Todos somos Frikipedistas

Aprovechamos estos meses vacacionales para recopilar las contribuciones a PCA de uno de los indiscutibles amos de la blogosfera hispana: con ustedes, la dosis diaria de Javier Candeira, uno de los principales artífices de Barrapunto

Todos somos Frikipedistas

9 septiembre 2008

LÓGICA DISCRETA (#202, DIC2007)

La reciente confirmación de la sentencia en el caso Frikipedia representa inseguridad jurídica para los sitios de internet con comentarios públicos, al margen de incentivar la autocensura previa. Pero sobre todo, es un ataque frontal al anonimato

Llamar «mafioso» a alguien es una expresión retórica, pero a Vicente Herrera le ha costado 600 euros de pago de reparación al honor, más otros 1.700 y pico de pago de las costas de los abogados contrarios. El honor herido, según la sentencia, era el de la SGAE y Pedro Farré, a quienes la enciclopedia humorística Frikipedia calificó de mafiosos, retocando una foto del señor con un parche en el ojo y un loro en el hombro (justicia poética para alguien que rutinariamente tacha de piratas a un gran número de ciudadanos). Vicente Herrera no era el autor de la sátira, pero, al ser administrador de la página donde se albergaba, le ha tocado pagar el... loro.

La sentencia es problemática por lo que supone para la libertad de expresión en todos los ámbitos, tanto en los tradicionales como en el entorno digital y colaborativo de Internet. Resulta difícil considerar que falta al honor quien hace una caricatura de un personaje público. Porque se podrá discutir si Pedro Farré es pirata o no, o si la SGAE es mafiosa o no lo es, pero lo que es indudable es que el señor Farré es un personaje público como los satirizados en El Jueves o en Las noticias del guiñol.

El Jueves tiene que apuntar más alto (a la familia real, con su legislación ad hoc) para que les empuren. Tratándose Frikipedia de un sitio modesto, es un blanco más fácil. Podría pensarse que han ido por Frikipedia porque no podían ir contra los cientos de miles de ciudadanos que, a diario y en los bares, dicen las mismas palabras que estaban escritas en Frikipedia. Pero hay más.

Golpear a Frikipedia es algo más que un acto de despecho cruel: la sentencia de hoy nos afecta a todos, y afecta a todos los sitios que aceptan comentarios de usuarios anónimos. La sentencia es un pequeño paso más en el acoso y derribo al anonimato en Internet: a las alarmas sociales del terrorismo, la piratería y la pedofilia se une ahora la del las faltas contra el honor.

El derecho al anonimato no es uno de los derechos en la Carta de las Naciones Unidas. Es un derecho moderno, que sin embargo algunas jurisprudencias han estudiado y reconocido. En 1965, el Tribunal Supremo de los EE UU describía el anonimato como «un escudo contra la tiranía» y un arma para «proteger individuos impopulares de la venganza». Según esta sentencia, la expresión anónima es una herramienta fundamental de la democracia, algo esperable en una cultura política forjada en la literatura de panfletos pseudónimos.

Al señor Farré le gustaría destruir esta herramienta, y en más de una ocasión lo ha manifestado públicamente delante de ministros de diversos ramos. La idea es que, si toda comunicación en Internet está asociada a un DNI, será más fácil rastrear quién comparte qué ficheros con quién. Si estos ficheros son de música grabada, la SGAE podrá cobrarles su tributo, esa especie de impuesto privado que han conseguido hacer entronizar en ley. Y por esas treinta monedas de plata están dispuestos a cargarse todos los pilares fundamentales de una sociedad civil libre que haga falta.

Y todo por un chascarrillo en una web humorística. ¿Que harían en la SGAE si la Real Academia les llamara mafiosos? ¿Empurarían a Victor García de la Concha? Porque los artículos del diccionario no van firmados, y en la tercera acepción de mafia está claro: «f. Grupo organizado que trata de defender sus intereses.» O sea, la SGAE. Lo mismo a la RAE le toca pagar otros 600 euros.