Colin McRae: DiRT 2, a caballo entre el arcade y la simulación

Esta segunda entrega de la saga DiRT sigue la misma senda de su predecesora, por lo que ningún jugón debe esperar encontrarse un título de pilotaje de rallies puro en el que prime la simulación

Juan Carlos López Revilla

16 junio 2010

DiRT 2 ofrece una experiencia esencialmente arcade con ciertas opciones de personalización y configuración de la mecánica, por lo que se sitúa a medio camino entre la simulación y la conducción arcade. Esta filosofía quizás no convenza del todo a los fans del realismo absoluto, pero acerca el título a un espectro mayor de jugadores. Y es que tenemos a nuestra disposición nada menos que 7 tipos de vehículos y circuitos de lo más variado dispersos por los cinco continentes.

El apartado gráfico de DiRT 2 es una gozada. El modelado de los vehículos, las texturas aplicadas a la superficie del suelo, las deformaciones ocasionadas por los impactos, la iluminación… Todo ha sido cuidado con un detalle obsesivo. Un diez para Codemasters en este apartado. El rugido de los motores y el apartado sonoro en general también son muy convincentes.

Y los menús derrochan dinamismo, aunque en ocasiones pueden resultar un poco tediosos si lo que queremos es ponernos a los mandos de nuestro vehículo lo antes posible. En cualquier caso, lo más importante de todo es que la experiencia que ofrece la conducción es fantástica al margen de su componente arcade, por lo que este título es uno de los mejores juegos de competición sobre cuatro ruedas disponibles en esta generación.

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