Venturas y desventuras de la TDT en España

A pocos meses de cumplirse el plazo para el anunciado «apagón analógico» de las emisiones de televisión en España, aún hay luces y sombras sobre su efectiva implantación. ¿Será interactiva? ¿Proliferarán canales piratas en analógico para surtir de lecturas de tarot y porno de la época del destape las ondas herzianas?

Venturas y desventuras de la TDT en España

18 febrero 2010

LA OPINIÓN DEL EXPERTO
No es malo, de vez en cuando, pararnos a recordar lo que nos proponíamos cuando empezamos un nuevo proyecto y ver lo que hemos logrado y lo que nos falta para alcanzar los objetivos que todavía no hemos cumplido. En el caso del proyecto de implantación de la TDT en España, se conjugan la planificación y la imprevisión, el orden y el caos, mezclados de una forma tan armoniosa que resulta típicamente española y que hoy día impide ver con claridad dónde estaremos, incluso a corto plazo.

En el lado de los logros alcanzados están el nivel de cobertura y la penetración de la TDT en los hogares españoles. En efecto, desde que comenzaron las emisiones de nuevos canales de TDT en abierto, con el reparto previo de las frecuencias que en su día pertenecieron a Quiero, la TDT se ha desarrollado en España de una forma muy rápida, mucho más que en los países de nuestro entorno, como el Reino Unido, Italia o Francia. La cobertura de las señales de los canales nacionales, regionales y locales es hoy una de las mayores del mundo. Asimismo, el número de hogares habilitados para recibir la TDT es muy grande (más del 70%), y permite ver con optimismo el final de las emisiones de TV analógica en los próximos meses.

En el lado de los objetivos no cumplidos, hay que mencionar en primer lugar el caos de las emisiones analógicas piratas. Es casi un hecho ridículo que en aquellas ciudades, como Zaragoza, donde ya se ha producido el apagado analógico, persisten intocadas las señales de canales analógicos piratas, emitiendo sus programas de tarot, sus loterías y sus contenidos de adultos en abierto, al margen de las leyes nacionales y de las directivas europeas y totalmente inmunes a la aplicación de la Justicia.

Otro hecho singular de nuestra TDT y que causa asombro, es la falta de información y planificación en lo que respecta a la asignación de las frecuencias a las cadenas tras el apagado analógico. A pocos meses de producirse éste, nadie sabe cuáles serán estos nuevos canales, ni cuándo se van a repartir. En estas condiciones es imposible prever cuándo y cómo se producirá el lanzamiento de la alta definición, una de las grandes promesas de la TDT, o cómo se va a desarrollar la TDT de pago. Como resultado de la falta de un marco predecible, la industria nacional encuentra grandes dificultades para el desarrollo de nuevos productos alrededor de estos servicios, frenando las inversiones y perdiendo oportunidades de ventaja competitiva a nivel internacional.

La interactividad es, sin duda, el mayor de los objetivos inalcanzados por la incipiente TDT. En este caso, el problema tiene raíces más profundas y globales, y su origen está en la elección de un estándar técnico desafortunado. Sin embargo, la previsible aparición de los modelos de TV híbridos que combinan la TDT y la TV on-line permiten adivinar un brillante futuro a estos nuevos servicios. Por ello, la Administración y la Industria deberían adelantarse y establecer estándares de facto que aceleren la implantación, esta vez sí, de este tipo de servicios, estandarizando aplicaciones compatibles con el mayor número posible de receptores del mercado.
Por Fernando Ruano Puente, director general de Secuenzia

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