No tiene nada que ver el tráfico con que dé dinero

Para Jesús Encinar, fundador y presidente de Idealista.com, nada tiene que ver el tráfico de visitas a una página con la monetización de los servicios o los contenidos que ofrece. Según Encinar, la gente sólo paga en Internet para solucionar un problema, por algo que necesita de manera inmediata o porque no puede conseguirlo de otra manera

No tiene nada que ver el tráfico con que dé dinero

14 julio 2009

LA CONVERGENCIA EN LAS TIC

(Curso de verano de la UPM/Asimelec, La Granja, JUL09)

Cuando empecé hace diez años a buscar dinero para montar mi web, o estábamos todos calvos o con siete pelucas. Ahora tenemos una infraestructura (Idealista.com, 11870.com, Rockola.fm…) que emplea a 350 personas y factura conjuntamente 20 millones de euros.

Lo que está claro es que ha habido una explosión de contenidos generados por el usuario que están modificando las reglas del negocio. Una explosión masiva e incluso excesiva, en YouTube se suben 20 horas de vídeo al minuto. Y el valor del contenido está tendiendo a cero.

¿Cómo destacar en esta globalización, en este mar de archivos digitalizados? La primera impresión puede ser un tanto derrotista: no hay tiempo para asimilar tanta información. Es el fin de los viejos monopolios de los editores y distribuidores de noticias. De hecho, todo lo que está ahora en papel acabará en Internet.

Se ha pasado sin solución de continuidad de una Web semántica a la Web social. «Viejas estrellas» como Yahoo! y MSN caen en sus gráficas de tráfico y audiencia, comidas por la explosión de supernovas como YouTube y Facebook. La obsesión de los SEO por indexar sus páginas arriba en Google y Alexa no significa necesariamente ingresos en la misma proporción. Tuenti tiene una gran comunidad de usuarios, el quinto destino español más visitado, y apenas tiene páginas indexadas en Google (son más las que hablan de ella que las producidas por los chicos de Zaryn Denzel).

Lo cual demuestra que no tiene nada que ver el tráfico de visitantes con dar dinero. Lo más visto no es siempre lo mismo que lo que uno pagaría por ver. Este es un fallo que se repite a menudo: «Tengo una página que genera mucho tráfico, luego, ¿cómo hago para ganar dinero con ella?». Cuando la pregunta debería ser al revés: «Haz una página para ganar dinero, y luego dale tráfico».

Está claro que la gente sólo paga por lo que no tiene más remedio. Cuando te duelen las muelas es cuando te acuerdas de ir al dentista y lo que quieres es que te quite el dolor ya. Lo necesitas ahora. Sin embargo, hay un curioso ejemplo que ilustra que siempre estamos dispuestos a pagar por algo intangible.

Estando de viaje por la India, me chocó que en muchas mezquitas y templos de oración, a la entrada, había dos paneles: en los de la izquierda, la gente podía dejar libremente su calzado; en los de la derecha, había que pagar una rupia (una miseria, 0,015 céntimos de euro); sin embargo, en la parte de la gratuita sólo había sandalias y chanclas, mientras que en la derecha eran todo zapatillas Reebok o zapatos Gucci.

Es muy difícil que alguien te robe en la India, pero por si acaso, todos los turistas y muchos del lugar dejábamos nuestro calzado en la zona «de pago», porque pensamos que estarán más protegidas y cuidadas (después igual podremos pensar que precisamente es de ahí de donde las robaría alguien, si no el mismo que las vigila...).

Esto quiere decir que hay que saber identificar qué es por lo que la gente estaría dispuesta a pagar algo. Una única rupia te puede dejar más tranquilo, porque tus botas de trekking son más apetecibles que una babuchas raídas. Hay otra viñeta que ejemplifica este concepto: es un parque con hierba fresca donde los felices antílopes entran gratis y pueden pastar todo lo que quieran; al otro lado de la verja, se cobra la entrada a 20 euros a una familia de leones relamiéndose dispuesta a pasar un buen rato… Nosotros no cobramos a los particulares por poner sus anuncios de compraventa de pisos en nuestra web, pero sí cobramos a las inmobiliarias por lo mismo.

Algunos consejos de cosecha propia

La clave es a menudo la interfaz. Si quieres que tu sitio sea utilizado por 20 millones de personas, tiene que ser tan sencillo como para que el menos experto se entere y pueda navegar sin frustrarse. Por eso hay que poner sólo lo imprescindible. Debemos tener siempre más presente qué es lo que podemos quitar, no tanto qué nueva funcionalidad se puede añadir.

Se trata de ir al grano. El porno es un buen ejemplo de cómo no hay que andarse con rodeos. Y tiene que estar todo a tres clics de manera natural. El diseño invisible, anónimo y neutro, es el mejor. Nadie se pregunta cómo funciona un grifo, gira la llave y espera ver salir el agua. Por tanto, lo importante es una idea sencilla y clara que se pueda repetir por millones.

Otra idea importante es la de descomponer los procesos en múltiples pequeños pasos. Cuando estás bajo un tremendo aguacero, la visibilidad de los carteles indicadores disminuye: sólo te interesa la mínima información relevante y poder verlo muy grande en la pantalla, al primer golpe de vista.

Otra cuestión es la del hosting. Para nosotros era un gasto fijo que nos suponía un millón de euros en máquinas y servidores. Ahora lo hemos transformado en un coste variable, y sólo pagamos 1.000 euros al mes por el hospedaje en una empresa especializada.

También los costes de producir una página han cambiado mucho; hoy día, se ven anuncios que por 50 euros te hacen una. El de Facebook me dijo que hacer su web le había costado 200 euros y que tardó seis meses en amortizarlos.

En todas las revoluciones hay que saber distinguir lo que es presente de lo que será el futuro. En los periódicos de la época, cuando un ilustrador imaginaba el ferrocarril del futuro, dibujaba una diligencia con esteroides, no podía caber en su cabeza los trenes bala de alta velocidad.

Pero a su vez, todas tienen en común que se han producido por una confluencia de circunstancias y tecnologías varias. El acero que costaba 40 euros por viga pudo llegar a fabricarse a 20 céntimos al encontrar en los caminos de hierro a un cliente masivo que demandaba gran cantidad de materia prima. Y todo ello supuso el nacimiento y desarrollo del telégrafo y las telecomunicaciones, de la conquista de nuevos territorios del lejano Oeste, del movimiento de mercancías y población.

Por tanto, para concluir, mi recomendación es la de siempre: hay que estar atentos. Es en la confluencia de varias tecnologías y usos donde hay algo que hacer, donde se puede encontrar una oportunidad de negocio.

Resumen de la ponencia de Jesús Encinar (fundador y presidente de Idealista.com)