ser de utilidad.
La más importante es, como en el caso anterior, el funcionamiento de ambas tecnologías. Para reproducir el color, las pantallas de plasma combinan la luz emitida por tres píxeles (rojo, verde y azul) mientras que la reproducción de color de una pantalla LCD se realiza por sustracción, por filtrado de la luz blanca que se encuentra detrás del panel. Esto se traduce en una gama de color más extensa y unos tonos más saturados en el caso de las pantallas de plasma. Una vez más las apariencias engañan, y aunque es cierto que las pantallas de plasma obtienen todavía mejores resultados que las LCD en cuanto a reproducción del color, lo cierto es que la tecnología ha estrechado el margen. Además, tal y como hemos visto para el brillo y el contraste, los colores vivos que puede ofrecer una pantalla de plasma los disfrutaremos siempre que consigamos una luz ambiente lo suficientemente tenue. Eso hace que en condiciones normales de iluminación los colores de una pantalla LCD puedan competir con los de una TV de plasma. Una vez más, la mejor forma de comprobarlo es verlo en directo.
Otro elemento importante que podemos encontrar rebuscando entre las características técnicas es la frecuencia de refresco de la pantalla. Se trata del tiempo mínimo, medido en milisegundos, que tardan los píxeles o puntos de la pantalla en encenderse y apagarse. Esta característica repercute, entre otras cosas, en la calidad con la que se representan las escenas de acción o los eventos deportivos, ya que si los puntos del televisor no responden con la debida rapidez se produce un efecto de rastro en la pantalla. Se considera aceptable que el tiempo de respuesta sea de 15 milisegundos o inferior. Los televisores de plasma, una vez más gracias a las características de la tecnología que utilizan, pueden presumir de frecuencias de refresco por debajo de los 5 milisegundos. Tradicionalmente, en los paneles LCD el tiempo de respuesta era mucho más alto y se manejaban cifras en torno a los 15 milisegundos.
Sin embargo, hoy en día la tecnología ha cambiado estas cifras radicalmente y, a menos que recurramos a marcas realmente «sospechosas», podemos encontrar televisores LCD con frecuencias de respuesta de 8 milisegundos o inferiores, o incluso en televisores de gama alta la frecuencia ronda los 3 milisegundos. Si no estamos seguros de que el televisor que vamos a adquirir tenga la respuesta necesaria, podemos poner a prueba esta característica simplemente visualizando en pantalla escenas de acción rápidas.
Ángulo de visión y consumo
Otro punto a considerar es el ángulo de visión de las distintas pantallas. Este término se refiere al ángulo, medido en grados, del área en la que nos podemos sentar frente al televisor sin pérdida de calidad de la imagen. Es decir, mide la zona de visionado ideal. Los televisores con tecnología de plasma pueden presumir en este punto, ya que ofrecen ángulos de visión superiores a los 160 grados, gracias a que cada uno de sus puntos emite luz. Esto viene a querer decir que es posible ver la imagen desde cualquier ángulo sin pérdida de calidad.
La tecnología utilizada por los LCD, en cambio, penaliza esta característica, ya que la luz es filtrada por el cristal líquido y por lo tanto es más difícil que abarque un ángulo amplio. Los paneles LCD más antiguos pueden reducir este ángulo de visión hasta los 90 grados, lo que puede ser un inconveniente para disfrutar de los programas con un número alto de personas. Sin embargo, mediante lámparas especiales y una nueva tecnología en materiales de sustrato, los LCD están alcanzando a los televisores de plasma en este apartado, por lo menos en lo que se refiere a las marcas punteras. En algunos casos los fabricantes de LCD presumen de ángulos de visión que en la práctica permiten ver la imagen hasta ciertos límites pero con una pérdida considerable de la calidad. También en este caso, pues, es muy recomendable la prueba en la tienda y comprobar cómo se ve la imagen cuando no nos colocamos frente a la pantalla sino de lado a ésta.
En lo que respecta al consumo, los televisores de plasma y LCD gastan de media de forma parecida, aunque en circunstancias normales los LCD sean más ahorradores que los de plasma. Por ejemplo, si el televisor está representando escenas oscuras, los elementos de un televisor de plasma estarán apagados, mientras que la luz trasera de la pantalla LCD siempre está encendida. Por el contrario, en escenas fuertemente iluminadas los televisores de plasma gastan una energía considerablemente mayor que los de LCD.
Longevidad y defectos
Una de las preocupaciones más importantes cuando se escoge un televisor es la duración de la pantalla. No en vano se trata de uno de los aparatos electrónicos a los que más uso vamos a dar en nuestra casa, por lo que el tema de la longevidad de la pantalla y cómo va evolucionado la calidad de la imagen según pasa el tiempo no es un asunto trivial.
En este caso la tecnología de fabricación también influye en esta característica. En el caso de las pantallas LCD, los elementos que componen la imagen no emiten luz mientras que los elementos de las pantallas de plasma sí que lo hacen. Esto provoca que sea más complicado conseguir que se mantenga la intensidad de luz para este tipo de televisores. Las pantallas de plasma menos avanzadas ven decrecer su nivel de luminosidad a la mitad alcanzadas las 30.000 horas. Otros fabricantes, a través de sistemas especiales y técnicas de conservación de los elementos de emisión, consiguen hasta 60.000 horas de duración. Las pantallas LCD típicas alcanzan esas 60.000 horas, mientras que las más avanzadas pueden superar las 80.000 horas. Hay que considerar que esas 60.000 horas corresponden a ver la televisión las 24 horas durante unos siete años, por lo que en realidad con un uso normal podríamos estar hablando de unos 20 años. Para hacernos una idea, un televisor de tubo de rayos catódicos podía durar unas 25.000 horas antes de deteriorarse. Los efectos de este deterioro son distintos en los dos casos. Las pantallas de plasma pierden el brillo individualmente, con lo que se pierde brillo y calidad de color. En el caso del LCD el componente que se deteriora es la lámpara que proporciona luz trasera, con lo que es el brillo el que se ve afectado.
Si necesitamos que nuestro LCD o plasma dure mucho tiempo porque le vamos a dar un uso constante, es conveniente que busquemos marcas de confianza que garanticen que los componentes utilizados tengan una durabilidad muy alta: en el caso de las pantallas de plasma para asegurarnos que los píxeles individuales puedan soportar ese uso; en el caso del LCD para que la lámpara que proporciona luz trasera tenga buena calidad. Algunas marcas como Sharp permiten incluso que la lámpara pueda ser sustituida, lo que multiplicaría la durabilidad del televisor. La mayoría de las marcas, sin embargo, incorporan la lámpara al circuito y su sustitución es mucho más laboriosa. En ambos casos la duración de la pantalla dependerá también de los ajustes de la misma, si mantenemos el brillo el mínimo necesario nos aseguraremos una mayor vida de la pantalla.
Además de la pérdida de brillo o de la calidad del color, al comprador de pantallas planas también le preocupan la aparición de otros defectos. En el caso de las pantallas de plasma, sobre todo en los primeros tiempos tras la aparición de esta tecnología, se presentaban problemas de Burn in, es decir, de quemado de aquellos puntos en pantalla que permanecieran demasiado tiempo encendidos. Por ello, al principio se consideraba que las pantallas de plasma no podían ser utilizadas para aplicaciones con imágenes estáticas. Y es cierto que la tecnología de plasma, al colocar una especie de pequeñas lámparas de fósforo por cada punto de la pantalla, puede sufrir este problema. Sin embargo, los avances en la composición del gas que hace que se iluminen los puntos en la pantalla y otras tecnologías han reducido este problema drásticamente. En cualquier caso, si nuestro televisor va a mostrar muchas imágenes estáticas, la mejor elección es un LCD, que no sufre del potencial problema de quemado de puntos.
Precio, instalación, tamaño y peso
Casi vamos a terminar con las primeras preguntas que uno debe hacerse cuando piensa en adquirir un televisor plano: ¿cuánto me quiero gastar? ¿qué tamaño necesito? Sobre el precio del televisor siempre dependerá del tamaño y de la marca que escojamos. Sobre el primer punto, hay que tener en cuenta que los televisores de plasma de gran tamaño siguen teniendo, a igualdad de calidad, unos precios más competitivos.
En cambio, los LCD son la opción más racional si estamos hablando de pantallas de 40 pulgadas o menos. Así pues, el primer paso a dar es calcular qué tamaño de pantalla vamos a necesitar para poder disfrutar correctamente de la televisión en nuestro salón o la habitación donde lo vayamos a instalar. Para calcular la distancia ideal consulta la tabla correspondiente en estas mismas páginas. Por cierto, ten en cuenta que, en el caso de que el televisor que adquieras sea Full HD puedes disminuir la distancia de visionado, pues el aumento de resolución hará que no veas la trama.
En cuanto al tamaño y al peso, los televisores LCD cobran una ligera ventaja al ofrecer pantallas más delgadas y ligeras que su contrapartida de plasma. En realidad la diferencia de profundidad no suele pasar de los dos centímetros, con lo que no es un factor decisivo. La diferencia de peso es algo más importante y esto se traduce simplemente en que habrá que estar más atentos al transportarlo y si queremos colgar el televisor de la pared.
Y el ganador es...
Como se puede desprender de lo expuesto en este artículo no se pueden declarar claros ganadores entre LCD o plasma a la hora de escoger un televisor con pantalla plana. En cada caso, y sobre todo si tenemos necesidades especiales, es bueno consultar la documentación técnica, pero sobre todo es indispensable tener la posibilidad de ver los modelos que nos interesan funcionando, si es posible uno junto a otro y en las mismas condiciones para apreciar las diferencias.
Aunque podemos sentirnos tentados por las gangas, es recomendable mantenernos siempre dentro de las marcas más conocidas, que nos ofrecerán no sólo una mejor imagen gracias a las tecnologías aplicadas sino mayor fiabilidad.
Proyectores y retroproyectores, una alternativa real
Los televisores de pantalla plana no tienen el monopolio del Home Cinema, ya que no son los únicos capaces de ofrecer una imagen de alta calidad y un tamaño de área de visualización amplio. En el mercado existen dos alternativas que pueden resultar interesantes según nuestras necesidades. La primera es la de los proyectores. Se trata de aparatos parecidos al clásico proyector de diapositivas pero que son capaces de proyectar señales de vídeo. Existen muchos
tipos y hay muchos fabricantes de televisores, como Sony o Nec, que tienen sus propios modelos adaptados a la proyección de películas o programas de televisión.
Otras marcas más enfocadas al mercado de accesorios informáticos también ofrecen sus modelos, pero hay que fijarse en las características no vaya a ser que estemos adquiriendo un proyector apto para presentaciones y no para televisión. Los proyectores tienen la gran ventaja de que el tamaño de pantalla que pueden alcanzar es muy grande comparado con el precio. Se trata de una solución ideal si queremos disfrutar de una pantalla de más de 50 pulgadas por un precio razonable. Eso sí, necesitaremos una habitación que permita colocar el proyector a una buena distancia de la pared. Por contra, la calidad de imagen es menor y depende de la superficie sobre la que proyectemos. Además, al ser imágenes proyectadas, el brillo no es alto y para mejorar la calidad de imagen tendremos que oscurecer la estancia (aunque los proyectores actuales han mejorado mucho en este aspecto).
La otra alternativa son los retroproyectores, televisores que en su interior contienen un proyector y una pantalla sobre la que se presenta la imagen. También tienen una relación precio/tamaño de pantalla muy interesante. Sin embargo, su tamaño es bastante mayor que un televisor plano de sus mismas características.
Distancia de instalación de pantallas planas
La distancia ideal se calcula sólo en términos de calidad, ya que si nos colocamos demasiado cerca del televisor veremos la trama de la imagen. La regla más extendida es la de colocar el televisor a una distancia del espectador que corresponde aproximadamente al doble de la diagonal de la pantalla. Asimismo, esta distancia no debe superar cinco veces la diagonal de la pantalla.
¿Full HD o no Full HD?
Sobre la pregunta del millón, si comprar o no un televisor Full HD (es decir, capaz de representar 1.080 líneas) la respuesta vuelve a ser «depende». Los precios de estos aparatos son muy altos, pues su volumen de ventas es aún escaso y las emisiones de televisión de alta definición pueden tardar aún unos años. Sólo en el caso de que tengamos un presupuesto amplio y queramos disfrutar de películas en HD DVD o Blu-ray Disc, de los juegos de consolas de alta definición o de nuestro PC podemos considerar esa opción. Un repaso a los siguientes artículos dedicados a la alta definición puede acabar por aclarar vuestras dudas.