Un verano para el diálogo y el buen talante

Que no se pasen todo el día enganchados a la consola o tirados en el sofa viendo los canales de la TDT o chateando a través de la mensajería instantánea o tan dependientes del móvil no es fácil de evitar. Pero peor es hacer un conflicto permanente su uso

Un verano para el diálogo y el buen talante

17 julio 2009

LA OPINIÓN DEL EXPERTO

Durante las últimas semanas las preguntas más frecuentes que me hacen los padres se refieren a lo que tienen que hacer sus hijos durante las vacaciones. Porque los chavales asumen que verano y ordenador es lo mismo. No quieren que se pasen todo el día con la maquinita, pero no saben cómo evitarlo.

Lo cierto es que esto se puede conseguir por las buenas o por las malas. Por las buenas es negociando con los chavales el tipo de actividades que van a realizar durante estos meses de calor. Los padres propondremos algunas cosas, los hijos otras, probablemente totalmente diferentes y, luego, habrá que hallar un punto de encuentro entre ambas posturas.

En cualquier caso lo mejor es llegar a un acuerdo, porque por las malas es bastante mas desagradable y crea mal ambiente. Lo cierto es que los chicos, por muy buenas notas que hayan sacado, no pueden pasarse todo el día tumbados en el sofá con la consola, viendo la TDT o enganchados al ordenador.

Tienen que disfrutar de lo que les gusta, que generalmente es lo tecnológico. Pero también han de realizar otras actividades, aprovechar para desengrasar ese anquilosado cuerpo que se supone que ha pasado muchas horas del curso pasado sin hacer demasiado ejercicio.

Ahora es el momento de cambiar la actividad cotidiana, hacer algo interesante y pasar el tiempo con la familia y los amigos. No olvidemos que tener tiempo libre es muy saldable, pero siempre que lo utilicemos adecuadamente.

Debemos controlar que no se pasen todo el día haciendo actividades que no llevan a ningún sitio. Esta bien que entren en el Messenger un rato para chatear con los amigos, pero un rato puede ser media hora o una hora, y no más. El resto del tiempo deben ocuparlo en leer, salir a la calle, ir a la piscina, a la playa o cualquier actividad que les permita comunicarse con otras personas, disfrutar de su compañía y crecer como seres humanos. Y evidentemente, con la play como principal aliado no se logra nada de todo esto.

No obstante también hay que saber sacar el lado positivo de los juegos y la tecnología en general. Hay muchos videojuegos que nos ayudas a aprender, porque son constructivos y nos enseñan cosas sobre arte, ciencia o cualquier otra materia que enriquezca al ser humano o sirva de repaso del curso pasado. Y también los que nos permiten practicar inglés o cualquier otro idioma. Pero siempre, por supuesto con moderación.

Los videojuegos son lo que más engancha

La falta de acuerdo y criterio común de los padres a la hora de educar a sus hijos provoca, en infinidad de ocasiones, que el hijo o la hija se decida a meterse en su habitación a jugar con el ordenador, para no sufrir situaciones estresantes. Porque, haga lo que haga, no va a satisfacer a uno de sus dos progenitores. O tiene un amigo que sus padres sí le dejan hacer todo lo que quiere y más…

Ante esta situación opta por la PlayStation, el Messenger, Internet o los videojuegos, Y son precisamente estos últimos los que más enganchan. Hay muchos chavales que se pasan todo el fin de semana encerrados con el videojuego de moda. Evitan así situaciones incómodas con el resto de la familia y, de paso, se lo pasan de miedo.

Claro que esta adicción no afecta sólo a jóvenes y adolescentes sino también a los adultos. El problema es que a estos adultos les resulta aún mucho más difícil reconocer esta situación. Aunque en el caso de los adultos, el enganche no suele venir por los videojuegos en concreto, sino por otras actividades relacionadas con los espacios virtuales, tales como Second Life.

No es raro que éstos se pasen 60 horas semanales enganchados, con lo que dejan de lado otras actividades y obligaciones. El trabajo se resiente, porque no se le presta la atención adecuada. Algo que también ocurre con la familia, donde se dejan las responsabilidades familiares, tanto de pareja como de padre o madre, para el otro cónyuge.

Pero eso no significa que haya que demonizar el uso de las nuevas tecnologías. Más bien todo lo contrario. Hay que promoverlas, pero en su justa medida. Se trata de evitar llegar a sentir las sensaciones que experimentan los adictos a las nuevas tecnologías, que suelen ser muy parecidas a las de otro tipo de drogas: un placer enorme momentáneo que se convierte en un infierno cuando no pueden acceder a esa tecnología.

Por Ana Gamar, periodista y colaboradora de Adicciones Digitales